CULTURA

Las 5 regiones de Salta: economías distintas, políticas iguales

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(*) Félix González Bonorino
Cuando hablamos de Salta como si fuera un todo homogéneo, ya cometemos el primer error. La provincia que va de la Puna a los Valles, del Chaco al umbral andino, no tiene un solo clima, una sola economía, ni un solo problema. Tiene cinco realidades distintas. Y sin embargo, durante décadas, las políticas públicas llegaron pensadas desde una sola lógica: la de la capital.
Hay una pregunta que ningún gobernador salteño ha respondido con honestidad: ¿qué provincia queremos desarrollar? ¿La de los valles vitivinícolas? ¿La de la Puna minera? ¿La del Chaco ganadero? ¿La de los Valles Calchaquíes turísticos? ¿La de las Yungas feráces?
La respuesta correcta es: todas. Pero eso exige reconocer algo que incomoda a la gestión centralizada: Salta no es una provincia. Es una federación de realidades productivas que comparten una bandera y muy poco más.
La Puna: riqueza mineral, pobreza estructural
El norte de la provincia esconde bajo sus salares una de las mayores reservas de litio del mundo. Y sin embargo, las comunidades que habitan esa región son las que registran los peores índices de acceso a agua potable, conectividad vial y servicios de salud de toda la provincia.
No es paradoja. Es la consecuencia lógica de un modelo que extrae recursos sin construir capacidades locales. La Puna produce riqueza que se va. Y lo que queda son los pozos.
Los Valles Calchaquíes: turismo y agroindustria sin estrategia de escala
Cafayate, Cachi, Molinos. Nombres que resuenan en las guías de viaje internacionales. Y sin embargo, la cadena de valor turística en los Valles Calchaquíes sigue siendo corta, informal y concentrada en pocos actores. El vino torrontés tiene reconocimiento mundial pero los productores más pequeños no logran insertarse en los mercados de exportación.
Falta lo de siempre: coordinación entre actores, infraestructura de almacenamiento y frío, y una política de denominación de origen que proteja y jerarquice la producción local.
El Chaco salteño: la región más rica y más castigada
El departamento Rivadavia banda Norte y San Martín, concentran la mayor cantidad de población indígena en situación de vulnerabilidad de toda la Argentina. Y también la mayor superficie boscosa de la provincia, que sigue retrocediendo a un ritmo que deberíamos considerar una emergencia ambiental.
Aquí el desarrollo productivo choca de frente con los derechos territoriales de las comunidades wichí, chorote y chulupí. No hay política agropecuaria seria para el Chaco que no ponga en el centro esa tensión.
El Sur: el granero que produce para otro
Metán, Rosario de la Frontera, Rivadavia banda Sur. Una región con capacidad agroindustrial importante, con soja, poroto y tabaco, pero con una infraestructura logística que obliga a que gran parte del valor se procese y distribuya fuera de la provincia.
El corredor bioceánico pasa por aquí. Pero el sur salteño sigue siendo una zona de tránsito, no un nodo de valor agregado.
Las Yungas: ejemplo de extractivismo sin sentido
Orán, San Martín reúnen esa boscosa selva montana que fue testigo de empresas forestales importantes extrayendo maderas sin control. Hasta que se agotó el recurso.
La riqueza forestal extraída no se fue reemplazando por plantaciones con potencial maderable para sostener la industria que se había instalado.
Otro ejemplo de ese modelo es el petrolero. El petróleo fue encontrado en esa selva y su explotación era floreciente hasta que la falta de inversión dejó las cuencas agotadas.
¿Cinco diagnósticos o cinco oportunidades?
La diferencia entre una provincia que administra su territorio y una que lo desarrolla está en la capacidad de reconocer las particularidades de cada región y actuar en consecuencia. No hay una política productiva para Salta. Hay cinco. Y ninguna puede diseñarse desde un escritorio en la capital.
«El verdadero federalismo no empieza en Buenos Aires. Empieza en reconocer que Rosario de la Frontera y Santa Victoria Oeste tienen necesidades tan distintas como sus geografías.»
La planificación del desarrollo de Salta exige lo que hasta ahora no tuvimos: diagnósticos regionalizados, presupuestos diferenciados por necesidad productiva real, y funcionarios que conozcan el territorio que administran.
Mientras sigamos pensando Salta como una sola provincia, el desarrollo va a seguir siendo lo que fue hasta ahora: un discurso pronunciado en la capital, con poco alcance en el interior.
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