INTERÉS
Bermejo: 15.000 afectados en Salta y un Estado ausente
La desidia política vuelve a golpear al norte salteño. Una crecida histórica del río Bermejo, provocada por lluvias récord en Bolivia y el Chaco salteño, sumergió al departamento Rivadavia bajo el agua. El desastre ya afecta a más de 15.000 personas, incluyendo a 11.000 miembros de comunidades indígenas. Lo que hoy se presenta como una catástrofe natural es, en realidad, el resultado de décadas sin obras hídricas definitivas.
El drama del aislamiento y la emergencia sanitaria
Zonas como El Chañaral y La Misión se encuentran totalmente aisladas. El agua cubrió hasta 25 kilómetros de monte en Rivadavia Banda Norte y Sur, transformando caminos en bañados intransitables. Las familias deben pagar traslados en piraguas para conseguir víveres básicos. La escuela local está inundada y las clases fueron suspendidas, dejando a los niños sin el único comedor disponible en la zona.
La situación sanitaria es desesperante. Se reportan casos de infecciones respiratorias y de piel debido al contacto constante con agua contaminada. Parajes rurales como Zapallar, Curupaití y El Sauce enfrentan la pérdida total de animales y cultivos. El productor Antolín Soraire describió un escenario desolador: el río corre hoy por lugares inéditos, arrasando con el sustento de miles de campesinos que lo perdieron todo.
La falta de prevención y el vacío federal
Aunque el Gobierno de Salta desplegó equipos sanitarios y asistencia vía 4×4, la magnitud del desastre supera los recursos locales. Aquí es donde la ausencia del Estado Nacional se vuelve crítica. Hasta el momento, no se ha activado una respuesta federal proporcional a la emergencia. Falta infraestructura aérea para llegar a los puntos más críticos y, sobre todo, falta un plan de contingencia nacional que contemple la prevención hídrica.
Este desastre es una copia fiel de lo ocurrido en 2018. Sin embargo, en ocho años no se realizaron las obras de fondo para canalizar excedentes o proteger los parajes. El abandono estatal convierte cada lluvia en una tragedia anunciada. La respuesta sanitaria del norte argentino no puede depender de un tractor o una lancha cuando el agua llega al cuello. Se necesitan represas, defensas y un compromiso real de la Nación para que Salta deje de ser el patio trasero de la asistencia social.