CULTURA
Algo personal
Por Mario Mazzitelli
Tres países colonialistas y uno en proceso de re-colonización disputan el campeonato del mundo en 2026. Vos ¿Por quién hinchas?
Me llueven mensajes como estos: “No se le puede hacer el juego a la derecha hinchando por Argentina”, “La gente se distrae en el mundial mientras nos llevan a la miseria”, “Si Argentina sale campeón se fortalece Milei”, “Los jugadores son super ricos y se identifican con la derecha”, “No quisieron hablar con el presidente de Argentina (Alberto Fernández) y lo llenaron de sonrisas al criminal presidente de los EEUU (Donald Trump)”, etc.
Qué situación la mía!! Soy futbolero. Me encanta el futbol. Hincha de Independiente, de Morón y la Selección Nacional. No estoy saliendo del ropero. Todos me conocen. Miro los partidos y grito los goles. Pero siento ese repiqueteo que me interroga ¿Cómo voy a legitimar este espectáculo organizado por uno de los conjuntos mafiosos más importantes del mundo y con los jugadores mejor pagos de la historia? No obstante el conocimiento de la situación, sigo gritando los goles. Y, alrededor de mi casa (en Villa Luzuriaga, La Matanza) siento que mis vecinos también gritan los goles, los coches tocan sus bocinas, la pirotecnia se hace sentir, en fin. Además, veo por todos lados el festejo de mucha (pero mucha) gente.
Me quedo pensando sobre mis propias contradicciones.
Voy a aportar algunos comentarios polémicos. Muy lejos de pretender que estoy diciendo verdades. No. Son apenas un reflejo del entrelazado entre las emociones, la racionalidad y la política.
Empiezo por esto último. Siendo muy joven, un dirigente mayor me dijo algo así: “Pibe, tenés que saber que la alegría es revolucionaria. La tristeza, en cambio, es conservadora.” Claro que no se puede tomar esta frase como un apotegma. No es una verdad revelada. Pero hay algo de eso. Cuando nos abraza un desconsuelo, nuestra energía decae. En cambio, el jolgorio nos enciende, nos da potencia, nos despierta el deseo de ir por más. Entonces, si algo le genera alegría al pueblo ¿De qué lado debería estar?
Sobre la racionalidad, debo señalar que el fútbol es el más irracional de los deportes. Bastaría recordar a Jorge Luis Borges. Al ver disputar a 22 tipos por un solo balón, preguntó: ¿Por qué no le dan una pelota a cada uno y se acaban los problemas? Podríamos agregar otras: ¿Por qué solo se puede manejar el balón con las partes del cuerpo menos adaptadas para tal fin; el pie, la cabeza, el pecho, etc.? ¿Por qué habilitar a un arquero a usar sus manos para impedir lo más emocionante del juego que es el gol? ¿Cómo un partido puede tener a 22 atletas, matándose durante una hora y media; y terminar 0 a 0? Etc. Etc.
En torno a las emociones ¿Qué decir?
– ¿Algún argentino no grito los goles de Maradona a los ingleses en 1986? Quien los ve hoy ¿No los sigue disfrutando?
– El 25 de enero de 1978, se definía el torneo entre Independiente y Talleres de Córdoba. Plena dictadura. Probablemente el árbitro Roberto Barreiro sintiera la presión del gobernador (general Luciano Benjamín Menéndez) que ansiaba un título para su provincia. Independiente no solo se sintió perjudicado por la convalidación de los dos goles de la T, por parte del referí, sino que fue sancionado con la expulsión de 3 jugadores. Quedaron 8 contra 11, perdiendo 2 a 1, de visitante. Sucedió lo imposible. Bertoni, Biondi, Bochini, flotaron la lámpara y nos dieron uno de los goles épicos y más gritados por los hinchas de Independiente.
– Otra. ¿Y cuando el pájaro Caniggia, tras el pase de Maradona, le hace el gol del triunfo a Brasil en 1990? Nada más injusto. Brasil nos había superado con claridad. Ése fue otro gol que me hizo explotar. Le grite a esa magia que nos acompaña a los argentinos, y aún me emociona. Sí, aunque presumo ser un tipo que usa la razón para analizar la realidad, debo reconocer que mucho antes me mueven los sentimientos, las emociones, las pasiones. Esas cosas de la vida. ¡Qué tipo simple soy!
– Ahora, ya grande, grité los tres goles contra Egipto. Etc. Incorregible.
