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Irán bajo tensión: Crisis económica, protestas y el fantasma de la injerencia externa

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​Teherán y las principales provincias iraníes atraviesan una de las olas de protestas más agudas de los últimos años. Mientras el gobierno de Masoud Pezeshkian intenta equilibrar el reconocimiento de las demandas sociales con el control del orden público, las amenazas de Donald Trump añaden un componente de tensión internacional a un conflicto de política interna.

El detonante: Un bolsillo asfixiado

​A principios de este enero de 2026, lo que comenzó como un reclamo sectorial en el Gran Bazar de Teherán se ha ramificado por todo el mapa iraní. Los comerciantes, históricos termómetros de la estabilidad social en el país, bajaron sus persianas ante un panorama insostenible: el rial iraní ha tocado fondos históricos (1.45 millones por dólar) y la inflación en alimentos básicos oscila entre el 40% y el 70%.

​Lo que se vive en las calles de Lorestán, Isfahán y Fars es el cansancio de una clase media y trabajadora que ve cómo su nivel de vida se desintegra. Aunque el movimiento comenzó con reclamos económicos, la dinámica de la calle ha derivado en consignas políticas que cuestionan la gestión del régimen teocrático, en un clima que recuerda a las movilizaciones de 2022.

​La respuesta oficial: Entre la reforma y el rigor

​El presidente Masoud Pezeshkian, quien asumió con una agenda de perfil más moderado, se encuentra en una encrucijada. Por un lado, ha declarado públicamente que las demandas de la población son «legítimas» y ha prometido reformas estructurales para eliminar subsidios distorsionados que alimentan la corrupción.

​Sin embargo, el aparato de seguridad estatal ha respondido con firmeza ante lo que consideran ataques a edificios gubernamentales. Los reportes indican entre 6 y 10 fallecidos y cerca de un centenar de detenciones. Para el gobierno, la prioridad es evitar que el descontento sea capitalizado por grupos insurgentes o intereses foráneos, utilizando cierres preventivos de escuelas y oficinas bajo argumentos climáticos para desarticular las concentraciones.

Trump y el retorno de la injerencia no solicitada

​En este contexto de fragilidad interna, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no tardó en irrumpir en el escenario. A través de amenazas directas de intervención militar si la represión escala, el mandatario estadounidense ha vuelto a ejercer un rol de gendarme internacional en un conflicto donde ninguna de las partes locales ha solicitado su mediación.

​Desde Teherán, la respuesta fue tajante: calificaron las declaraciones de Trump como un arrebato de imprudencia e injerencia. Para los analistas internacionales, este tipo de retórica externa suele ser contraproducente: lejos de ayudar a los manifestantes, le permite al gobierno iraní aglutinar filas bajo el sentimiento nacionalista, denunciando que las protestas no son un reclamo genuino, sino un plan orquestado desde Washington.

​El trasfondo geopolítico

​La situación no es aislada. Irán todavía procesa las secuelas de la «Guerra de los 12 días» con Israel de junio de 2025 y busca aliviar las sanciones internacionales mediante gestos en su programa nuclear. El riesgo es latente: una mayor inestabilidad interna podría tentar a actores externos a intervenir, transformando un reclamo por el precio del pan en un conflicto regional de consecuencias impredecibles.

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