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Emotivos graffitis: la historia de un joven que lucha contra un cáncer
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Damián «Condro» Presa encontró en el arte urbano la mejor expresión para combatir un tumor en sus huesos. Un taller de arte municipal le dio fuerzas para sobrevivir y herramientas para desarrollar su talento y seguir adelante.
Damián tiene 19 años, talento para el arte y muchas marcas en el cuerpo. Cuando empezó su adolescencia le diagnosticaron condroblastoma, un tumor que afecta a los huesos y que hoy, tras un tratamiento de rehabilitación, parece un mal recuerdo. El nombre de su enfermedad lo llevó a rebautizarse como «Condro», como hoy lo reconocen entre graffiteros. Plasmar su arte en paredes con aerosoles fue clave para salir adelante y lo llevó, entre otras cosas, a convocar una jornada artística y de concientización contra el cáncer en la que participaron graffiteros de Rosario, Entre Ríos, Mendoza y Uruguay.
“El cáncer apareció en el momento justo. O, mejor dicho, conocí el graffiti en el momento indicado”, asegura. Su interés por este tipo de arte urbano surgió primero espontáneamente, cuando recorría su barrio. «Al principio fue observar el contexto y tratar de descifrar cada señal. A lo mejor iba por la Avenida 14 de Berazategui, ciudad en donde vivo, y me cruzaba con un tacho firmado. Miraba esas pequeñas cosas y quería aprender a hacerlas», recuerda. Bosquejos en cartucheras con fibrones y letras raras se volvieron un hábito. Al tiempo que comenzaban las internaciones, dejar una huella se volvió su gran propósito. “Quería hacerme famoso, dejar una firma en cualquier lado. Hay mucho de ego en el graffiti, sos vos y sólo vos. Por ahí elegía una ventana, una estación de servicio para pintar, buscaba ser rechazado, como un costado vandálico. Después me di cuenta que eso era lo peor que podía hacer”, cuenta sincero sobre aquel período.
“Vi graffitis en placas de durloc o fibrofácil. Entonces me enteré del taller de arte urbano que dictaba la Municipalidad de Berazategui y decidí anotarme”. En ese momento, Damián buscaba respuestas a preguntas difíciles. “Lo primero que pensás cuando tenés cáncer es que te vas a quedar pelado. ‘Me voy a morir y listo’, decís. Hoy creo que si en la vida te pasan cosas, es por algo”, reflexiona.
Una charla con quien luego sería su docente, Lucas Piacentini, resultó clave. Experto en diseño en comunicación visual y uno de los precursores del arte graffitero desde 2000, Lucas intentó darle un nuevo sentido a las pintadas callejeras. “Con la Secretaría de Cultura de Berazategui nos propusimos que quienes cursen Arte Urbano hicieran un verdadero taller de envergadura. Esfuerzo y perseverancia serían aspectos fundamentales para aquellos que decidieran estudiar”, asume Piacentini. Tal motivación convenció a Damián, aún en momentos duros. Su madre, Marta Calegari, aún hoy no sale del asombro: “No sabía que le gustaba tanto el dibujo! Estaba mucho tiempo internado en el hospital, tomaba mucha morfina y derivados, pero el taller lo motivaba y ese ratito le levantaba el ánimo. Nosotros estábamos desechos, pero él iba con todas las pilas y nos contagiaba” expresa con admiración.
Al tiempo que comenzaban las internaciones, dejar una huella se volvió su gran propósito.
Lucas asume que más allá del rol alumno-docente, la tenacidad de Condro fue más fuerte y derivó en una amistad. “El arte en este momento para él fue un bálsamo, un aceite sobre la herida, un aliento. El graffiti fue una distracción que le llevaba alegría y resultó muy satisfactorio. Su energía no menguó y siguió sumando proyectos”, sostiene su docente y amigo.
Entre tantos proyectos concretados, el joven de 19 años se enorgullece por una fecha en particular: 22 de febrero de 2015. “Por los que luchan día a día”, fue la consigna que lanzó junto con otros muralistas. “Queríamos hacer un trabajo a conciencia y salió la idea de dejar un mensaje sobre el cáncer”. El extenso paredón de la Avenida de los Autonomistas y Dardo Rocha (de su ciudad) fue el escenario de una jornada inolvidable. “Vinieron artistas de Rosario, Entre Ríos, Mendoza y Uruguay”, recuerda orgulloso Marcelo Presa, papá de Condro. Y el artista confirma: “Pensamos en esa fecha con mi amigo Firer porque coincidía con el fin de su tratamiento de quimioterapia. Todos los que estábamos pintando vivíamos en carne propia la enfermedad o tuvimos algún familiar que conocía de cerca lo que pasaron”.
Aquel encuentro dejó un antes y un después. La marca de aerosoles Kuwait decidió sumar a su muestrario de colores el «rosa Condro», a modo de homenaje. “La pintada se hizo sentir. Adonde antes había suciedad, hoy la gente puede ver un mensaje. Ahora queremos hacer lo mismo en Rosario, batir un récord Guiness con el tema de inclusión social como eje”, adelanta Damián.
Mientras estudia historia -“Para saber cómo es una persona tenés que ver qué le pasó”, asume- y busca trabajo -“Algunos ven lo que hago y me convocan”, dice casi con timidez-, Condro continúa con las clases de Arte Urbano del municipio. “Me ayudaron a crecer como persona”, revela en su casa, mientras recicla una persiana cruzando tonalidades y copiando un impactante rostro de mirada intensa de un papel, a la chapa lista para ser restaurada. “Cada sábado voy temprano, incluso al turno de primero, aunque esté en tercer año. Más allá de las técnicas, hay mucha enseñanza de vida. Con el taller estás más incluido. El arte te incluye y te compromete”, concluye.
Taller de Arte urbano – Municipalidad de Berazategui
Complejo “El Patio”- Sala de Artes Visuales
Calle 149 e/15 y 15 A, Berazategui · TE: 4256-0408
artesvisuales@culturaberazategui.gov.ar