1978. Hay pruebas suficientes sobre mi conducta de oposición al golpe de Estado de 1976 y mi militancia constante contra esa dictadura. Tanto en la defensa de los Derechos Humanos como en la oposición a su propuesta económica (re-primarización de la economía, la ciencia, la tecnología, la educación y la infraestructura argentina, para reducirnos a una impotente neo-colonia. Propuesta retomada una y otra vez hasta la actualidad) Recuerdo también que al terminar el mundial del 78, viaje con una delegación, al “XI Festival Mundial de las Juventudes” en la Habana, Cuba. No obstante mi posición política, aquel domingo 25 de junio festejé el triunfo de la selección nacional. Salí a la calle, vi a mis vecinos, fui hasta la estación de Haedo, subí al tren Sarmiento y caminé desde Once hasta el centro. Todo era una fiesta. Mientras tanto, en el subsuelo seguían existiendo los centros clandestinos de detención, torturas y muerte. En esa dualidad, los que festejábamos ¿Estábamos convalidando a la dictadura? ¿No sabíamos distinguir entre una cosa y otra? En absoluto. Esta subestimación a la inteligencia de nuestro pueblo, siempre me pareció un tanto elitista. ¿El pueblo confundiría el resultado de un campeonato de futbol (que le generaba una gran alegría) con la acción de un gobierno (que le ocasionaría grandes daños irreparables a la mayoría de la población)? No. No comparto esa visión. El pueblo ganó la calle, aunque tan solo fuera para festejar y no hubiera detrás de él un proyecto político que unificara la movilización. Si fuera cierto que el pueblo confunde estos dos hechos, en 1987, tras el campeonato mundial en México 86, habría ganado el oficialismo, pero ganó la oposición. Y en 2023 hubiera sido igual, dado el triunfo en Qatar 22, y volvió aganar la oposición.
Nuestros futbolistas. Es cierto, son jóvenes consagrados, con mucho dinero. Sienten que lo merecen, por ser quienes son, y eso los vuelca un tanto a la derecha. ¿Son ideales? Claro que no. ¿Hay alguien ideal en este terruño? Creo que nadie es ideal. Somos seres reales. Estos pibes ganan plata a paladas, en el exterior. No es dinero que sale del país. Les pagan por participar en un circo atractivo para las masas. Pero no digo ni circo ni masas en forma despectiva. Eligieron representar a su pueblo. Y había que ver a las multitudes en las calles en 2022 para saber cuánto lo estaban representando. No son ellos responsables de las miserias e incapacidades de muestras elites gobernantes. Les gusta jugar al futbol. Se esfuerzan. Conozco gente que, con una décima parte del dinero de alguno de estos muchachos, estaría “todo el día tirado en la catrera”.
“¡Soy del pueblo, pueblo soy, y adonde me lleve el pueblo voy!” Esto dice una canción popular latinoamericana. No es mi caso. No voy siempre detrás de la opinión mayoritaria. No. Diría que la mayor parte de mi vida la viví como una suerte de paria. Discriminado por entender que el socialismo reúne el conjunto de ideas y principios más convenientes para el desarrollo material, espiritual y moral del Pueblo y la Nación. Eso me marginó bastante. Hoy, es distinto. Ahora voy a acompañar a esa mayoría (a la que el fútbol le brinda un poco de alegría, que otros le roban)
Tenemos que enfrentar a Inglaterra. No confundo a estos jugadores con la tradición colonialista e imperialista de su país. No podría decir que son piratas con patentes de Corso, que roban y matan por riqueza. No son responsables de las invasiones de 1806 y 1807. Tampoco del endeudamiento externo que sirvió y sirve para dominar y despojar a la Argentina. Ni de la prepotencia para meterse en los ríos de la Plata y Paraná, desconociendo nuestra soberanía. No son ellos los militares que vinieron a matar a nuestros soldados en Malvinas. Ni están comprometidos con la ocupación y el atraco de nuestros bienes naturales en el Mar Argentino. No son los responsables de un sistema financiero diseñado para saquear a las periferias. Ni son los que presionaron al infame Luis “Toto” Caputo para que llevara el oro de los argentinos (custodiado en las bóvedas del BCRA en Buenos Aires) a Londres. Ni firmaron los pactos humillantes de Madrid (de nuestro lado, eso lo hicieron Carlos Menem y Domingo Cavallo) Estos ingleses son apenas jugadores de futbol, técnicos, entrenadores, etc. Un equipo bien armado, dinàmico y competitivo. Esas características los han traído hasta las semifinales. No los culpo del país al que representan. No obstante, frente a ellos, voy a alentar de corazón al equipo argentino.
Cuando llegue el siguiente partido, contra España o Francia, también estaremos enfrentando a antiguas potencias coloniales; que, en gran medida, mantienen intacta su soberbia y actitud supremacista. También, frente a cualquiera de ellas, voy a apoyar a la selección argentina. Para esos momentos cercanos, cargo con una sensación en la piel. Me dice que miles de millones de seres humanos humillados, vilipendiados, robados y marginados en el mundo, también van a hinchar por Argentina. Porque la memoria de los pueblos no es tonta. Es que, a pesar de todas las contradicciones, las luces y las sombras, no dejamos de ser el sur explotado que se rebela frente a la supremacía de norte. No será Justicia. Seguramente. Pero qué lindo sería ganarles otra vez.