ENTREVISTAS
Nicolás Cabré: «La vida me dio y me sacó casi en el mismo momento»
volanta
El protagonista de «El Quilombero» evocó así el nacimiento de su hija y la muerte de su padre. En diálogo con Infobae habló de su relación con la prensa y de su paternidad. Asegura que todo lo que es se lo debe al barrio.
Alguna vez me dijiste que cuando se estrena una película tuya sabés que la crítica va a ser mala. ¿Creés que todavía pasa eso o ya están las cosas un poco más tranquilas?
— Creo que se tranquilizó un poco. Me tranquilicé yo, se tranquilizaron ellos. No creo que hayamos llegado al punto de entendimiento, hay choques y cosas que a mí me gustan o no, las acepto y trato de tomarlas de otra manera.
— ¿Con qué tuvo que ver el cambio?
— La vida te hace cambiar. El nacimiento de mi hija decididamente me cambió y me hizo querer ver las cosas desde otro lado. Necesitaba parar cuando paré. Las cosas que me han pasado las vive todo el mundo, no lo digo desde la victimización; pero sí me di cuenta que a lo mejor estaba en una bola que iba a una velocidad extrema y necesitaba pararla. La vida me dio y me sacó casi en el mismo momento, tuve que parar para escucharla a ver qué necesitaba y qué era lo que me hacía bien realmente. Eso me debe haber cambiado. El hecho de estar más tranquilo se recibió más tranquilo del otro lado, o se dieron cuenta de que no hago un personaje, que es esto lo que soy y se cansaron de decir pavadas y que yo no les responda.
— ¿Sentís que te hicieron peor fama de la real?
— Si me hablaban mal o sentía que no me estaban respetando, sí podía contestar mal. Después se infla, esto es así. Debo haber tenido culpa en todos estos años y en todas estas cosas que se dicen, pero muchas veces empezaban siendo: «Nico, ¿querés venir al programa?», «y no, no me gusta, no me siento cómodo», y ya está, sos el peor del mundo y vas a ver que no sé qué… Obviamente, yo he contestado mal. Si gente que habla un mes mal de mí todos los días y después se me cruza por la calle y me pone un micrófono, la verdad que no te doy ni bola. Si dicen que soy malo que digan que soy malo, no me estoy fijando mucho en eso. Hay cosas que no me gustan y no te las puedo remar. No me sirve, me hace sentir mal.
— ¿Cuánto de la gracia que tenés arriba del escenario la tenés en la vida?
— Muchas veces el escenario o una cámara de televisión me permiten hacer cosas que jamás haría, no me animaría. Debo admitir que muchas de las cosas que a veces me permito hacer me divierten a mí también. Es una libertad o un permitido que me tomo para hacer esas cosas que no haría.
«QUISIERA SER CON MI HIJA EL DOS POR CIENTO DE LO QUE FUE MI PAPÁ CONMIGO»
— ¿Sos tímido?
— Sí. Muchas cosas me dan vergüenza. Prefiero la tranquilidad, pasar desapercibido.
— ¿Qué cosas de tu papá encontrás en vos como papá de Rufina?
— Quisiera ser el dos por ciento de lo que fue mi papá conmigo. Ojalá me parezca mucho. Estoy aprendiendo y hago mi camino. Las realidades de mi viejo y la mía son diferentes, él trabajaba mucho.
— ¿Era taxista?
— Era taxista y no tenía tanto tiempo. Hoy por hoy, yo tengo la posibilidad de estar mucho tiempo con ella. Y disfruto mucho.
— ¿Qué te quedó de tu papá?
— Todo. Mi viejo era mi ídolo y era una persona increíble. Muchas veces era el que me tranquilizaba, cuando hablaban mal, cuando decían cualquier cosa, mi viejo sabía quién era y jamás me vino a preguntar absolutamente nada. Sabía lo que había hecho y lo que de ninguna manera haría. Mi viejo era lo más.
— Rufina tiene ya dos años y medio ¿Se queda a dormir con vos?
— Sí, desde muy chiquita. Nosotros apenas nos separamos siempre la tuvimos los dos los mismos días. Crecer al lado de ella, verla feliz y ver lo que es… yo soy el hombre más feliz del mundo con Rufina.
— ¿Qué hacen juntos?
— Todo, es súper compañera. Las cosas tienen su lado positivo y negativo, la separación, una de las cosas positivas que tuvo fue que me dio la relación que tengo con Rufina; de otra manera no la hubiese podido tener.
— Que buena separación que tuvieron. Ambos, en cuanto a la paternidad y la maternidad, hablan fantástico del otro.
— Fue así, nos separamos y tenemos una gran relación. No quiere decir que estemos siempre de acuerdo. Cada uno con sus ideas y con su manera de ser prioriza a Rufi. Se crió y vivió hasta el día de hoy con mucha paz. Con la China nos juntamos, hablamos. No es que paso por la puerta, me llevo a la nena y hasta luego. La verdad que estuvo todo pensado para beneficio de Rufi. Ella no tiene muchos recuerdos de la China y yo juntos, pero siempre nos ve bien.
