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Un Tiburón que devora oro

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Michael Phelps se consagró en los 200 mariposa y en el relevo 4×200 libre. De esta manera, el estadounidense agiganta su leyenda: alcanzó las 25 medallas, 21 de ellas doradas. Y todavía sigue con hambre…

Mucho se habló de las 12 mil calorías diarias que ingería en la preparación para Londres 2012. Pero la dieta de Michael Phelps es otra: cuando huele oro, el Tiburón de Baltimore pega el zarpazo. La ambición lo puso en carrera para agigantar la leyenda en su quinto Juego Olímpico. Y esa ambición fue recompensada ayer, como viene sucediendo desde Atenas 2004. Primero, se lució en los 200 metros mariposa, su estilo. Y después llegó a su 21ª medalla dorada en el relevo 4×200, en la que fue anotado a último momento. Insaciable.

Primer acto. Salió al Estadio Olímpico Acuático con los auriculares gigantes. Marca registrada. Por ahí andaba el sudafricano Chad le Clos, que le arrebató la victoria en Londres. Estiraba el experimentado László Cseh, campeón mundial y dueño del mejor registro del año. Hungría también sumaba una promesa, Tamas Kenderesi, que había terminado por delante del estadounidense tanto en la clasificatoria como en la semi. Pero Phelps es Phelps. Completó los primeros 50 metros en segundo lugar. A los 100 ya lideraba. Sacó un torso de distancia a los 150. Y en la última pileta aguantó la remontada del japonés Masato Sakai (quedó a 4 centésimas) y del joven Kenderesi: 1m53s36. Como si nada hubiera pasado en cuatro años.

Entreacto. Se iba, pero volvió. Hasta superó un arresto por conducir en ebriedad en Estados Unidos, que significó también una sanción de la Federación de su país y lo dejó afuera del Mundial de Kazán. Y si a eso se le suman los fantasmas de la relación con su papá, había motivos para preocuparse. O no. Porque mientras Cseh y Le Clos ganaban en Rusia, él los postergaba desde los trials en Estados Unidos. Tras seis meses afuera, avisaba que seguía en carrera. Lo ratificó con su primer triunfo en Río, el domingo, en el relevo 4×100 libre.

Segundo acto. Una hora después de la primera alegría del día, regresó al estadio para opacar a Katie Ledecky (ganadora en los 200 libre) y a la húngara Katinka Hosszú (vencedora en los 200 combinado, con récord olímpico, prueba en la que Virginia Bardach terminó 26ª). Esta vez, junto a Dwyer, Haas y Lochte para el 4×200 libre (fue confirmado un par de horas antes). Se tiró último al agua, con una ventaja de 1s76. Y la estiró para colgarse otra medalla. Fueron 7m00s66, contra 7m03s12 de Gran Bretaña y 7m03s50 de Japón. Su 25ª medalla olímpica. Su 21ª medalla dorada.

Tercer acto. Lo que vendrá: hoy las series de los 200 metros combinado y mañana las de los 100 mariposa, en los que es infalible. Hay oro en juego. Siempre habrá Phelps.

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