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Polvorin en Iran: Sangre en las calles y un régimen que tiembla ante el colapso de su moneda

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Irán atraviesa su crisis más profunda desde 2022, atrapado entre un descalabro económico sin precedentes y una represión que ya no distingue entre «disturbios» y clamor popular. Tras 14 días de revueltas iniciadas por el desplome del 80% del valor del Rial, las protestas se extendieron a 180 ciudades. Mientras la oposición y ONGs como Amnistía Internacional denuncian una masacre con cifras que oscilan entre 116 y más de 500 muertos —incluyendo menores—, el Gobierno de Teherán responde con una puesta en escena de fortaleza en las calles y amenazas militares hacia el exterior.

El tablero de la confrontación:

  • Sospechas y represión: Activistas denuncian el uso de munición real y perdigones a corta distancia. El apagón de internet en 21 provincias busca ocultar lo que la oposición califica como una «matanza sistemática» en hospitales y centros de detención.

  • Contraofensiva oficialista: El régimen movilizó a miles de seguidores en marchas a favor del gobierno para «condenar el sabotaje extranjero». El Líder Supremo, Alí Jamenei, acusó directamente a EE.UU. de tener las manos «manchadas de sangre iraní».

  • Voces externas: * Donald Trump (EE.UU.): «Mejor que no empiecen a disparar, porque nosotros también empezaremos», advirtió el mandatario, asegurando que su país está listo para ayudar a los iraníes a alcanzar su libertad «como nunca antes».

    • Benjamín Netanyahu (Israel): Vaticinó que Israel e Irán volverán a ser «aliados leales» si cae la tiranía ayatolá, mientras eleva la alerta militar ante posibles represalias de Teherán.

Escenario operativo:

Es altamente probable que la magnitud del descontento fuerce un recambio de nombres dentro del Gabinete o incluso un giro en la conducción de la política económica para calmar la calle.
Sin embargo, el sistema monoteísta-teocrático no muestra fisuras estructurales en su núcleo de poder: las fuerzas de seguridad y la Guardia Revolucionaria mantienen su lealtad al Líder Supremo.
El régimen podría sacrificar piezas políticas para salvar el andamiaje religioso que sostiene la República Islámica desde 1979.

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