ECONOMÍA
La importación destruye a los cartoneros
En Argentina, unos 200.000 trabajadores (cartoneros, recicladores y cooperativas de base) sostienen un servicio esencial: recuperar materiales del descarte urbano, alimentario y comercial. Pero hoy enfrentan una doble crisis: por un lado, la baja del consumo interno; por otro, la apertura indiscriminada de importaciones de cartón y papel. El resultado: ingresan menos materiales útiles y los que recogen valen mucho menos.
📉 Qué está pasando
El kilo de cartón, que antes se pagaba alrededor de $300, hoy apenas alcanza los $100 o menos en muchas zonas: una caída de 70%. El consumo interno se hunde: con menos ventas de productos, hay menos cartón y papel descartados que puedan recuperar.
Al mismo tiempo, se habilitó la importación de residuos recuperables, cartón incluido, que ingresan a precios muy bajos, erosionando el mercado interno para los recicladores.
🧱 Impacto concreto
Las cooperativas locales cierran o reducen personal: en Santa Fe y otras provincias informan que una de cada tres dejó de operar. Trabajan más horas para ganar mucho menos: lo que antes alcanzaba para mantener una familia ahora exige capturar varios miles de kilos de cartón para lograr lo mismo que antes se lograba con menos.
La falsa idea de que la “libre importación” genera trabajo genuino se derrumba: en este caso la importación quita trabajo al mercado informal, deroga el rebusque histórico y deja a los cartoneros sin salida.
🔍 ¿Por qué la importación influye tanto?
Cuando una empresa puede importar rollos de cartón a bajo costo, reduce su demanda hacia el mercado local recuperado. Eso baja el precio que pagan a los recicladores, y al disminuir el consumo de bienes (menos compra, menos desecho), hay menos material para recuperar. Esa combinación reduce ingresos, estabilidad y opciones para quienes viven del cartoneo.
🛑 Una advertencia social
El oficio de cartonero ha sido reconocido legalmente en Argentina, parte de la economía popular es generador de reciclaje y cuidado ambiental. Pero hoy parece que ese reconocimiento no basta: sin precio justo, sin demanda y con competencia extranjera, desaparece el ingreso, y con él, se pierde una vía de inclusión laboral para sectores vulnerables.
La importación puede ser parte de una estrategia de apertura comercial, pero no puede ocurrir sin asegurar protección o transición para quienes trabajan en esos sectores. Porque si se permite que ingresen materiales baratos sin prever apoyo, capacitación o reconversión, se transforma en un golpe al trabajo popular.
Redacción: Marcos Peñaloza