OPINIÓN
CUMPLEN AÑOS,… JOSÉ DE SAN MARTÍN Y NÉSTOR KIRCHNER AMBOS CONFRONTADOS POR: LAS ÉLITES
(*) Fernando Silvestre
Es San Martín no solo fue confrontado por las élites de su tiempo, sino que sufrió una persecución sistemática por parte del poder central de Buenos Aires, algo que la historia oficial tendió a ocultar durante décadas para construir la figura de un prócer incontaminado por las miserias de la política .
El primer gran acto de confrontación de San Martín con las élites porteñas ocurrió en 1812, cuando recién llegado a Buenos Aires participó activamente en el derrocamiento del Primer Triunvirato, un gobierno que encabezaba nada menos que Bernardino Rivadavia y que, a su juicio, había abandonado el camino de la revolución independentista . Este hecho, que algunos historiadores consideran el primer golpe de Estado de la historia argentina, muestra a un San Martín profundamente involucrado en las disputas políticas y enfrentado a la fracción más poderosa de la élite porteña.
A partir de allí, la relación con Rivadavia y su círculo se convirtió en una enemistad personal y política que duraría décadas. Mientras San Martín organizaba el Ejército de los Andes y cruzaba la cordillera para liberar Chile, el gobierno de Buenos Aires le negaba sistemáticamente los recursos necesarios y le ordenaba regresar con su ejército para someter a los caudillos federales del litoral, órdenes que el Libertador desobedeció porque consideraba que su misión era la independencia americana, no la guerra civil . Rivadavia prefería gastar los fondos de la aduana en embellecer las plazas de Buenos Aires antes que enviar refuerzos al Ejército de los Andes o a Martín Güemes en el norte .
Lo más grave, y quizás menos conocido, es que cuando San Martín regresó a Buenos Aires después de su gestión como Protector del Perú, fue objeto de persecución y vigilancia por parte del gobierno rivadaviano.
Se le impidió ver a su esposa Remedios Escalada en sus últimos momentos de vida, y existieron planes concretos para apresarlo o asesinarlo . San Martín, en sus cartas a amigos como Tomás Guido y Bernardo O’Higgins, se quejaba amargamente de estas persecuciones y responsabilizaba a Rivadavia por ellas, así como por el asesinato de Manuel Dorrego. Estas cartas, que documentan el conflicto, fueron sistemáticamente censuradas en las ediciones oficiales de sus documentos realizadas por el Museo Mitre, omitiendo párrafos enteros sin siquiera indicar la ausencia .
El historiador Omar López Mato documenta además que San Martín tuvo otros opositores dentro del bando patriota, como Carlos María de Alvear, con quien compartió la asonada de 1812 pero luego se distanció por desinteligencias personales y políticas .
En el Perú, mientras ejercía como Protector, fue acusado por sus propios oficiales de querer eternizarse en el poder y de tener ansias monárquicas. Generales como Las Heras y Necochea se alejaron de él por discrepancias, y Juan Lavalle contribuyó a sembrar rumores en su contra .
Ahora bien, ¿en qué se diferencia esto de la confrontación que sufrió Néstor Kirchner por parte de las élites de su tiempo? La diferencia no está en la existencia del conflicto, que en ambos casos fue intenso y prolongado, sino en la naturaleza de las élites enfrentadas y en el lugar que cada uno ocupa en la memoria colectiva.
Kirchner también fue confrontado duramente por las élites económicas y mediáticas de su época.
El análisis de cómo el Grupo Clarín, el principal conglomerado multimedia del país, desarrolló una línea editorial sistemáticamente anti-kirchnerista que contribuyó a instalar el concepto de «la grieta» como diagnóstico de la sociedad argentina .
Personajes como Jorge Lanata se convirtieron en voceros de una oposición que no solo confrontaba políticamente, sino que expresaba un odio que los autores califican como «factor estructurante del anti-populismo» . Kirchner fue acusado de autoritarismo, de querer eternizarse en el poder, de corrupción y de dividir a la sociedad. La confrontación tuvo ribetes personales muy intensos y se libró en el terreno de los medios de comunicación, la justicia y la política cotidiana.
Néstor Kirchner realizó objetivos trascendentes:
· Recuperación económica y social (crecimiento, pobreza, empleo)
· Reestructuración de la deuda externa y pago al FMI
· Impulso a los juicios por crímenes de lesa humanidad
· Renovación de la Corte Suprema de Justicia
· Fortalecimiento de la integración regional y rechazo al ALCA
Sin embargo, hay una diferencia fundamental en la construcción del legado. La persecución que sufrió San Martín fue deliberadamente ocultada por la historia oficial. Bartolomé Mitre, el gran historiador del siglo XIX, construyó un relato en el que San Martín aparecía como un soldado brillante pero un político mediocre, desinteresado del poder y ajeno a las disputas de su tiempo . Esta operación historiográfica tenía un propósito claro: proteger la imagen de Rivadavia y de la élite porteña que Mitre reivindicaba como fundadora de la nación. Había que presentar a San Martín como un héroe sin conflictos para que su figura no pudiera ser utilizada contra el proyecto unitario y centralista que Rivadavia representaba . Como ironiza un polemista citado en el artículo de Infobae, se quiso convertir a San Martín en «el tonto de la espada»: él hacía las campañas militares mientras la élite porteña construía la nación .
Kirchner, en cambio, no ha tenido la misma suerte historiográfica. Su figura sigue siendo motivo de disputa política en el presente, y no existe un relato unificador que lo reconcilie con sus adversarios.
Mientras que San Martín pudo ser «rescatado» del conflicto por una operación historiográfica que borró sus enemigos, Kirchner sigue inmerso en la polarización que él mismo contribuyó a generar y que sus opositores profundizaron.
Hay también una diferencia en la actitud de cada uno frente a la confrontación. San Martín, cuando la guerra civil se desató en el Río de la Plata, tomó la decisión de exiliarse y no participar. En 1828, navegando de regreso a Buenos Aires, al enterarse del fusilamiento de Dorrego y de la escalada de violencia, decidió no desembarcar y regresó a Europa.
*Escribió que para imponer el orden en medio de odios tan profundos habría que aniquilar a uno de los bandos, y confesó no estar hecho para semejante tarea.*
Kirchner, por el contrario, asumió la confrontación como herramienta de construcción política y se mantuvo en el centro de la escena hasta su muerte, profundizando su participación en lugar de retirarse.
En definitiva, ambos fueron confrontados por las élites de sus respectivas épocas.
La diferencia radica en que la confrontación a San Martín fue ocultada por la historia para convertirlo en una figura de consenso, mientras que la de Kirchner es todavía un campo de batalla político y simbólico.
San Martín pudo ser «pacificado» por el relato histórico; Kirchner sigue siendo, para bien o para mal, un campo de disputa.
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