OPINIÓN
«Los debates económicos de cara al futuro y las cuestiones de fondo» por Erica Farcic
volanta
El aumento del consumo ha sido el eje del modelo económico (de base keynesiano) que se ha implementado en el marco de éste proyecto Nacional y popular. Sumado a políticas activas en materia de ingresos y ampliación de la protección social, que han sido determinantes en el crecimiento del mercado interno, en el incremento de la inversión y la mejora de la productividad.
El crecimiento que ha registrado la Argentina en materia productiva estuvo dado principalmente por la fuerte participación de las nuevas firmas MiPyME. Se crearon alrededor de 125 mil nuevas empresas privadas en la industria, comercio y servicios, implicando un incremento cercano al 36% (más del 97% de las empresas nacidas corresponden a segmentos intensivos en mano de obra.)
En miras de las elecciones presidenciales, y en el marco de la agenda económica de discusión instalada en los medios de comunicación, el debate económico pareciera pasar hoy por la disyuntiva acerca de cómo capitalizar nuestra economía. Sin embargo, me parece central no solapar la discusión de fondo, que se vincula a la puja por distribución de la renta.
No es causal que proliferen los debates que propongan soluciones como: achicar la demanda, devaluación, endeudamiento, etc. Tampoco los es que todas estas medidas impacten sobre el factor de la economía que mas vulnerabilidad presenta, que es el trabajo.
Resulta importante entonces, poner en el centro de la mesa que nos encontramos ante una puja distributiva de cara al futuro y allí es donde tenemos que enfocar nuestras miradas cuando analicemos las propuestas económicas de los candidatos presidenciales, que día a día se van visibilizando.
Para ello es necesario tener presente nuestra historia reciente tras la crisis del 2001, a la luz de lo que esta sucediendo en Europa actualmente, especialmente con la situación griega. Claro está que Argentina ha logrado salir de la emergencia y crecer tras la crisis del 2001, por no seguir las recetas tradicionales que proponen la economía “clásica” y la ortodoxia económica, que hoy intenta imponer sus recetas testarudamente en la Europa Actual; sino por incorporar creatividad a las soluciones teniendo claro el objetivo político, en el marco de un nuevo paradigma económico, en las antípodas del modelo “clasico”.
En este contexto, una de las discusiones que se presenta como parte de la disyuntiva del actual modelo económico en Argentina, se vincula con la inflación y quisiera aquí hacer un paréntesis para explicar algunas cuestiones de fondo a tener en cuenta también.
Lo cierto es que el aumento de precios (no especulativos, obviamente) desde un punto de vista macroeconómico keynesiano, es una señal de una economía en crecimiento. Significa que los precios suben, porque se incrementa el nivel de empleo y de ingresos de la población y con ello la demanda de bienes y servicios. De manera que las empresas, como mecanismo de mercado, suben los precios de los productos, mientras se dedican a producir para satisfacer la demanda de las cantidades requeridas para llegar a un nuevo equilibrio.
En este marco, la inflación como eje de discusión es un indicador de fondo, en realidad, de la lucha por la distribución de la renta, como destaque al principio. Una manera correcta entonces, de presentar el tema resulta entonces de plantearlo en el contexto de los dilemas que presenta un modelo económico que propicia el aumento del consumo y del empleo con impacto sobre la demanda e inversión, pero que busca que cada factor de la economía tenga una retribución justa.
Dudemos entonces de aquellos planteos que nos prometen bajar la inflación con rapidez, conceptos como “enfriar la economía” o “achicar la demanda” no son ingenuos en este sentido, significan que la inflación va a bajar, pero a costa de la perdida de empleos y del poder adquisitivo de los trabajadores.
El planteo de bajar la inflación a cualquier precio entonces, no debe ser un objetivo en sí en realidad. A simple vista pareciera una afirmación poco marketinera. Sin embargo, quisiera plantearlo en términos concretos y contundentes. Aquellos que prometen bajar la inflación de un día para el otro, no están pensando en los puestos de trabajo de cada trabajador argentino, no están pensando en mejorar sus condiciones de empleo o salariales. Al contrario, pretenden que sean los mismos trabajadores los que paguen con la perdida de sus propios trabajos e ingresos el costo de bajar la inflación a cualquier precio, porque se estará privilegiando los intereses de otros factores de la economía.
Y cuando ello suceda, ya no nos importará a los argentinos que los precios suban o bajen; es mas, la inflación seguramente descenderá de un día para el otro. Pero ya no será importante, porque ya no tendremos ingresos para demandar los productos que necesitamos, porque no tendremos trabajo y a la larga, tampoco tendremos producción nacional para ofrecerlos. Tengamos las cosas bien claras cuando nos intentan proponer soluciones mágicas.
Nadie duda de que sea necesario otorgar mayor previsibilidad y estabilidad al sistema de precios y el funcionamiento de la economía. Pero la clave esta en poder compatibilizar el crecimiento, con el movimiento de los precios en la economía y la retribución justa de los factores de la economía, especialmente el trabajo.
A veces los debates económicos que se presentan tan complejos para la gran mayoría de la población por su terminología economicista, se resumen en cuestiones muy simples y concretas como la siguiente: vamos o no a seguir defendiendo el trabajo argentino?
No creo que haya un argentino que dude sobre la respuesta.