OPINIÓN
Coparticipación: el fallo de la CSJN y la banda de la ciudad puerto por Néstor Gorojovsky
1️⃣La oligarquía porteña nunca dejó de tener un fuerte costado escatológico y brutal (pienso, sí, en los modos de Rosas y en sus manos perdidas en público y adrede entre polleras y piernas ante un diplomático inglés).
No le costó mucho, entonces, degradarse moralmente a la altura de sus sicarios de uniforme después de 1976.
Además, poniendo en juego sus jamás perdidas dotes de contrabandista ilegal, tampoco le costó gran cosa sumar a su eterno parasitismo del erario y la práctica de la usura bancaria contra la Nación una creciente participación en el tráfico de estupefacientes y en el proxenetismo tan típico de los más turbios elementos de los servicios de inteligencia paridos después de 1955.
2️⃣Finalmente, adueñada del Estado en sociedad con el trepador ndranghettista Mauricio Macri, reactivó para luchar contra la clase trabajadora el gen negrero que le llegó entre 1580 y 1640 a través de sus hoy ocultas raíces esclavistas portuguesas en el Nordeste del Brasil.
3️⃣Con semejante carga de extranjería funcional en sangre cómo no iba a pretender su enclave gibraltareño en Buenos Aires, ¿no?
El fallo de los provincianos alquilones Rosatti, Maqueda y Lorenzetti, refrendado por el porteño despatriado Rosenkranz, opera en el sentido que marcaba Juan Bautista Alberdi ya en la década de 1860, mientras sufría el exilio a que lo había condenado el tirano Bartolomé Mitre:
4️⃣»Buenos Aires», es decir, esa clase dominante local con ramificaciones en todo el país, jamás aceptó ni aceptará su participación igualitaria en un país integrado. Mucho menos hoy, cuando, infestada de cafiolos, traficantes, contables a sueldo del imperialismo y escruchantes de alto coturno, terminó de abandonar toda aspiración a la grandeza, todo lazo con nuestras gestas fundacionales.
5️⃣La única solución que tenemos es la reorganización del distrito en sentido patriótico por la fuerza de la Constitución y la reducción de su Ejecutivo a brazo de la Presidencia de la Nación, como en 1880.
No hay otro rumbo. El orden interno de la República exige emprenderlo.
6️⃣ Si una clase dominante decide desprenderse de la política y hacerle la guerra de policía («lawfare») al resto de la sociedad se agotan los vericuetos leguleyos. Hasta aquí nos trajo el Pro. La salida es el uso de las incumbencias del Ejecutivo federal y de los gobernadores provinciales para ahogar la guerra civil jurídico/mediática antes de que se agrave más aún la tendencia separatista del vecinalismo portuario.Ñ