CULTURA
Israel bombardea la Universidad Libanesa: dos académicos muertos y el fantasma del borrado cultural
El bombardeo perpetrado por Israel el 12 de marzo contra la Facultad de Ciencias de la Universidad Libanesa, en el campus de Hadath, marca un punto de inflexión sombrío en la escalada bélica actual. No se trata de un «daño colateral» en la periferia de Beirut; fue un ataque directo al corazón intelectual y científico de una nación.
La muerte confirmada del decano Dr. Hussein Bazzi y del eminente físico Dr. Murtada Srour representa una pérdida irreparable para la academia regional. Bajo la narrativa de la «neutralización de infraestructura enemiga», se silenció a dos de las mentes más brillantes del Líbano, transformando un centro de saber en escenario de muerte.
El presidente libanés Joseph Aoun calificó el ataque como «crimen de guerra». El Ministerio de Educación denunció violación flagrante del derecho internacional humanitario.
Lo más alarmante es el posible «borrado cultural» que acompaña la pérdida de vidas. Según denuncias de intelectuales libaneses circulando en redes sociales y medios locales, no verificadas por fuentes internacionales, el impacto habría destruido laboratorios de avanzada y archivos históricos que albergaban manuscritos litúrgicos árabes y siríacos, así como registros cartográficos antiguos del patrimonio cristiano en Oriente Medio. De confirmarse, no se habría eliminado solo papel, sino evidencia física de la convivencia multicultural milenaria en el Líbano. Atacar una universidad pública, el último refugio del pensamiento crítico en tiempos de guerra, evoca los fantasmas de la destrucción de la Biblioteca de Bagdad en 2003, donde la pólvora se impuso sobre la memoria.
Dr. Hussein Bazzi y Dr. Murtada Srour
El contexto agrava todo. El bombardeo ocurre en medio de la ofensiva israelí sobre el sur del Líbano que ya desplazó a más de 750.000 personas, intentando neutralizar el supuesto arsenal de Hezbollah antes de que sea utilizado en coordinación con Teherán.
La Universidad Libanesa es institución pública laica, no vinculada orgánicamente con Hezbollah. El mensaje implícito es brutal: si las universidades públicas son objetivos militares legítimos, entonces no hay espacio neutral en el Líbano. El ataque convierte cualquier centro educativo en blanco potencial.
La comunidad académica internacional aún no reacciona de forma masiva. Algunas voces aisladas denunciaron el ataque, pero no hay movilización comparable a otros casos de destrucción de patrimonio cultural. Sin condena firme de organismos internacionales, sin investigación independiente de la ONU sobre la destrucción de archivos académicos, el precedente queda establecido: las universidades en zona de guerra son prescindibles. Sin ciencia ni archivos, lo que queda es una geografía huérfana, más fácil de manipular y ocupar. El silencio cómplice de la comunidad internacional valida que el conocimiento también se puede bombardear.
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