OPINIÓN

«La VII cumbre de las Américas: la evidencia de un nuevo orden de relaciones hemisféricas» por Erica Farcic

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Tras la VII cumbre de la Organización de Estados Americanos, histórica ciertamente, ya que en ella participó Cuba, después de décadas de exclusión desde 1962 y en el marco del acercamiento entre la Isla y EEUU, cabe preguntarse cuál ha sido su impacto en la configuración de las relaciones regionales y cuáles serán sus consecuencias en el mediano y largo plazo.

Lo cierto es que si bien, no se pudo arribar a una declaración unánime en la Cumbre, por las diferencias expresadas a las que haremos referencia posteriormente, los resultados son más que interesantes en materia de impacto en las relaciones hemisféricas.

Pero antes de adentrar en un balance, es importante hablar de los antecedentes de la OEA en la región para entender la importancia de lo sucedido en la última Cumbre. Recordemos que la Organización de Estados Americanos, como organismo multilateral surge a fines de la década del cuarenta, en 1948 como resultado de un nuevo orden mundial, imperante pos segunda guerra mundial, marcado por la lógica de la guerra fría y el hegemonismo de EEUU en la región, que tenía su base en la doctrina de política exterior del efecto dominó elaborada por George Kennan (que suponía un efecto de expansión del comunismo a nivel territorial).-

En este marco los objetivos de la Organización, estuvieron signados bajo la lógica de la contención que expresaba la interpretación de la doctrina Kennan y respondían al liderazgo de EEUU en la región. De modo que después de la revolución Cubana y su alineamiento con la Unión Soviética, la expulsión en 1962 es el resultado de los inicios mas calientes de la guerra fría.

De este modo, lo que quiero resaltar es que, tras la creación de este organismo, se gestó en realidad un esquema de relaciones internacionales hemisféricas que respondía a las necesidades de política exterior de Estados Unidos en la región, en el marco de la guerra fría. Con ir al detalle de la actuación de la OEA, posterior a su creación (intervención de República Dominicana en 1965 para impedir el triunfo del movimiento popular constitucionalista, la agresión a la pequeña isla de Granada 1983 o la invasión a Panamá en 1989, entre otros), se pone claramente en evidencia. Ahora, cabe decir entonces que cuando hablamos de LOS ORÍGENES DE LA OEA, estamos hablando de la política exterior norteamericana.

Pero, en que consistió la política exterior de los Estados Latinoamericanos en los años post creación de la OEA? Los pocos intentos independentistas, o autonómicos de política exterior tanto a nivel individual como a nivel colectivo se frustraron con golpes, invasiones y debilitamiento económico, que de una u otra manera fueron acompañados por este sistema interamericano.

De modo que el resultado de éste esquema de poder en la región, signado fuertemente por la guerra fría, fue de debilitamiento para los países latinoamericanos a nivel económico, político y en materia de política exterior.

Después, sobrevino el fin de ésta Era, con la caída del muro de Berlín y el cambio de los esquemas de poder a nivel mundial; marcado por el ascenso de nuevas potencias económicas como China, Japón y bloques económicos como la UNION Europea, que definitivamente trasformaron la estructura del sistema internacional.

Mientras tanto, hacia fines de los noventa, en un contexto de crisis económica en toda Latinoamérica, se produce un viraje político a partir de la irrupción de gobiernos con programas progresistas como los de Venezuela con Chávez, Correa en Ecuador, Kirchner en Argentina, Lula en Brasil, Evo en Bolivia; sumado a una retirada de EEUU (por razones de política doméstica y de los propios límites de su estrategia expansiva de política exterior) como actor ingerente en la región.

La configuración de poder regional y el sistema de pesos y contrapesos empiezan entonces a cambiar radicalmente en América Latina. Se afianzan los bloques regionales, se fortalecen políticamente el MERCOSUR y el UNASUR y se celebran acuerdos comerciales preferenciales con CHINA.

Las políticas exteriores de los Estados Latinoamericanos en sintonía con sus ideologías populares antiliberales, comienzan a regirse por estrategias autonómicas, que privilegian la geopolítica latinoamericana como unidad.

Esto, definitivamente da vuelta el tablero hemisférico de las relaciones de poder. Si además a ello le sumamos la creación del la CELAC, un sistema multitaleral interamericano del cual no participan EEEUU ni CANADA, estamos hablando de un escenario con características radicalmente distintas a las que existían en los orígenes de la OEA.

De modo que hoy nos encontramos con una America Latina mas integrada, con mayores herramientas estratégicas de negociación, con posiciones políticas autonómicas y con economías fortalecidas.

Es esto justamente esto lo que se ha puesto en evidencia en la última Cumbre de la OEA. Basta tan solo escuchar los discursos de Cristina Kirchner, Rafael Correa, Evo Morales o el mismo Maduro defendiendo a Venezuela frente a la reciente declaración de EEUU (que designa a ese país como amenaza a su seguridad nacional), para dar cuenta de la transformación ocurrida.

En este sentido, uno de los aspectos mas importantes de esta Cumbre es el simbolismo en sí. Porque representa los profundos cambios que ha vivido Latinoamérica en sus seno en los últimos 15 años, que dan muestras de su conciencia independentista, de su vocación de Unidad y de su compromiso de estar a la vanguardia de un proceso de cambio que se está produciendo a nivel global.

Sin embargo, no todo está dicho, ni conquistado, quedan muchas luchas por delante. Una Alerta importante constituye la posición de Uruguay en la Cumbre, a contracorriente de la mayoría de los países de la región, con su alineamiento automático al discurso Estadounidense. Es una grieta en la unidad latinoamericana que se abre en este sentido, que será necesario trabajarla estratégicamente hacia adentro de las instancias de integración en los niveles bilaterales y multilaterales y en diversos planos de trabajo y de contención.

Creo que también la OEA hoy se transforma en una gran plataforma de negociación con EEUU, la muestra de ello es la reciente medida tomada por Obama tras la Cumbre, de sacar a Cuba de la lista de países terroristas. El dialogo propiciado, evidencia resultados en este sentido, que es mover la posición inicial con la que se arribó. No es un tema menor desde lo que significa una negociación.

Por eso, es tan importante que a la par y al mismo nivel siga existiendo la CELAC – el planteo OEA o CELAC es una falsa dicotomía funcional a la estrategia de política exterior de EEUU-, como contrapeso en este complejo sistema de balances y desbalances que significará el futuro de las relaciones hemisféricas.

Lo importante es haber encontrado el camino y que las mismas sociedades sean quienes conducen y guían los procesos de transformación bajo liderazgos políticos lúcidos y comprometidos ideológicamente. Lo vemos en las calles de nuestros países, con nuestras sociedades movilizadas cada vez que quieren dar muestras de apoyo o descontento. Lo vemos definitivamente en las elecciones presidenciales latinoamericanas, que vienen mostrando que los pueblos no están dispuestos a retroceder en estas conquistas.

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