ECONOMÍA
El dilema de Asia: Crecimiento récord en un vecindario al borde del quiebre
La reciente seguidilla de cumbres bilaterales en Beijing y los ejercicios militares conjuntos entre Tokio y Seúl han puesto de manifiesto una realidad ineludible: Asia está rediseñando su propia arquitectura de poder.
Mientras Occidente se enreda en debates arancelarios y repliegues estratégicos, el bloque asiático acelera una autonomía que ya no pide permiso a Washington.
Sin embargo, este desplazamiento del centro de gravedad económico hacia el Pacífico no es un camino lineal ni exento de riesgos estructurales
Las grietas del modelo:
* La burbuja interna: Lejos de la imagen de invulnerabilidad, China enfrenta un 2026 marcado por la resaca de su crisis inmobiliaria y un consumo interno que no logra despegar. La necesidad de estímulos fiscales permanentes revela que el motor manufacturero ya no basta para sostener el contrato social del Partido Comunista.
* El «cerco» de aliados: El reciente acercamiento entre Tokio y Seúl —históricos rivales— responde más al miedo a la inestabilidad norcoreana y al expansionismo chino que a una identidad regional común. Japón ha iniciado 2026 reforzando su presupuesto de defensa, alineándose con la estrategia de «contención» que impulsa Donald Trump desde la Casa Blanca.
* Fricción tecnológica: La guerra por los semiconductores ha forzado a empresas surcoreanas y taiwanesas a diversificar sus plantas fuera de China, fragmentando las cadenas de suministro que antes eran integradas.
Análisis de escenario:
No estamos ante un «giro automático» hacia un nuevo hegemon, sino ante una transición multipolar violenta.
Como señala @ChuchoTrader, el capital es cobarde y hoy mira con recelo tanto la deuda estadounidense como la opacidad de los balances chinos.
Asia tiene los números, pero Occidente aún conserva las llaves del sistema financiero global y el poder de fuego tecnológico.
Conclusión:
Para Argentina, la apuesta no debería ser elegir un bando, sino entender que el mundo se está dividiendo en bloques defensivos.
El superávit comercial con China (que en noviembre de 2025 mostró señales de alerta por la caída en la demanda de commodities) convive con la dependencia financiera de los mercados occidentales.
El desafío no es «orientarse», sino evitar quedar atrapado en el fuego cruzado de una región que crece, pero que desconfía de sus propios vecinos.