OPINIÓN

«Jrushchov: gran responsable de las disputas ruso-ucranianas» por Manuel Carreras

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En la actualidad, unos de los temas más rutilantes y frecuentes en los diarios del mundo es el conflicto entre Rusia y Ucrania en Europa. Desde el punto de vista bélico, resulta interesante no sólo por la cantidad de armamento disponible en la frontera entre ambos países, sino por la acción de movilizar a 600 soldados rusos a la península de Crimea en febrero del presente año.

En este marco, Ucrania continúa con los reclamos al considerar ilegal la anexión del territorio de Crimea dictado por el presidente ruso Vladimir Putin y exige la ayuda a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Sin embargo, para comprender el origen del conflicto -o uno de sus aspectos más relevantes-, debemos remontarnos a los años cincuenta y a los comienzos del gobierno de Nikita Jrushchov en la Unión Soviética. Jrushchov fue el sucesor de Stalin en el cargo de Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, en el año 1953.

El nuevo mandatario era de origen ucraniano -nacido en la ciudad de Kalínovka-. Años atrás, en 1938, bajo las órdenes de Stalin, tuvo la responsabilidad de gobernar su país de origen, en el que la región de Crimea representaba 27.000 kilómetros cuadrados de territorio. En febrero de 1954 cedió la administración (que en su momento pertenecía a Rusia) de Crimea a Ucrania ante los festejos por la conmemoración del cumplimiento de los 300 años de la anexión de Ucrania a Rusia.

Este fue uno de los argumentos que utilizó Jrushchov para concretar la cesión: la relación afectiva que mantenía con Ucrania; la proximidad cultural entre ambas naciones; y -desde el aspecto económico-, el ahorro que representaba ceder la responsabilidad al pueblo ucraniano.

Por ese entonces, la decisión no resultó controversial ya que la unión política y económica de los integrantes del la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) era sólida gracias al Pacto de Varsovia -un acuerdo de cooperación militar firmado por los países de Europa del Este en el año 1955 como contraposición a la creación de la OTAN-, ideado por Stalin algunos años atrás. Pese a la importancia industrial y armamentística que representaba Crimea, nada hacía vislumbrar que la unión establecida por el pacto corriera riesgo de fragmentarse o desintegrarse.

Hoy en día, la connotación y el valor de la región de Crimea es radicalmente diferente a como lo fue en 1954. La zona es codiciada por ambas naciones y, con razones suficientes, el gobierno ucraniano se apoya en esa cesión realizada por Jrushchov para defender legalmente su postura. Si hace más de sesenta años Ucrania obtuvo la administración de la región ¿por qué ahora se la extraen por la fuerza?

Es probable que Jrushchov nunca hubiese considerado que, décadas más tarde, la URSS colapsaría económicamente llevándola a su desintegración en 1991, y que Ucrania se independizaría del poder de Rusia.

Actualmente, sólo el 24% de la población de Crimea es ucraniana por lo tanto es comprensible que la mayoría de sus habitantes rusos deseen unirse a Rusia. Por su parte, Ucrania alega con motivos suficientes que la invasión rusa representa una violación a su soberanía nacional.

Es interesante ver cómo el accionar del mandatario ruso hace décadas atrás, y con una escasa cobertura de los medios de comunicación, puede años después, continuar generando un impacto vital en el desenvolvimiento de un conflicto armado entre dos naciones.

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