ECONOMÍA

La IA que prometía cambiar el mundo, podría estar inflando una burbuja financiera

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Las grandes tecnológicas concentran el 25% del S&P 500 mientras el 95% de las inversiones en IA no reporta retorno. Los fantasmas de las punto com regresan.

Desde el espacio se puede ver. En Indiana y Ohio, campos de cultivo se convirtieron en menos de un año en parques industriales masivos, repletos de edificios rectangulares que albergan miles de servidores trabajando sin pausa. Es la cara física de la revolución de la inteligencia artificial: una infraestructura que consume 500 megavatios de electricidad por campus y que, para finales de esta década, demandará más energía que dos ciudades del tamaño de Atlanta. El gasto global cerró 2025 cerca de los 375.000 millones de dólares y se proyecta que en 2026 supere el medio billón.

Detrás de esa magnitud física hay una pregunta que los mercados ya no pueden ignorar: ¿se está inflando una burbuja?

«El rasgo típico de una burbuja es cuando el precio de un activo se desconecta por completo de sus fundamentos. Y eso ya empieza a pasar con la inteligencia artificial.»

— Felipe Barragán, analista de Pepperstone

Las señales de alarma se acumulan

Según el equipo de estrategia global de J.P. Morgan, las acciones vinculadas a esta tecnologia explicaron el 75% de la rentabilidad total del S&P 500, el 80% del crecimiento de ganancias y el 90% del crecimiento de la inversión desde el lanzamiento de ChatGPT en 2022. Hoy, apenas siete compañías —Apple, Microsoft, Google, Amazon, Meta, Nvidia y Tesla, las llamadas «Siete Magníficas»— concentran prácticamente todas las ganancias del índice, que a su vez tiene a las grandes tecnológicas representando el 25% de su valor total.

El problema no es solo la concentración sino la rentabilidad. Un reporte del MIT de julio de 2025 encontró que el 95% de las inversiones analizadas no registró ningún retorno. Los optimistas responden que Uber y Lyft también perdieron miles de millones antes de ser rentables, y que la paciencia puede tener recompensa. Los escépticos, en cambio, señalan que el mercado está «priceando un futuro en el que todo sale bien», como advierte el analista Jorge Ángel Harker de Adcap Grupo Financiero: «Estamos en el punto donde la IA parece la respuesta a todos los problemas. Y ese día, cuando colectivamente descubramos que no lo es, es cuando la burbuja puede estallar».

El antecedente más citado: burbuja de las punto com

En aquella ocasión, la inversión tecnológica elevó el gasto del sector del 3% al 4,5% del PIB estadounidense en apenas cinco años antes del colapso. El patrón psicológico es reconocible: exceso de confianza, narrativa dominante y escasa paciencia. El inversor Michael Burry, quien anticipó la crisis de 2008, ya publicó advertencias apuntando contra Nvidia y Palantir, acusando a los grandes proveedores de infraestructura en la nube de usar contabilidad «agresiva» para inflar ganancias.

El Banco de la Reserva Federal de Richmond recuerda que, históricamente, el estallido de las burbujas de activos suele ir seguido de profundas recesiones: baja inflación, tipos de interés bajos y fuerte desempleo. Nadie sabe si la IA terminará siendo la revolución que promete o la próxima lección costosa de los mercados. Pero la historia financiera enseña algo con obstinada claridad: los futuros perfectos no existen.

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