Connect with us

OPINIÓN

El drama de las migraciones

volanta

Published

on

Por Osvaldo Tosco

La crónica diaria refleja, desde hace tiempo, y a un ritmo progresivamente acelerado, el drama humano de las migraciones masivas de personas que huyen de situaciones desfavorables en sus lugares de origen, escapando tras la quimera de sueños que, probablemente, sean difíciles de realizar en la dimensión que fueron pensados.
Los numerosos inmigrantes que desde África procuran las costas europeas constituyen la realidad inmediata en la agenda comunicacional, pero sin dudas no es la única.
Por millares, seres humanos sin destino en sus tierras son corridos por el hambre, la falta de oportunidades, la miseria perpetua, conflictos de todo tipo, y guerras, fuera de sus hogares, de su entorno habitual, de sus familias, de sus raíces.
En escala monumental, las oleadas humanas se adentran en el océano, caminan desiertos, se arriesgan a todo tipo de vicisitudes, cruzan cercas, escalan muros. Todos los riegos imaginables son asumidos en el deseo de modificar su sufrimiento, al alcanzar el refugio que permiten vislumbrar sociedades más desarrolladas.
Este proceso de expulsión de sus lugares de origen -y de atracción de otros espacios más beneficiados-, es permanente desde hace décadas pero ha alcanzado en los últimos años -y hasta meses o semanas-, un auge impensado. La marca española en el norte africano, Lampedusa isla italiana próxima a la costa norafricana, las islas del Egeo griego, han alcanzado la cobertura de noticias globales con imágenes que no eran las habituales. También por la cantidad de víctimas, mas de dos mil en 2014, sólo en ese espacio geográfico.
Desde zonas inestables a otras estables, zonas sin desarrollo a otras ricas, zonas inseguras a otras seguras; el ser humano se desplaza mas allá de su mundo conocido para adentrarse en otro que le es ajeno. Con el desarraigo inevitable, la pérdida literal de su identidad y hasta de su dignidad, para sobrevivir en una nueva oportunidad. Ocurre en Europa pero también en América, en África y en Asia.
Los muros se alzan una y otra vez en el intento de poner barreras físicas a la desesperación humana. Y es sabido, que los muros no detienen al hombre.
Tales migraciones, a escala internacional, también se replican al interior de los países, incluso de los desarrollados. En todo caso, el drama humano no difiere en su intensidad, tal vez los distinga la escala.
Las migraciones suponen además, serios desafíos a la seguridad internacional, sobretodo en los bordes de las zonas prósperas con las que no lo son. Y ciertamente los beneficiados son pocos, entre ellos el crimen transnacional. En todo caso, quienes huyen hacia un futuro mejor no lo hallan en general. En cambio, lo que se extiende es el concepto mismo de inestabilidad.
La situación se irá haciendo, progresivamente no sustentable, por muchos paliativos que la comunidad internacional intente. Si no existe un verdadero cambio de prioridades global, y se desanda el camino erróneo antes transitado para revertir situaciones marcadamente insostenibles, los efectos serán devastadores tanto para la economía como para la seguridad de todos, aun los más favorecidos.
Al interior de los estados, cuanto a la comunidad de estos, conviene fundamentalmente generar las condiciones para que tanto el desarrollo, cuanto la prosperidad, sean algo más equilibradamente distribuidas. Para que el mundo no se transforme en un espacio para la confrontación entre ganadores y perdedores sino en el ámbito de una empresa común, que se llama humanidad.
El consumismo, la banalidad, las murallas no serán, entonces, suficientes para detener la ola de pobres de toda pobreza en busca de una reivindicación a sus carencias.
No se trata de utopías, tampoco de altruismo, que puede no ser entendido por todos. Apenas de buen sentido, gobiernos aptos y de prioridades realistas y sensatas y la aplicación racional e inteligente de los recursos disponibles.

Advertisement

DÓLAR HOY

Dólar Blue
Cargando...
Compra: -
Oficial
Cargando...
Compra: -

Tendencias