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𝐍𝐎 𝐍𝐎𝐒 𝐇𝐀𝐍 𝐕𝐄𝐍𝐂𝐈𝐃𝐎

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A 71 años de septiembre de 1955
Ariel Rolfo
Hay fechas que pasan y fechas que quedan ardiendo en la memoria de un pueblo. El 19 de Septiembre de 1955 pertenece a estas últimas. Hace setenta y un años, el golpe de Estado de la autodenominada Revolución Libertadora derribó al gobierno de Juan Domingo Perón y abrió una larga etapa de exilio, proscripción y persecución del peronismo, cuyo partido sería disuelto y cuyos símbolos llegarían a ser prohibidos.
Pero quienes creyeron que con la caída de un gobierno terminaba una historia estaban equivocados: comenzaba otra, acaso más difícil y más profunda, la historia de un movimiento obligado a demostrar que podía sobrevivir lejos del poder, sin su conductor en la Patria y enfrentado a quienes pretendían arrancarlo de la memoria colectiva.
Antes habían caído las bombas sobre Plaza de Mayo; después llegarían la proscripción, los fusilamientos, el exilio, la cárcel, las desapariciones y largos años en los que ser peronista dejó de ser solamente una definición política para convertirse, para muchos hombres y mujeres, en una identidad que se preservaba en el trabajo, en el sindicato, en el barrio, en la familia, en una fotografía escondida, en una marcha recordada, en una palabra pronunciada en voz baja.
De aquella sucesión de dolores se forjo una memoria que atravesó generaciones y encontró, muchos años después, una síntesis que todavía estremece por su sencillez:
“A pesar de las bombas, de los fusilamientos, los compañeros muertos, los desaparecidos… ¡no nos han vencido!”
Y ésa es quizá la verdadera dimensión del Peronismo. No nos han vencido no significa negar las derrotas, porque el peronismo conoció muchas; no significa ocultar errores, divisiones, desencuentros ni contradicciones, porque también forman parte de su historia. Significa algo más elemental y poderoso: no pudieron borrarnos como Sujeto Politico Historico.
No pudieron hacerlo desaparecer cuando estaba proscripto, no pudieron extinguirlo cuando Perón estaba en el exilio, no pudieron convertirlo definitivamente en una pieza de museo ni reducirlo a una fotografía amarillenta de mediados del siglo pasado. No pudieron desaparecerlo con la dictadura genocida ni destruirlo cooptando sus dirigentes como ocurrió durante la época menemista.
Pasaron gobiernos, dictaduras, generaciones y crisis; cambiaron el país, el mundo y la sociedad argentina, y sin embargo aquella identidad nacida alrededor de Perón, Evita, los trabajadores y la revolución politico-social que significo la justicia social, la independencia económica y la soberanía política, ese Sujeto Politico Historico con su significante continuó atravesando el tiempo.
Por eso este aniversario no pertenece solamente al dolor del golpe antinacional y antipopular de 1955. También pertenece a la extraordinaria obstinación de la memoria. A aquellos hombres y mujeres anónimos que, sin ocupar los grandes capítulos de los libros, hicieron posible que una tradición política sobreviviera durante décadas; a quienes transmitieron una historia, conservaron una pertenencia y consiguieron que los hijos escucharan aquello que habían vivido los padres y los nietos preguntaran aquello que habían sufrido los abuelos. La verdadera resistencia no fue únicamente haber soportado la adversidad: fue impedir que el olvido tuviera la última palabra.
Setenta y un años después, sin embargo, el desafío histórico es diferente.
Ya no alcanza con preguntarse cómo el peronismo consiguió sobrevivir, *sino qué hará con esa supervivencia]. Porque ninguna tradición vive eternamente por la sola fuerza de sus recuerdos y ningún movimiento conserva indefinidamente su vitalidad únicamente repitiendo los nombres, las consignas y las formas de otras épocas.
La memoria puede ser raíz, pero también puede convertirse en refugio; puede alimentar el futuro o transformarse en una cómoda contemplación del pasado.
Allí aparece el interrogante que quizá defina los próximos años:
¿qué clase de permanencia le espera al peronismo?
La historia latinoamericana ofrece experiencias distintas. El PRI mexicano, el partido de la Revolucion, después de haber ocupado durante décadas una posición dominante en la vida política de México, fue cooptado por el Establishment (Grupos de Poder de la Elite dominante) dejando de ser la alternativa nacional y popular mejicana.
Esto es una trayectoria posible para cualquier gran fuerza histórica: conservar siglas, estructuras y espacios institucionales mientras el tiempo transforma profundamente la relación entre el partido y la sociedad que alguna vez expresó.
Pero existe otra posibilidad que como la leyenda del águila real que, llegada a un momento decisivo de su existencia, debe elegir entre dejarse vencer por el peso de los años o atravesar una dolorosa renovación desprendiéndose simbólicamente de aquello que ya no le permite cazar ni volar para recuperar después la fuerza de sus alas y prolongar su vida.
Hay momentos en la vida de los pueblos y de los movimientos en que sobrevivir deja de ser suficiente y la verdadera cuestión pasa a ser si existe capacidad para renovarse en sus estructuras, en su propuestas, en sus dirigentes sin perder la identidad para dar respuestas adecuadas a su realidad contemporanea.
Ése es quizá el gran interrogante que queda abierto después de setenta y un años: si el peronismo conservará solamente aquello que fue o encontrará dentro de su propia historia las fuerzas necesarias para volver a interpretar aquello que la Argentina es y aquello que puede llegar a ser. Nadie puede responder hoy esa pregunta, y el tiempo será finalmente quien lo haga.
Pero algo que en cierta medida puede ser un reaseguro para que vuelva a serlo es definir colectivamente y explícitamente un Proyecto Politico con un Modelo de Pais con un carácter verdaderamente revolucionario que abreve en la fuentes doctrinarias fundacionales y el cual cualquiera sea el candidato estee obligado a ejecutar.
El peronismo en el gobierno ya transito la etapa de la cooptación por el enemigo y la etapa del progresismo socialdemócrata, ya es tiempo que vuelva a nutrirse de su esencia fundacional revolucionaria para servir asi realmente al bienestar del pueblo y la grandeza de la nación.
Pero hoy tambien es tiempo de remembranza y de regocijo para el peronismo ya que desde septiembre de 1955 Intentaron borrarlo y permaneció. Intentaron proscribirlo, condenarlo al pasado, desaparecerlo, cooptarlo… y permaneció
Atravesó triunfos y derrotas, grandezas y miserias, encuentros y fracturas, y todavía continúa allí, discutiendo incluso consigo mismo cuál será su destino.
Y a pesar de todo, setenta y un años después seguimos dando testimonio de una supervivencia histórica que nadie puede negar y aun podemos decir…
NO NOS HAN VENCIDO !!
 

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