POLÍTICA

¿Quién tiró la molotov?: El negocio de romper la marcha

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Otra vez la misma escena. Una movilización masiva, un reclamo que escala y, de la nada, aparece «el» incidente: la bomba molotov, el encapuchado, la piedra justo frente a la cámara. La pregunta no es solo quién la tiró, sino para quién trabaja el que la tira.

¿Violencia real o escena montada?

Es el ABC de la política de calle: cuando una marcha es demasiado grande para ignorarla, lo más efectivo es deslegitimarla.

  • El infiltrado: No es paranoia, es historia. Individuos que no pertenecen a ningún sector, que aparecen para prender la mecha y desaparecen cuando llega el gas lacrimógeno.

  • La foto perfecta: Una molotov cambia el eje. Ya no se discute el «porqué» de la gente en la calle, sino el «vandalismo». El reclamo muere en el momento en que empieza el fuego.

 

El sospechoso de siempre: El que se beneficia

Si el que protesta sabe que la violencia le quita razón y le da la excusa al Gobierno para reprimir, ¿por qué lo haría?

  • El «infiltrado» es la herramienta ideal para limpiar la calle y cambiar la narrativa en los medios.

  • Si hay caos, hay «orden» por la fuerza. Y ese orden siempre beneficia al que está en el poder, nunca al que reclama.

Conclusión: La molotov es, la mayoría de las veces, un favor al oficialismo de turno. Otra vez, una jugada sucia para tapar lo que realmente importa con una cortina de humo y un par de vidrios rotos.

 

 

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