ECONOMÍA

Los libertarios militando la carne de burro: el asado es un lujo

Published

on

La Argentina de 2026 asiste a un fenómeno cultural y económico que desafía su propia identidad: la transformación del asado en un objeto suntuario y el surgimiento de una nueva «épica» oficialista para reemplazar la vaca por el burro. Lo que comenzó como una medida desesperada ante la caída del consumo de carne vacuna —que alcanzó su mínimo histórico en abril— se ha convertido en una campaña activa de comunicación. Desde las bancas del Senado hasta las columnas de salud en los medios, los referentes del ecosistema oficialista han comenzado a militando la carne de burro, presentándola ya no como un signo de empobrecimiento, sino como una elección saludable, económica y hasta «fina».

El asado, un recuerdo

En el país que supo exportar la mejor carne del mundo, el escenario es desolador. Según los datos del mercado interno, el asado ha quedado reservado para una élite, mientras las carnicerías de barrio reportan una caída estrepitosa en las ventas. En este contexto de ajuste en salud y licuación salarial, el Gobierno nacional ha encontrado en la carne de équidos una válvula de escape. La ley argentina ya permite su comercialización bajo estrictos controles bromatológicos, pero la novedad no es técnica, sino política: el intento de dotar de prestigio a un consumo nacido de la carestía.

Los voceros de la «nueva dieta»

La campaña de militancia ha sumado actores de peso en las últimas horas. La senadora oficialista de La Libertad Avanza no dudó en calificar el consumo de carne de burro como un «plato fino», comparándolo con delicias exóticas de Europa para suavizar el impacto del cambio de dieta en los sectores populares. «Es una cuestión de abrir la cabeza y los mercados», deslizaron desde el bloque libertario, intentando despegar la medida de la crisis económica.

A este discurso se sumó la voz de Alberto Cormillot, quien en diversas intervenciones mediáticas explicó los beneficios nutricionales de esta carne. El especialista destacó que sus calorías son mucho más bajas que las de la vaca y resaltó sus propiedades magras. Si bien la información médica es veraz, el timing de la recomendación ha sido leído por la oposición como un respaldo científico al ajuste: cuando la gente no puede comprar carne vacuna, el sistema le explica por qué es «mejor» no hacerlo.

¿Identidad o resignación?

El precio de la carne de burro se posiciona significativamente por debajo de los cortes tradicionales, lo que impulsa su expansión en las góndolas del conurbano y el interior del país. Sin embargo, la pregunta que recorre las redes sociales y las mesas vacías es política:

¿Hasta dónde llegará la resignación de la identidad argentina?

Mientras el Gobierno celebra la «libertad de elección» en las carnicerías, la realidad es que el desmantelamiento de programas como el Remediar y el desfinanciamiento del PAMI dejan a los jubilados y trabajadores con pocas opciones más allá de lo que la militancia libertaria les propone.

En el país de las vacas, el burro ha dejado de ser un animal de carga para convertirse en el nuevo símbolo de una economía que ajusta hasta el plato de comida.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tendencias

Salir de la versión móvil