OPINIÓN

El caso Griego: dejar convicciones en la puerta de la casa de Gobierno – Por Erica Farcic

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Muchos fuimos los que creímos que era posible un cambio en Europa a partir del caso Griego. Esto no significa que las expectativas estaban puestas en Europa, en sus elites, que mantienen de manera disciplinante su postura neoliberal frente a la crisis global del sistema capitalista. Sino, por la creciente conciencia del pueblo griego, que hace apenas 6 meses eligió un gobierno progresista para conducir su destino en el medio de la crisis económica más grande que ha atravesado. Creímos ciertamente junto a ese pueblo, que era posible pensar el inicio de un pronto cambio, en el que Grecia fuera la primera ficha del dominó.

Al punto que seguimos los pasos de las negociaciones entre la UE y Grecia de manera detallada y con expectativas en aumento. Éstas tuvieron su punto cúlmine con el referéndum celebrado hace 15 días en tal país. Por medio de éste mecanismo de democracia participativa, se buscó decidir frente a las presiones hegemónicas de continuar o no con medidas de ajuste y recortes, que pretendían someter al pueblo griego a más humillaciones frente a la crisis económica.

Y de manera contundente en ese referéndum triunfó el No. En apoyo a la posición del presidente Tsipras, quien asumiera con la promesa de dejar de someter a ajustes al pueblo griego, con un programa progresista que proponía una solución alternativa a la crisis de Europa desde la perspectiva de la Integración.

Sin embargo, ni siquiera la fuerza de la decisión popular fue suficiente para sostener al Presidente Alexis Tsipras frente a la negociación con la Troika. Tras la reanudación de negociaciones post referéndum y la renuncia del Ministro de Economía Varoufakis, el curso del dialogo demostró que las presiones y la fuerza del hegemonismo discursivo neoconservador europeo, logró su cometido con el caso griego: el disciplinamiento.

El Presidente Tsipras aceptó finalmente, traicionando el referéndum, condiciones para un “rescate” que suponen una “capitulación”, como el mismo ex ministro de economía griego lo definió, en vez de una salvación. Estas condiciones supondrán aumentar el IVA y los impuestos, seguir bajando las jubilaciones, ajustar el sector bancario según la normativa europea, desregular el mercado interno, privatizar la electricidad, flexibilizar el trabajo y aplicar el déficit cero, sin ninguna concesión hacia Grecia.

El poder disciplinante del discurso neoliberal europeo ha tenido éxito entonces. En especial si leemos las declaraciones de referentes de PODEMOS en España, quienes han dado su apoyo a la votación parlamentaria al paquete de medidas de austeridad. Los líderes del partido hoy mas “radicalizado” de España salieron a avalar la posición del gobierno de Tsipras, argumentando que “era la única alternativa posible” frente al poder que los círculos dominantes de Europa tienen en los medios de comunicación. En sus propias palabras, Pablo Iglesias, uno de los líderes de PODEMOS, ha expresado al respecto «¿Hacemos política o nos volvemos todos a la academia a seguir haciendo análisis estupendos?”…En política no cuentan las razones, tu capacidad de diagnóstico, cuenta el poder y un país del sur tiene muy poquito poder».

Aquí es cuando mas fuerte se hace el recuerdo de lo sucedido en Argentina en circunstancias similares, allá en el 2003 cuando Néstor Kirchner asumiera como Presidente e hiciera Celebre su frase “No dejaré mis convicciones en la Puerta de la Casa Rosada”. Una afirmación que tomó cuerpo y dimensión, cuando entabló el proceso de reestructuración de la deuda Argentina y se negoció una importante quita.

En retrospectiva comparativa, es cuando también esta frase toma una real dimensión, y la palabra “Convicción” se torna realmente poderosa. Argentina también se encontraba acuciada en aquellos momentos por presiones internacionales, también existía un bombardeo mediático por su salida del sistema financiero internacional y del mismo modo que hoy en Europa, existía un discurso único.

Justamente en aquel momento, el éxito del discurso neoliberal en Argentina y en toda Latinoamérica, estaba dado porque ni siquiera, aquellos que teníamos ideas revolucionarias, creíamos que era posible desafiar ese statu quo. Habíamos incorporado que la realidad que vivíamos era la UNICA posible, tal como lo creen hoy Alexis Tsipras o Pablo Iglesias.

Néstor Kirchner, en aquel momento mantuvo la defensa de una posición autonómica y soberana sin precedentes frente al sistema financiero internacional, que le permitió a nuestro país no solo salir de la crisis, sino también empezar a crecer y encarar el proceso de reconstrucción más grande de su historia.

Demostró que la Política, es la única herramienta que nos permite transformar la realidad y ser dueños de nuestros destinos. Eso sí, para ello hay que tener la convicción, hay que creer y tener la valentía de llevar adelante esos sueños, que se gestaron en nuestros hogares, en la calle o en la Universidad, para darles forma y contenido real en ese momento en que crucemos la puerta por mandato popular.

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