OPINIÓN
«Scioli, la garantía», por Carlos Molina
volanta
Soy un militante peronista. Lo he sido desde hace más de 50 años. Y, al serlo, he hecho mía la historia del Movimiento Peronista desde el 17 de octubre de 1945 hasta hoy.
Siempre lo hice desde el peronismo; nunca necesité agregarle ningún otro “ismo” para precisarlo. Creo, firmemente, que la identificación con las banderas que signan nuestro compromiso, en ningún caso, autorizan a su apropiación; menos a su travestismo.
El Peronismo nació hace 70 años y, por ser un Movimiento, vive en permanente actualización, y ésta deviene, precisamente, de su vocación de interpretar y expresar, en cada etapa de su derrotero, los intereses y expectativas que surgen de las mayorías que entiende representar.
Cada una de ellas marca los contenidos y las formas que debe adoptar la construcción y la ejecución de la política y, al calor de ellas, el alumbramiento de los liderazgos. Y, es bien sabido: el acierto en esto separa el triunfo de la derrota. Y el triunfo, para el Peronismo, implica la ratificación de una consigna irreductible: primero la Patria, después el Movimiento y luego los hombres ( incluyendo, obviamente, a las mujeres ).
Daniel Scioli es el argentino más y mejor preparado para liderar esta etapa de desarrollo del proceso retomado en el 2003. Y el liderazgo es un rol descarnadamente unipersonal; se ejerce desde la conducción del timón. No existen otros lugares para hacerlo. Y es condición, sine qua non, que el puerto de destino sea el de todos; no el de los “elegidos”; no el de ninguna “vanguardia”; el de ahora, no el de ayer ni el de mañana.
Compañero Scioli, me expreso exclusivamente desde mi convicción personal; no soy vocero de la opinión de ninguna corriente, agrupación, tendencia interna del Movimiento que contuvo más de medio siglo de mi vida; simplemente como peronista, sin ningún otro “ ismo “ calificador, quiero expresar mi deseo de que se ponga decididamente al frente del gran desafío que nos convoca a todos aquellos, peronistas y no peronistas, que hemos decidido comprometernos para coronar el esfuerzo común de todo el pueblo argentino, que nos permitió salir del extravío al que nos sometió el mandato del neoliberalismo. En esto, no hay lugar para mezquindades ni proyectos personales ; y, mucho menos, licencia para atarse a ellos.
Lo que no podemos permitirnos es volver al pasado. Ni para reincidir en las políticas que nos pusieron al borde del precipicio, ni para perpetuarnos en homenajes hacia atrás que, por debidos que sean, nos condicionen el cumplimiento del compromiso sagrado de ser los artífices del futuro de nuestros hijos y nuestros nietos. Un compromiso que lleva implícita la reconformación del amplio frente policlasista que dé prioridad a las coincidencias y no a las diferencias, al diálogo por sobre la confrontación, a la persuasión más que a la imposición. Retomar aquel principio básico que tanto repetía el Gral. Perón: conducir es alinear voluntades, no pensamientos. Y, en esta etapa, compañero Scioli, el pueblo lo ha ubicado a Ud. en el punto de convergencia; Ud. es la garantía.