ENTREVISTAS

El Almodóvar que opera en las sombras

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Agustín Almodóvar no sólo es el hermano del famoso Pedro, también es su hombre de confianza y el productor de sus películas: “Debo ser silencioso, un gestor en las sombras”, afirma este licenciado en Química que también produjo “Relatos salvajes” y “El clan”. “Argentina tiene un cine distinto al resto, es valiente y habla de su política, su sociedad y su pasado sin miedo”.

“Soy patológicamente tímido. Con las entrevistas no me llevo, me bloqueo un poco, pero sabiendo que eras de Argentina decidí aceptarla. Es la única que haré”. Agustín Almodóvar, de más está decir, es el hermano de Pedro, el gran director manchego. Pero Agustín, que no se parece en nada, es mucho más que ese vínculo sanguíneo: es la mano derecha, la persona de confianza, el que se encarga del “trabajo sucio”, el productor de todas las películas de Pedro desde hace treinta años, a partir de “La ley del deseo”, en 1986.

¿Por qué tanta tímidez con un hermano como Pedro?
_Bueno, justamente por eso. Con lo extrovertido que es Pedro, con lo protestón y desinhibido que es… ¿qué podía hacer yo? Me escondía detrás de él, siempre estaba con Pedro, que era mi imagen y mi voz. Pero con los años y con los retos que me daba mi hermano, aprendí a ser un poco más desenvuelto. No tuve opción, pero fue un sufrimiento. Hasta tuve que retirar premios, hablar en público y quedarme mudo, bloqueado…

Es raro estar en el mundo del cine y sentir alergia a los flashes…
_Es que yo tengo claro que la figura es Pedro, él es la imagen del éxito. Mi trabajo, para que sea bueno, tiene que pasar inadvertido, debo ser silencioso. Yo soy un gestor en las sombras.

Poco se sabe de este grandote de rostro redondo, calvo, de 59 años, que vive en Madrid y que se licenció en Química. “A veces me pregunto por qué no me dediqué a lo mío”.

¿Y qué te respondés?
_Que el cine me tiene atrapado, me cogió de las solapas y no me dejó nunca más. Tampoco hice mucho esfuerzo por querer escapar, je. Ojo, tampoco soy un acomodado… Empecé siendo el barrendero de los decorados de las pelis de Pedro, luego el que servía el café, después el meritorio y, de a poco, me fui metiendo cada vez más. Pude ver los movimientos de la productora hasta que arranqué como asistente de dirección, hasta que Pedro me delegó toda la confianza, que es lo que él necesita.

¿Cuán importante sos para Pedro?
_Él dice que mucho, porque sabe que me puede pedir lo que quiera, y que yo moveré cielo y tierra para conseguirlo. Yo vivo para complacerlo. A veces lo que me pide es imposible, pero intento hasta el final. Y trabajar así a él lo deja tranquilo y no le resta energías a la hora de crear.

¿Cómo es trabajar con Pedro? ¿Nunca te dieron ganas de pegar el portazo y no volver?
_Uffff, muchas veces. Pedro es difícil, muy exigente y perfeccionista, lo que nos ha llevado a gritar y discutir. Yo ya estoy acostumbrado, durante el rodaje tenemos ese vínculo de amor-odio que es normal. Pero también lo veo sufrir a la hora de la creación porque él trabaja por la pasión que siente por el cine, no para ser más famoso o ganar dinerillo. Y ten en cuenta de que somos hermanos y a los cinco minutos ya estamos bien. Termina primando la sensatez y la lógica. Nos hablamos de “tú a tú”, entre nosotros no hay diplomacia posible, tampoco hipocresía.

¿Estudiaste producción o sos un autodidacta?
_Yo no estudié producción. Lo mío es pura intuición, igual que Pedro, que no estudió cine. Ambos nos hemos formado en la calle, viendo infinidad de películas, pero no tenemos ninguna preparación académica. Queríamos estudiar, pero en aquella época el general Franco cerró las escuelas de cine, porque eran foco de izquierdistas, imagínate.

Por tu labor, que tiene más que ver con lo material y los negocios, ¿has perdido el amor por el cine?
_Bueno, a veces hago el esfuerzo por no perderlo. Yo hoy pienso en cómo vender una película, en cuánto dinero puedo conseguir, pero intento recuperar ese romanticismo produciendo otro tipo de films, extranjeros, como los de Pablo Trapero, Damián Szifrón o Lucrecia Martel, gracias a quienes recuperamos el amor por el cine.

¿Qué le ven al cine argentino que los cautiva tanto?
_Riesgo, audacia, valentía. El cine argentino no mira a Hollywood, habla de su sociedad, de su política, apunta al pasado, a sus épocas negras sin temor, cosa que no podemos hacer en España, donde nos cuesta mirar para atrás, en ese aspecto tenemos más complejos. Para nosotros, producir cine argentino es una apuesta, no tenemos ganancias aseguradas, pero es el riesgo que decidimos tomar. Por otra parte, Pedro y yo venimos de una familia muy humilde, que nunca tuvo nada, que vivió con lo justo, por lo que no buscamos sólo plata produciendo cine. La libertad de acción es más importante que todo el dinero que nos puedan dar.

¿A partir de qué decidís que tal película hay que producirla?
_Veo mucho cine, siempre estoy a la caza de películas pequeñas, de directores valientes, y apelo a la intuición, nada más. Tengo el instinto muy trabajado y pocas veces me equivoco, pero no tengo una fórmula.

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