ENTREVISTAS
“Uno tiene que permitirse la locura de ir muy lejos”
volanta
Leonardo Sbaraglia, Pablo Echarri y el director Rodrigo Grande, adelantan todos los detalles de Al final del túnel, el thriller de gran envergadura que estrenará el próximo 21 de abril
En una de las salas del coqueto hotel Loi Suites, en el barrio de Recoleta, Leonardo Sbaraglia se ceba un mate. Aclara que la yerba es diferente, orgánica con un toque de ahumado, casi perfecta para el clima otoñal de abril. A su lado, Rodrigo Grande –director y guionista- y Pablo Echarri lo miran mientras se suman a la ronda. Los tres, son protagonistas de Al final del túnel, un poderoso thriller en donde Sbaraglia interpreta a Joaquín, un ermitaño confinado a una silla de ruedas, fumador compulsivo que trabaja como técnico de computadoras.
Su vida cambia cuando Berta, caracterizada por la bellísima española Clara Lago, irrumpe en su vida junto a su hija Betty. La presencia de ambas en la casa es un nuevo despertar para este hombre hasta que unos ruidos provenientes del otro lado de la pared amenazan con complicarlo todo. Joaquín se da cuenta que del otro lado, un tal Galereto (Echarri) y sus secuaces planean construir un túnel para asaltar un banco cercano.
¿De dónde parte la influencia de este thriller?
Rodrigo Grande: Yo no partí de influencias, sino que llegaron después como parte de un trabajo de investigación de ver todo el cine de suspenso. Ahí me acordé del poema de Edgar Allan Poe, El cuervo…son guiños y cosas que son imposibles no tener. Uno tiene que permitirse la locura de ir muy lejos, sabiendo que hay que entretener y no aburrir nunca.
¿Qué dificultades tuvo el filme?
Leonardo Sbaraglia: Frío, tuvimos mucho frío. ¿Por qué se te ocurrió hacer esta película en pleno invierno? –le pregunta al director mientras ríe-. Estamos toda la película en remerita y yo le decía: “La gente en verano también usa saquito” (risas). Yo además tenía que tocar la silla de ruedas que era aluminio, no podía agarrarla porque estaba congelada.
Lo bueno de la actuación es que aprendés un montón de cosas, a andar a caballo, conducir mejor, a bailar griego, a hacer ventriloquía, a boxear. El tema es ver qué le interesa a cada uno, en mi vida me gusta ir para ahí como si estuviera tratando de encontrar alguna identidad. Siempre podés encontrarte en los personajes.
Tu personaje tuvo la mayor demanda psicofísica, ¿cómo te preparaste?
LS: En principio lo lindo fue recibir un guión que estaba buenísimo. Teníamos muchas ganas de trabajar con Rodrigo y no solamente me pareció un gran personaje por la supuesta incapacidad en las piernas, sino un personaje con hermosas posibilidades expresivas. Rodrigo presenta a Joaquín como un tipo que tiró la toalla y la sensación es que estos tipos con los que tiene que luchar, es como si funcionasen como una metáfora a la acción que él tiene que pasar, como que la vida le está dando una nueva oportunidad, y eso es muy lindo.
Tuve la suerte de trabajar con gente que sufrió un accidente muy parecido al de Joaquín en la película, que me sirvió para manejar las dificultades técnicas de la silla. Lo más difícil, además de esa disociación de las piernas, era el tema de arrastrarse por el túnel. Me puse en la cabeza de que se veía si movía las piernas, entonces traté de no moverlas y era durísimo. En España (N de la R: la película es una co-producción entre Argentina y España) estuvimos en un estudio donde se armó todo el túnel que era como una lombriz de 40 o 50 metros y las tomas eran larguísimas, por suerte venía de hacer de boxeador y venía fuerte (risas).
RD: Hay una anécdota graciosa de la segunda vez que nos vimos con Leo. En un momento, veo venir a una persona en silla de ruedas y pensé “qué justo” y cuando se va acercando me doy cuenta que era él y digo: “la puta madre es Leo Sbaraglia”. Era en un bar y estábamos afuera, como hacía frío decidimos entrar y a él se le complicaba maniobrar, entonces todos venían a ayudarlo y la gente se sorprendía de verlo así. Ese es el nivel de compromiso que tiene Leo, que creo que está un poco loco.
Pablo, ¿cuáles fueron los desafíos de ser productor de la película?
-El proyecto llegó a mis manos hace como tres años atrás y quedé muy impactado con la idea y con la calidad narrativa. La utilización de los recursos del género fueron utilizados de manera exquisita por parte de Rodrigo…Él (por Grande)me mintió, me dijo que era barata (risas), fue ahí cuando nos conectamos con (la productora) Vanessa Ragone con quien ya habíamos trabajado y ahí comenzó el proceso real…Siempre fui pensando y actuando acorde para lograr el sueño de poder producir.
En este sentido, ¿cómo fue la composición de tu villano?
-Galereto es fascinante porque carece de nobleza, como los personajes que he interpretado a lo largo del camino y que por cierto son bastante aburridos, este me divertía mucho. Galereto tiene algunos pormenores que me incomodaban, sobre todo por su personalidad pedófila, eso me impactaba negativamente. Después me di cuenta que eso era un disparador para llegar al clímax final. Había que construir un personaje abominable.
Rodrigo me pidió que sea lo más encantador posible en los momentos en donde no ejercía violencia para que luego se sintiera ese contraste.
Fuente: Diario Hoy