OPINIÓN
«Infinitivos que develan el futuro», por Osvaldo Tosco
volanta
El infinitivo, en gramática, es una forma verbal que no reconoce finitud. Es así mismo, una forma que exhibe características propias de un sustantivo. Es una manera de expresar la idea de una acción sin especificar las circunstancias de su realización.
El infinitivo permite fijar un objetivo en el tiempo, pues a la idea, se le dará el contenido propio de un escenario, y allí, en ese futuro, transformar la idea en acción, en hecho concreto. Allí la voluntad es decisiva para la concreción del anhelo.
Como aquel famoso “I have a dream…” de Martir Luther King, cuando el Dr King expresaba la visión de su país sin divisiones raciales. El sueño de King se fue plasmando en realidad por la decisión de una buena parte de la sociedad que quería dejar atrás la segregación e incluir a sus hermanos de color en el mapa político, social y económico del país. La determinación que condujo a las acciones concretas que permitieron tal suceso se inscribe en la dimensión de la acción humana, su voluntad, antes mencionada, y el acompañamiento de millones al liderazgo resuelto a dejar en el pasado las rémoras que aun pesaban sobre aquella sociedad de los 60.
Los infinitivos, numerosos, presentes en la sociedad argentina de principios del S XX, que devinieron en una política de inclusión masiva de la clase trabajadora a los derechos sociales que los hizo crecer y conformar una vasta clase media que motorizo el país por décadas, aun guían las esperanzas de muchos, pero están lejos de agotarse y su materialización final es transversal a la sociedad toda.
La inteligencia humana, como las instituciones y organizaciones que se da a sí misma para resolver la complejidad de un mundo cada vez más interdependiente y en evolución constante, tiene, como ellas, una necesidad y una capacidad de adaptación al contexto, que le permite adentrarse al futuro con posibilidades de éxito para el conjunto social que progresa en conjunto.
Sin esa capacidad de adaptación, la evolución se detiene, y con ella deviene el colapso del sistema, que como un organismo vivo, disminuye la calidad de sus respuestas cuando más enfermo está y recupera la plenitud de sus funciones en la medida que su salud se recupera.
Incluir, progresar, crecer, proveer, desarrollar, continúan siendo ideas que materializan el futuro que, por definición, siempre está en camino de ser.
De todos los infinitivos posibles, hay cuatro que son fundamentales para adecuar nuestro sistema, nuestras instituciones y las políticas consecuentes, que permitan concretar acciones y alcanzar objetivos en la sociedad del conocimiento en la que estamos insertos, sin la que no tendremos el destino que deseamos.
Esos cuatro infinitivos, que permitan y faciliten la adaptación al contexto son:
– Descentralizar: la administración, el gobierno, las funciones, la autoridad.
– Flexibilizar: los procesos, los procedimientos, las estructuras, las normas.
– Innovar: la ciencia aplicada, la técnica, las respuestas habituales a los problemas de siempre.
– Integrar: los procesos, el conocimiento, las economías, las regiones, las personas.
La función más importante del líder es abstraer, conceptualizar, proponer los objetivos y acciones necesarias, en un ámbito dado, para alcanzar el futuro en las mejores condiciones de tiempo, lugar y forma.
Argentina, como todo organismo vivo evoluciona, de allí que la propuesta de las cuatro ideas en infinitivo sean consideradas por quien escribe, como básicas para encarar esa evolución y colocarla en situación que le permita aprovechar y acompañar el contexto para la mejor explotación de sus capacidades y potencialidades.
En un análisis objetivo y liberado de las pasiones inmediatas, o las que surgen de necesidades partidarias, podríamos afirmar sin demasiado margen de error que en Argentina se centraliza todo lo que puede ser centralizado, sin mayores consideraciones. Tampoco la flexibilidad es norma, como no lo es la integración que se declama más que lo que se la práctica. Y las condiciones para innovar están acotadas a determinados nichos o sectores, lo cual es, en todo caso, insuficiente.
La modificación gradual de las conductas individuales y organizacionales y su adaptación al medio requieren de la libertad de acción que permite el pleno aprovechamiento de las múltiples oportunidades que el mundo ofrece, al tiempo que posibilita evitar los escollos que nunca faltan en el derrotero que lleva al desarrollo, en todos los órdenes, con las exigencias del siglo XXI.