OPINIÓN
Patagonia – Peronismo y Kircherismo
volanta
Estaba en la provincia de Santa Cruz conversando con concejales, todos peronistas, y me contaban como se habían dado algunos cambios en sus bloques. Unos eran del Frente y otros del Justicialismo, unos habían dado la palabra al intendente de trabajar juntos para el pueblo (el intendente era del Justicialismo y de Peralta) En poco menos de dos horas, uno de ellos deja sin efecto lo hablado con el otro, en realidad el otro dijo que su palabra vale oro y se quedó. Digamos que esto es el pan de todo los días. Que pasó para que uno se fuera al Frente para la Victoria y la otra persona se quedara? Había razones profundas, en el camino vieron algo iluminador o lo convencieron o la palabra es algo que se puede o no cambiar? En la conciencia de cada uno están las respuestas. Los dos hicieron un enroque, cada uno invocando altas razones.
Al mismo tiempo de estas decisiones que alteran la paz y la confianza del pueblo, se lamentan junto a los compañeros de bancadas o con los mismos vecinos de estas insalvables diferencias. Dicen que no entienden, o se hacen que no entienden, del porqué existen estas diferencias. En el norte, como se dice en la Patagonia Austral, existen diferentes peronismos, en la Ciudad pocos, en el conurbano muchos, en las otras provincias también, digamos que siempre existieron, casi como virtud o vicio del movimiento peronista con la intención consciente o inconsciente de ampliar y captar todo lo que puede.
Pero parecería que no es así hoy, en la famosa interna de Cafiero y Menem, un progresismo contra el caudillismo terminó inesperadamente con el surgimiento de un modelo neoliberal, una variante de la que el peronismo se tiene que hacer cargo, y al que no le gusta, revise las boletas, las fotos y las permanentes invocaciones que son documentos hoy arqueológicos. Otros peronismos pueden ser los caudillos del norte, o del mismo Duhalde con sus barones del conurbano. En estos casos parecen más homogéneos, compactos en sus apoyos, en sus necesidades y en sus intereses o negocios, una palabra que la uso de esta forma, para ser ecuánime con aquellos que se dedican a la política para sí mismo o para aquellos que lo ”suyo” lo invirtieron en la comunidad o casi. La magnanimidad es necesaria para estos casos, los dirigentes en estos tiempos son seres muy débiles.
En este peronismo estaba la omertá, el asistencialismo, la obediencia, la lealtad, desde ya con la conocida cláusula “te acompaño hasta la puerta del cementerio”. Esto se cambió, en el “último peronismo”, en humillación, en clientelismo, en sumisión, en “obediencia debida”, algo que nadie pidió más hasta hace poco.
Continuando la charla con los concejales era fehaciente que se hacían los tontos, aunque con razón, ¿quién era yo para confiar? ellos sabían muy bien, por qué si al Frente o por qué no, sabían que habían “jugado mal hasta ahora”, estaban del lado de Peralta, y eso era una especie de proscripción para el pueblo, se sentían mal porque en su “opción de ser libres”, sabían que perdían inversiones para su pueblo, pero se sentían orgullosos de su lealtad, en este caso a su intendente. Lo que si no podían evitar es que también sentían que habían sido abandonados.
El mensaje es claro: no habrá obras de Nación, una lástima porque algunos de ellos habían sabido tener buena relación con el “Lupin”. En la larga charla se lamentaban de esta división otra vez y me preguntaban, como si yo pudiera decir algo más de lo que ya sabían pero que no querían decir.
El kirchnerismo no es peronismo. Lo mismo dicen muchos: que el menemismo no es peronista. Sí, es verdad en parte, porque las banderas pueden ser las liberales o avanzar sobre un estado omnipresente y el peronismo de Perón no registraba en su acta fundacional estos principios, no estaban, pero los dos acuñaron un estilo diferente, me gusta decir que uno es más vale mujeriego y otro putañero, pero si es la mujer o el país realmente no importa.
A la pregunta que le formulé a los concejales de por quién iban a votar, las respuestas fueron diferentes. El más joven se inclinaba por su intendente, por su gobernador Peralta y por Randazzo. Los otros dos por Scioli, y porque el más joven, sin ser K o Camporista, lo veía un tipo aburrido y los otros veían a Scioli como un tipo peronista, pero en qué, en qué se diferenciaban del K.? La respuesta terminaba en algo sensible, poco racional si se quiere, es que los K los cansó, los derroto, en síntesis es el estilo, que finalmente no es solo un estilo sino también hace años que también es contenido.
Los peronistas de Perón no soportan un peronismo contradictorio, o por lo menos no tanto, en Santa Cruz Sergio Acevedo se encontró en un momento con lo mismo, no se creen Teresa de Calcuta pero tampoco pueden ver que las tres banderas flameen sin importar el cómo, en el fondo “sin haberlo pensado” le cuesta creer como a muchos argentinos que la prédica de la justicia social se pueda hacer viviendo como rico y acumulando como capitalista. Suena feo y poco creíble, no estoy hablando de acusaciones, no tengo pruebas y esto no es el tema de hoy, pero si repaso el pasado de los presidente argentinos, desde Julio A. Roca hasta los Kirchner que no hay un presidente tan o más rico.
Me encantaría que como la parábola del “joven rico”, regalaran realmente “todo lo propio” y vivieran como la mayoría de los ciudadanos, pero tengo el presentimiento que los “putañeros” necesitan plata y con la jubilación, que de por si no es baja, no alcanza. Es por eso que existe un peronismo que, con muchos defectos, no quiere llegar a este punto de contradicciones y de violencia, no encuentra el camino todavía, sabe que necesita de otro peronista o de personas capaces y buenas para sacar a éste. Estos concejales lo saben, se lamentan, no quieren vivir en una dialéctica constante, saben que perjudica a su país y aunque no les convenga, saben que su pueblo se deteriora, no hay mucho más tiempo y “Dios” se canso de esperar que aprovechemos nuestro talentos, sean estos recursos humanos o pródigos de riquezas territoriales.
Hernán Stillger