OPINIÓN
Inclusión e integración: El compromiso
volanta
Las condiciones de la situación actual y del futuro deseable para el país, indican que la búsqueda de la inclusión y la integración y su consecución resultan tareas prioritarias para la nueva administración que asome el 10 de diciembre próximo.
Inclusión e integración son acciones complementarias, pero me permito separarlas al solo efecto de poner énfasis en aquellos aspectos que las viabilizan su concreción. Tanto una como la otra están referidas a las personas, pero particularmente la primera; siendo la segunda de aplicación a los individuos, pero también los grupos, normalmente menos favorecidos o en mayor riesgo en el contexto social.
Se hallan excluidos de la sociedad las personas por diversas causas, siendo las económicas, las más frecuentes, pero también y especialmente educativas, circunstancia que se agrava cuando tal exclusión es transmitida de padres a hijos por generaciones, pues esto resulta en la conformación de núcleos duros de exclusión, donde las contramedidas, el esfuerzo por incluir, obliga a mayores esfuerzos, recursos, capacidad y tiempo, del estado, pero también de la sociedad civil y la dirigencia de todo tipo.
La falta de inclusión deviene en problemas de integración, cuya manifestación más evidente es la marginalidad con todos los aditamentos que la acompañan, particularmente el desencanto, la falta de esperanza, y hasta la delincuencia. De ningún modo los excluidos toman el camino de la delincuencia; más bien todo lo contrario. Lo que si resulta cierto es que el delito, particularmente en su vertiente del crimen organizado, podría encontrar algún terreno fértil para su cosecha entre quienes están en situación de extrema fragilidad.
En la medida que el compromiso conjunto, que es ineludible, logre incluir a las personas, estas deben ser integradas, básicamente, para recuperar para los afectados su autoestima y que asomen a una valoración positiva de la sociedad.
Tal integración de los individuos posee múltiples planos de inserción. La escuela, el barrio, el sindicato, el club, las asociaciones religiosas. Los individuos se integran en esos ámbitos, junto a aquellos que no vienen de la exclusión, buscando conformar un cuerpo social interconectado desde las asociaciones simples, hasta en las formas más complejas de interacción humana.
Sociedades integradas, no son sinónimo de uniformes, por el contrario son virtuosas, cuanto más diversas, innovadoras, abiertas, complementarias entre sí e identificadas con el sentido de nación, sin que ello conlleve pertenencia política, religiosa, partidaria, etc.
Incluir e integrar, en el marco de la libertad es un desafío.
Inclusión de los individuos en tanto personas a través de:
– Educación pública competitiva.
– Empleo genuino fundamentado en la preparación, la determinación y el mérito en posiciones de trabajo de calidad.
– Salud pública eficaz y disponible para todos.
– Justicia independiente.
– Ejemplo desde la dirigencia.
Integración de las personas a la sociedad en la escuela, el municipio, la cultura, los diferentes colectivos de la sociedad civil. Pero también:
– De los ciudadanos y habitantes a la actividad productiva.
– De las organizaciones sociales al proyecto de la vida común superadora.
– De las unidades políticas, sociales, productivas y económicas subnacionales.
– De la infraestructura entre regiones subnacionales.
– Del país con sus vecinos, a partir de instituciones solidas y criterios democráticos.
– Del país con el mundo a través del comercio, la cultura, la seguridad internacional, los valores democráticos.
Integración es lo contrario a la segregación de cualquier tipo, y como valor de una sociedad democrática y moderna, respetuosa de las minorías y sus derechos.
Sin inclusión plena e integración completa no habrá futuro que contenga a todos. Esa es la tarea, no puede ser un slogan vacío o de ocasión.