OPINIÓN
«El episodio de Carta abierta y la necesidad de recuperar la figura del compañero», por Erica Farcic
volanta
Esta comenzando la campaña y a esbozarse el camino hacia las PASO. Después de la bajada de línea de la Presidenta de depurar las pre candidaturas, frente a la existencia de una multiplicidad de candidatos dentro de la interna del PJ, finalmente han quedado dos posibles fórmulas: la de Florencio Randazzo por un lado y Daniel Scioli por otro. Pero a diferencia de otras contiendas dentro del PJ, ésta parece tomar un cariz que nunca antes ha tenido una interna del PJ, la de la violencia discursiva. Algo que a los analistas políticos nos sorprende y a los militantes nos entristece.
Una de las grandes fortalezas del PJ a lo largo de la historia argentina ha sido la de su organicidad. El peronismo se ha caracterizado por tener una identidad, que mas allá de las diferencias internas que han sido incluso antagónicas, ha constituido su gran fortaleza a la hora de gobernar y también de ganar elecciones. Esta fortaleza radica principalmente en una particularidad: la capacidad para sintetizar las contradicciones internas y superarlas hacia adentro.
De este modo, cada vez que se disputan liderazgos dentro del peronismo, el resultado pone en marcha un mecanismo de funcionamiento que posibilita el alineamiento de todos los dirigentes y militantes, una vez superado el debate. Es decir que, el partido funciona orgánicamente, se encamina a apoyar la voluntad mayoritaria. Digamos que esta lógica de funcionamiento forma parte de la cultura política del peronismo.
Allí la figura del “compañero” resulta clave para entender la construcción de un “nosotros” que constituye su identidad partidaria. La figura del compañero es un código de vinculación entre pares y el hilo que une a cada integrante bajo el paraguas de un gran dogma.
Es esta misma figura la que no solo nos conforma como sujetos políticos, sino la que traza el limite hacia afuera, dibujando la línea diferencial entre “nuestro proyecto” y otros proyectos. Por eso, mas allá de las diferencias que puedan suscitarse eventualmente, existe un horizonte de unidad que engloba y trasciende a cada militante individualmente.
Hacia adentro del peronismo pueden existir diferencias y hasta incluso ser enfáticas, pero nunca éstas son irreconciliables; porque hay una identidad que posibilita la unidad. Es por eso que los modelos de disputa hacia adentro del partido nunca poseen como componente la violencia discursiva. En ello también, radica, vuelvo a decir, la gran fortaleza del PJ. En no escindirse, no fragmentarse, cada vez que se ponen en juego ideas o proyectos. Las ideas se discuten en el marco de una identidad común que insta el respeto y la tolerancia y el resultado es producto de una construcción colectiva que es aceptada por el resto.
Sin embargo, en esta campaña, la discusión por el liderazgo ha tomado un rumbo inusitado. Uno de los candidatos dentro de la interna del PJ, ha planteado un modelo de disputa que rompe con el esquema al que hacemos referencia y por ende, no tiene precedentes en la historia del peronismo. La descalificación personal, la agresión y hasta la burla forman parte de su orden del día de campaña, algo que resulta más que inquietante.
Realmente nos sorprende, no solo a quienes analizamos la realidad política y nos gusta cotejar ideas y discursos, sino también a los militantes, a quienes nos entristece que la figura del “compañero” se desdibuje en ésta lógica. El episodio sucedido la semana pasada en Carta Abierta, es el corolario de una escalada que podría no tener retorno, al poner riesgo no solo el vínculo entre dos dirigentes respetados dentro del partido, sino una cultura política que es la que nos ha llevado a la victoria electoral históricamente.-
Son momentos claves, en los que urge la necesidad de instar a la reflexión, de llamar a la conciencia y de poner en eje el verdadero centro de la discusión que tendremos que enfrentar de cara a las PASO y las generales, porque por delante no solo está en juego una disputa de individualidades, sino una cultura partidaria y por sobre todas las cosas, el destino del proyecto nacional y popular que el PJ tendrá la responsabilidad de defender en estas elecciones.