INTERÉS

«Llamé al 911 para que me ayudaran y me lo devolvieron en un cajón»

volanta

Published

on

Así recordó la viuda de Jorge Ortega, Yesica Medina, el momento en que un policía le quitó la vida a su marido. Se trata de un sargento de la Policía Bonaerense que está siendo juzgado por homicidio en los tribunales de Azul. El acusado había sido llamado para impedir un intento de suicidio, pero le disparó a la víctima en el abdomen en un confuso episodio delante de testigos.

El sargento Juan Coria no dejó a Jorge Ortega cumplir su amenaza de suicidio: lo mató de un tiro en el abdomen cuando debió asistirlo. El hecho sucedió a fines de 2013 en Olavarría y esta semana comenzó el juicio contra el efectivo bonaerense acusado de homicidio doblemente agravado por el uso de arma de fuego y por ser miembro activo de una fuerza pública.

Según destacó Tiempo Argentino, para la defensa se trató de un accidente de trabajo. La viuda no tiene consuelo y aún hoy se arrepiente de haber alertado sobre la situación. “Llamé al 911 para que me ayudaran y me lo devolvieron en un cajón”, declaró en el debate.
El juicio por la muerte de Ortega, “Tito” para los amigos, comenzó el martes en la sala del Tribunal Oral en lo Criminal Nº 1 de Azul.

Durante la primera jornada, que se extendió por más de cinco horas, declararon familiares de la víctima, efectivos policiales, médicos y peritos.

Los testimonios de los cuatro uniformados que participaron del procedimiento coincidieron en que Ortega se llevó el arma a la sien y gatilló en reiteradas oportunidades, pero que las balas no salieron. Según el relato del oficial Cristian Barbesí, en determinado momento la víctima se levantó y le apuntó. En ese instante Coria que, como los demás integrante de la comisaría 1ª de Olavarría, observaba la escena desde lo alto de un barranco, dio la voz de alerta. Barbesín intentó abalanzarse sobre Ortega y quitarle el arma pero este giró y terminó apuntando a su compañero. Coria disparó sin titubear. La bala entró por el abdomen, agujereó el riñón y salió por la zona lumbar.

Tanto la mujer de Ortega, Yesica Medina, como el padre fueron testigos del hecho, pero sus versiones difieren de la de los policías. Según sus testimonios, ellos no vieron a Tito pararse y apuntar a Barbesín y si llevarse el revólver a la sien. Yesica declaró que en ese momento cerró los ojos porque no quiso ver cómo su pareja se quitaba la vida. Cuando abrió los ojos, Tito estaba tirado en el piso sangrando. Para ella la versión policial no es viable porque los tiempos fueron muy breves para tantos movimientos.

A través del programa de Seguridad Democrática, la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) intervino en el caso para monitorear y evaluar el accionar de la fuerza. Así se pudo conocer que los policías no tenían capacitación para ese tipo de situaciones extremas. También concluyeron que, a través de sus declaraciones, los agentes no aplicaron ningún protocolo porque lo desconocían.

Los cuatro policías –dos son mujeres– que respondieron al llamado de Medina coincidieron que tuvieron una preparación que duró sólo seis meses.

“Todos tienen entre 25 y 35 años y no sabían cómo actuar. Barbesín, por ejemplo, estuvo hablando con la víctima que estaba armada a cuatro metros de distancia. Él también pudo haber perdido su vida”, reflexionaron desde el organismo.
El lunes 11 de noviembre de 2013, Tito, por entonces de 33 años y padre de cuatro hijos, no pudo levantarse de la cama. La mujer llamó a Ferrosur, la empresa con la concesión del transporte de cargas del ex Ferrocarril Roca donde trabajaba como encargado de la entalladora de los durmientes, y fabuló una excusa para justificar la ausencia. Después se ocupó de levantarle el ánimo.

A las cinco de la tarde la pareja se subió al Ford Fiesta y fue hasta el barrio Isaura para ver una casa en venta. A Tito lo ilusionaba que el dueño aceptase el auto en parte de pago. Lo desconsoló escuchar que la propiedad valía 85 mil pesos y que lo que pudieran ofrecer no les alcanzaría para nada. En la avenida Pringles se detuvieron a la altura de un almacén. Se bajaron a fumar porque no tenían la costumbre de hacerlo arriba del auto. Tito le entregó la billetera y las llaves del Ford a su mujer y caminó en dirección al arroyo

La mujer sabía que estaba deprimido y se ofreció a acompañarlo pero el hombre le respondió de mala manera: «Andate con los nenes porque me cago limpiando adelante tuyo.»
Antes de salir corriendo para llamar a la policía y al padre de Tito, la mujer lo vio caminar hacía el agua empuñando la pistola calibre 22.

Embarazada

Yésica Medina no alcanzó a decirle a Jorge Ortega que estaba embarazada de su quinto hijo. Al primero que se lo contó fue al fiscal que realizó la instrucción del caso. El 18 de junio de 2014, siete meses después del asesinato de su pareja, nació Joy Stefano Ortega Medina. Joy son las iníciales del nombre del papá: Jorge Ortega junior.

Tendencias

Salir de la versión móvil