— ¿Ya te está pidiendo hermanitos o todavía no?
— No, no.
— ¿Querés tener más hijos?
— La vida dirá. Sí tiene que pasar, pasará. Hoy por hoy estoy muy tranquilo, ni pienso en eso.
— Siempre se habla de tus conquistas ¿Te han cortado el rostro?
— Sí. Muchas veces, como cualquiera.
— ¿Lloraste por amor alguna vez?
— No. He sufrido, pero siempre fui real, no soy muy rebuscado para eso.
— ¿Queda dañado el ego?
— Sí, me voy a casa muy mal, rezando para que no se sepa (risas). No, es la vida. Soy una persona muy normal, después lo que se construye o lo que se dice… te puedo asegurar que cuando hablaban no tenían ni la menor idea.
— Cambiando de tema ¿Tenés opinión de la ley de actores?
— No estoy muy informado. Nadie me la supo explicar exactamente. Vi que muchos celebraron y creo que hay varias cosas, escuchando diferentes campanas, que no son muy beneficiosas para el actor. También me han dicho que, cuando nace la ley, mucho tiempo atrás, era otra cosa, casi una jubilación interna de actores. Ahora ya se transformó. No podría decir que estoy de acuerdo o en desacuerdo. Me parece sí, que sería algo que debería pasar, no sé si de esta manera o cuando me la expliquen, por lo que me van contando decís: «No, para»
— De política nunca opinaste mucho ¿No te interesa?
— No, no es algo que entienda. No le creo a ninguno y no tengo una filiación. También debe tener que ver con mi familia. Tengo recuerdos que mi abuelo era peronista, radical, o había otro peronista, y cuando se armaban las discusiones de política alguien siempre gritaba: «En esta casa de política no se habla». Me habrá quedado un poco eso. Entiendo, respeto y valoro a la gente que piensa o que tiene sus ideologías; no me gusta cuando ya la discusión se va para otro lado. Cuando pasan esas cosas, el texto único que se escucha en esas discusiones de política mío es: «Chicos, hablemos de otra cosa». No es algo que me apasione. Sí puedo tener más afinidad por uno que por otro. Pero si me decís ¿les creés? Y, la verdad que no.
— ¿Qué más quedó del barrio?
— Mis amigos, mi familia sigue estando allá. Yo soy eso. Voy a visitar a mi mamá y me encanta caminar con Rufina por ahí, me gusta que viva el barrio con su prima. El barrio es lo que me hizo ser lo que hoy soy porque todo estaba ahí, mis abuelos, mi papá, todos.
— ¿Cómo estás viviendo el éxito de El quilombero?
—Con tranquilidad. Desde la primera reunión, más allá de haber leído la obra y que es un tren, era la tranquilidad de tenerlo a Gustavo Yankelevich en la producción, saber que está Arturo Puig en la dirección. Contar con Luis Ziembrowski, con Marcelo De Bellis, con Huevo Müller, con Mercedes Oviedo y con Mauricio Macu. Saber que se iba a trabajar y que todo iba a estar puesto en base a la obra. El trabajo está pensando en que la gente no se vaya defraudada. Hoy por hoy no es fácil la decisión de ir a pagar un ticket a la boletería y cuando se ríen, cuando notás que la pasan bien y que se van contentos es una tranquilidad.
— Hay una producción importante, hay plata puesta en el escenario, no es un telón negro, dos chistes y dos chicas.
— No, es que es eso. Una vez que se levanta el telón cualquiera que ve la escenografía se da cuenta que no es una escenografía barata. No son tres paneles… Hay mucho trabajo atrás de la obra. Se apostó y hay un gran respeto hacia el público, porque también se podría usar como excusa esto de que está difícil. También está difícil para el teatro y se podría escatimar en algunos gastos, acá hay trabajo, hay una puesta.
— ¿Se la subestima a la gente en algunas propuestas?
— Sí a veces se subestima, en todos lados, en la televisión, en teatro. Lo que nosotros hacemos, no tiene golpes bajos, no cae en nada burdo, no es necesario que yo me saque la remera ni que le levante la pollera a Mercedes. Después la gente decide qué ver. Cada uno hace lo que quiere… Yo no lo iría a ver, pero hay gente que sí lo disfruta y está bárbaro.
— Para terminar, ¿qué te dirías en una charla imaginaria con vos mismo a los 10 años cuando arrancaste?
— Me acuerdo lo que me decía mi papá o mi abuelo: que no deje de ser yo. Con la tranquilidad que tenían ellos de saber cómo me habían educado.
— ¿Salió bien?
— Creo que sí. La pifió también. Mi vieja está muy tranquila, sabe los dos hijos que crió.