Educación

Traslado de Bastian a Mar del Plata: Emoción en el Hospital de Pinamar

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El jueves 15 de enero de 2026, mientras el AMBA colapsaba por falta de energía, en el Hospital de Pinamar se libraba otra batalla: el traslado de Bastian. El nene, atropellado el lunes en los médanos, fue derivado a Mar del Plata en estado «crítico pero estable». La imagen del día no fue el operativo policial, sino las lágrimas del Dr. Gabriel Formica, intensivista que sintetizó en un llanto el agotamiento de un equipo médico que ataja, con el cuerpo, lo que el control municipal no previene.

En un verano donde el discurso oficial se centra en el ajuste y la eficiencia, las lágrimas de un médico de un hospital público bonaerense exponen la verdadera cara de la gestión: el factor humano es lo único que impide que la tragedia sea total. Mientras el municipio de Pinamar recauda por turismo, es el hospital público el que absorbe los heridos de un modelo de «entretenimiento» que desprecia la vida del otro.

 

 

No estamos ante un hecho fortuito. El atropello de Bastian es el resultado de la anomia en la línea de costa. La frontera norte de Pinamar funciona como un territorio fuera de la ley donde la velocidad es un derecho y la seguridad ajena, una molestia. El hospital público termina siendo el «seguro de vida» de una actividad privada desregulada que, cada enero, llena las guardias de politraumatizados.

 

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