ENTREVISTAS
Diego Scott: Un provocador profesional
volanta
Hizo escuela con Peña en radio, brilló junto a Pettinato en tele y se destaca en la obra “Pucha”. No tiene problemas en reírse de Nik, su compañero en “PPT”, y afirma que se perdió el humor político. “Hay mucha sumisión”, dice Diego Scott.
Polera gris ajustada, pantalón oscuro y un i-pad en la mano. La única luz encendida en la sala más grande del Paseo La Plaza lo ilumina a él.
Desde afuera los espectadores no se imaginan la presión que vive por dentro Diego Scott en ese instante. El éxito que tuvieron los anteriores “Canchero” y “Más canchero” se convirtieron en un teatro lleno de periodistas y famosos con una gran expectativa por ver qué será esta nueva propuesta, “Pucha” (junto a Malena Guinzburg, Fernando Sanjiao y Pablo Fábregas). Y ahí está él, con su característica forma de hacer stand-up, la que lo llevó a estar entre los mejores, interpretando a un pobre aspirante a Steve Jobs, que quiere dar una charla de tecnología pero no encuentra el camino. “El humor es muy cruel y muy directo. Si funciona escuchás risas”, explica el humorista que también trabaja en el equipo de Lanata en “PPT” (El Trece) y tiene su propio programa en Comedy Central. Con Scott la respuesta también es directa: el recinto estalla de risas. Prueba superadísima.
Arrancó a mediados de los 90 en Radio Palermo, pasó por Splendid y llegó a Radio América, cuya FM aún estaba naciendo. Se llamaba Metro y el nombre Fernando Peña comenzaba a convertirse en mito. “Su locura fue desencadenando en todo lo otro. Peña me hizo cambiar mi punto de vista de todo, en especial del teatro. Viéndolo aprendí un montón de cosas. Me dio confianza para involucrarme en comedia, fueron cosas que no pensé pero sabía que me iban a llegar en algún momento”. Estuvo diez años haciendo producción hasta que llegó a hacer aire y terminó siendo el heredero de “El parquímetro” luego de la muerte de Fernando. En teatro también fue creciendo y entró en la tele, donde tuvo mucha repercusión con su Doctor Felipe en “Duro de Domar”. Así llegó a este presente con mucho protagonismo en diferentes plataformas y siempre haciendo reír. “Yo no planifiqué nada fueron apareciendo las cosas y siempre traté de estar preparado para todo”.
Cuenta Diego que la relación entre el grupo Canchero es tan buena que les cuesta ponerse a trabajar, que hay una puesta en común sobre los monólogos “para que todo sea parte de un todo” y que no hace falta que te digan nada para saber si un chiste es bueno o no: “Escuchás risas: está bien, hay silencio: está mal”.
¿Cómo pensaste en este personaje para “Pucha”?
Nos gusta reírnos de las cosas que están en boga. Antes estaba la onda del palermitano, twittero, vegano y el chiste iba por ahí. Cuando empezamos a pensar en qué cosa está de moda ahora de la que nadie aún se ríe, me di cuenta de esto: todos hablamos de neurociencia y hay muchos libros del tema. Acá hay algo de que reírse, la revolución de la tecnología, una charla tipo Ted con un concepto y un principio emotivo, mi personaje quiere dedicarse a la divulgación científica pero no la entiende del todo.
Hay un palito a Nik también, con quien trabajás en “PPT”…
Este año no estoy tan involucrado en la producción, ahora sólo hago de Macri y otras imitaciones, así que no lo veo mucho a él. Pero lo de Nik es algo que circula en internet y el teatro guarda un poco ese espacio de rebeldía. Se caracteriza por ser un lugar en el que se dicen cosas que en otros lados no se pueden decir, porque lo que pasa es un hecho teatral. Es algo que le da valor a “venir a ver”, porque lo que pasa ocurre en esa sala y no es lo mismo que los otros medios. Forma parte de la rebeldía teatral.
¿Tuviste consecuencias por estar en un ciclo como el de Lanata?
No, nunca me pasó. Hay más mito de lo que es en realidad. Este año grabamos mucho menos, pero antes, cuando grabábamos en la calle, nunca nos pasó nada. La gente viene y saluda y tiene buena onda. Es un miedo más que algo concreto.
Hace un tiempo decías que querías hacer un programa de humor político ¿sigue estando ese sueño?
Me gustaría, me parece que en estos años la sumisión política dependiendo a quién suscribas es un flagelo que sufrimos. Tiene que haber alguien que no respete a nadie, pero empiezan a aparecer los pruritos, de decir: “bueno no podés pegarle siempre a un solo lado, tenés que ser equilibrado”. Yo veía a Tato y él le pegaba una hora al Ministro de economía y nadie le reclamaba nada, y si le pegaba a la oposición tampoco. Se perdió eso de burlarse del que se burla de vos, pero es necesario que nos riamos de todos. Además hay un trabajo de guión que tiene todo un arte y eso yo lo valoro. Eso se perdió en la tele.
¿Falta el contexto para hacerlo?
No encuentro al medio que se atreva a hacerlo. ¿Dónde lo hacés? Más allá de quién se atreva a ponerlo al aire, tampoco sé si hay consumidores. Algo así ya no tiene espacio en aire, tal vez en cable, pero en cable no se invierte. Destruimos el mercado para que se pueda hacer, hay miedo político y no hay plata.
Nota : Santiago Puddington
Fuente: La Razón