OPINIÓN

Heroínas de Malvinas

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El 2 de abril, al conmemorar el Día del Veterano y los Caídos en la Guerra de Malvinas, hay una pregunta que nos deberíamos hacer: ¿participaron mujeres en la Guerra de Malvinas?

Hoy sabemos quiénes son algunas de ellas, y conocemos la historia de muchas otras que acompañaron las acciones desde el continente. De las primeras, muy pocas fueron reconocidas como veteranas de guerra. Su labor no ha trascendido, probablemente porque se trataba de enfermeras dedicadas a la atención y contención de los soldados.

Ellas fueron protagonistas desde el primer momento pero, como a otras voluntarias, no se les permitió estar en el frente de batalla. Solo fueron autorizadas para embarcar a bordo de buques hospitales y barcos mercantes que prestaban apoyo logístico, o participar en algún vuelo que transportaba insumos y heridos. El resto debió esperar a los heridos desde el continente.

Estos buques hospitales fueron el Bahía Paraíso y el Almirante Irízar y una de sus primeras tareas fue el rescate de los sobrevivientes del Crucero General Belgrano. Los últimos sobrevivientes fueron hallados 43 horas después de su hundimiento, con una sensación térmica que había promediado los 9 grados bajo cero, y a unos 100 kilómetros de distancia. Allí recogerían los últimos 18 tripulantes vivos.

En el Rompehielos Irízar embarcarían siete mujeres para completar su dotación; ellas eran instrumentistas quirúrgicas del Hospital Militar Central. A bordo, atenderían a casi un millar de heridos que provenían directamente del campo de batalla.

Entre las historias que nos relata Alicia Panero, autora del libro Mujeres Invisibles basado en las crónicas del doctor Eduardo C. Gerding, se encuentra el relato de Silvia Barrera que con sus 22 años cuenta lo difícil que fue cumplir sus tareas cuando el barco se movía por efecto de las olas. Otras, como Marta Lemme y Susana Maza recuerdan como pasaban del quirófano a la terapia o a post-cirugía. Iban de un lado al otro y en plena acción nadie pensaba, nadie se quejaba. La lista de enfermeras se completaba con Norma Navarro, Cecilia Ricchieri y María Angélica Sendes quienes también hicieron de camilleras y enfermeras.

En otros rincones del océano atlántico, la enfermera Doris West estuvo embarcada en el buque Mercante Formosa, de ELMA (Empresa Líneas Marítimas del Estado) desde el 24 de Abril de 1982. Ella cuenta como el 1° de mayo estaba en la enfermería preparando vacunas y medicamentos cuando escuchó el sonido de un avión que volaba a baja altura y luego un estruendo de hierros y el ruido de ametralladoras. Una bomba había caído en la bodega, pero por suerte no había detonado.

Doris recuerda a uno de los heridos que atendió, un chico de La Plata, que le pidió que llamara a su mamá y a su novia, y tuvo la suerte de volver a verlo tiempo después casado con la misma chica.

Historias como éstas se repiten en otros buques de la Marina Mercante por donde pasaron las enfermeras Perla Aguirre, Olga Elvira Grasso, Nelly De Vera, y Savid Molina. También merece destacarse la historia de Liliana Collino que embarcó en un avión Hércules C´130 que transportaba pertrechos a las islas, retornando con heridos al continente.

Hoy, 2 de Abril, el recuerdo nos sirve para hacerlas visibles tal como las evoca Alicia Panero en su libro. También nos permite compartir un mensaje paz y comprender la importancia del diálogo para superar la violencia que amenaza la paz y el bienestar de nuestros pueblos.

La guerra de Malvinas fue un episodio corto, donde tantos argentinos dieron su vida, pero para muchas de estas mujeres la guerra no terminó, ya que siempre retorna a sus memorias cuando por alguna circunstancia de la vida, volvieron a reencontrarse con alguno de esos mismos veteranos que regresaban para curar sus viejas heridas.

Este es mi homenaje a todas ellas, a los veteranos, y a todos aquellos que dieron su vida en las Malvinas por la Argentina.

La autora es Abogada y Senadora Nacional por la provincia de Buenos Aires (2011-2017)

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