ECONOMÍA
La trampa estanflacionaria: el 2,9% que el ajuste no logra doblegar
El dato de inflación de febrero, clavado en un 2,9% mensual, ha caído como un balde de agua fría sobre las expectativas oficiales. No solo igualó el registro de enero, sino que consolidó el noveno mes consecutivo sin desaceleración, rompiendo la narrativa de una desinflación inminente. Con una inflación núcleo instalada en el 3,1% y los servicios volando al 4%, la economía argentina ha entrado formalmente en una «trampa estanflacionaria»: los precios no ceden a pesar de que la actividad económica permanece totalmente planchada por el apretón fiscal.
📉 Efecto Pinza sobre el Dólar
Esta persistencia inflacionaria pone en jaque la estabilidad cambiaria. Con un acumulado del 5,9% en solo dos meses y una interanual que trepó al 33,1%, el esquema de micro-devaluaciones (crawling peg) empieza a quedar corto, alimentando el riesgo de un atraso cambiario que fuerce un salto del dólar.
La dinámica es perversa: el Gobierno mantiene la dureza monetaria para secar la plaza de pesos, pero los costos regulados y la inercia de los servicios mantienen la presión, pulverizando el poder adquisitivo en un mercado que ya no consume.
🏦 La sombra del índice suspendido
En el mercado técnico se mira con lupa un dato inquietante: de haberse aplicado el «nuevo índice» anunciado en octubre y suspendido abruptamente en febrero, la inflación real habría perforado el techo del 3,1%. Esta brecha entre la medición oficial y la realidad alternativa que perciben los analistas técnicos sugiere que el piso de la inflación es mucho más rocoso de lo que el Palacio de Hacienda admite, postergando la meta del 1% mensual para finales de un 2026 que asoma cada vez más complejo.
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