OPINIÓN

El PRO odia lo que huele a Pyme

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La mayoría de esas actividades culturales se realiza en lugares casi clandestinos porque el Gobierno de la Ciudad persigue los espacios culturales. Así de insólito.

Mandame un mail o escribinos por Facebook y yo te paso la dirección, pero no la publiques», es la consigna. Una banda de música en leve ascenso, un grupo de teatro independiente, la presentación de un libro o una revista a pulmón, son hechos culturales que se multiplican en la Ciudad de Buenos Aires y le dan ese valor que todos extrañamos cuando estamos lejos. Sin embargo, la mayoría de esas actividades culturales se realiza en lugares casi clandestinos porque el Gobierno de la Ciudad persigue los espacios culturales.

Así de insólito.

Parecía que con la sanción por unanimidad de la Ley de Centros Culturales en la Legislatura iban a terminarse los cierres arbitrarios. Pero no sucedió porque la decisión de las habilitaciones sigue en manos de la AGC (Agencia Gubernamental de Control), que dio sobradas muestras de ineptitud cuando se desató la crisis de los talleres clandestinos a raíz de la muerte de trabajadores y niños.

Pocos días atrás, los porteños asistimos atónitos al cierre del Café Vinilo, un espacio en el que actuaron los artistas más taquilleros de nuestro medio. Tiempo antes, había sucedido lo mismo con el Konex, un espacio de excelencia artística. Al cierre de esta edición llegó la noticia del cierre del CAFF, Club Atlético Fernandez Fierro, en el Abasto. Pero con el cierre de las milongas se termina de desnudar lo perverso de la trama. La AGC ni siquiera destina personal para asesorar a quienes quieren encuadrarse en la normativa o demostrar que ya están encuadrados.

La cultura de Buenos Aires funciona como una máquina heterodoxa que todas las noches de la semana crea, consolida, muestra y reúne a sus habitantes en torno de las mil corrientes artísticas hacia el interior de cada uno de los géneros. ¿Qué debería hacer una administración preocupada por garantizar la seguridad de esas pymes de la cultura? Brindar asesoramiento, financiación, acompañamiento. Nada de eso. El PRO odia todo lo que huele a pyme. Al PRO le encantan los recitales multitudinarios en los que se gasta mucha plata, como el de Ricky Martin. Pero la lenta construcción cultural, el día a día en el que millones de personas participan de eventos artísticos para 40 personas, no.

A esos espacios les cae la clausura.

Casi escribo censura.

Fuente: Infonews

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