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Los «privilegios» del ajuste: La esposa de Sturzenegger y un contrato millonario en Cancillería

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En medio del ajuste más severo de las últimas décadas, la noticia de una adjudicación de $114.044.133 por parte de la Cancillería a la Asociación Argentina de Cultura Inglesa (AACI) ha desatado una tormenta ética. El motivo: la Directora Ejecutiva de dicha entidad es María Josefina Rouillet, esposa del Ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger.

El tecnicismo vs. la ética

Desde el punto de vista legal, el Gobierno se defiende con el expediente. La contratación se realizó mediante una «Adjudicación Simple por Especialidad», argumentando que la AACI es la única prestadora capaz de garantizar la capacitación en inglés para 132 agentes del servicio exterior durante 2026.

  • El dato: Debido al vínculo matrimonial, se activó el protocolo de integridad (Decreto 202/2017), con intervención de la Oficina Anticorrupción y la SIGEN. Para el oficialismo, si pasó por la OA, «está todo en regla».

Una «Casta» con excelente inglés

La crítica no pasa por la legalidad del PDF, sino por la legitimidad política. Mientras Sturzenegger encabeza la «motosierra» sobre el empleo público, los fondos para discapacidad y la ciencia, la Cancillería firma un cheque millonario para la entidad que dirige su esposa.

  • Contratación Directa: El hecho de que no haya habido una licitación competitiva —buscando mejores precios en universidades públicas o plataformas híbridas— refuerza la idea de un «traje a medida».

  • Antecedentes: No es el primer beneficio que recibe Rouillet. Ya en 2021, bajo la gestión de Juntos por el Cambio en CABA, obtuvo fondos vía «Mecenazgo» para el centro cultural de la misma asociación (el British Art Centre).

El discurso herido

Sturzenegger suele hablar de la «Revolución Francesa» para explicar el fin de los privilegios heredados y la «meritocracia». Sin embargo, esta escena —plata pública, única oferta y vínculo familiar— parece sacada del manual de la vieja política que el Gobierno prometió destruir.

Que algo sea legal no lo vuelve automáticamente moral. En una Argentina donde se pide un sacrificio extremo a la clase media y a los jubilados, ver cómo el dinero de los impuestos termina en la fundación de «la mujer del ministro» no es una postal de austeridad; es, como mínimo, una falta de respeto a la sensibilidad social.

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