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Fernán Mirás: «Antes en el trabajo era muy obsesivo y sin tregua»

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–¿Qué te enorgullece de tu actividad?
–Me parece que mi curiosidad. Siento que tengo mucha suerte de seguir interesado en mi laburo, y no es mérito mío sino que pasa así y entonces me da orgullo que me pase.

–¿Qué no te gusta?
–Cuando no se comparte, cuando no se trabaja en equipo. Es un trabajo que depende de lo grupal entonces no me gusta cuando se vuelve muy egoísta algún área o siento que alguien se lleva cosas para su quinta y no es generoso con los demás.

–¿Qué cambió en su forma de trabajar a lo largo de los años? ¿Qué aprendiste y que descartaste?
–Antes era muy obsesivo y sin tregua. Ahora aprendí a dosificar más cuándo trabajo y cuándo descanso. En parte, me costaba descansar porque me gusta mucho mi trabajo y en las vacaciones seguía haciendo algo. Con los años siento que hay un mecanismo de agarrar algo y soltarlo, dejarlo descansar y volverlo a agarrar. El inconsciente hace parte del trabajo. Si me pongo a estudiar la letra cinco horas sin parar antes terminaba quemado y ahora estudio de a cincuenta minutos y paro. Descubro que hay un mecanismo del inconsciente que hace parte del trabajo como cuando uno consulta con la almohada. Con los años aprendí a que eso existe. Obviamente me quedaba hasta cualquier hora ante un problema y ahora lo suelto y se soluciona. Ese es un aspecto de los años de laburo que más me da placer: haber podido confiar porque lo hace más placentero, y te sorprende más a vos mismo. Parte de eso lo aprendí de Gandolfo que decía que el actor sabe que tiene que resolver un problema entonces el inconsciente también está trabajando y por ahí lo dejás al problema dos días y después aparece una solución.
–¿Qué manías tenés en el trabajo?
–Llegar temprano y cierta obsesión con la letra. Me hace gracia… No soy cabulero, nunca quise depender de cábalas entonces trato de hacer cosas diferentes, no hacer siempre lo mismo, pero encuentro que tengo otras obsesiones que son mis maneras de tener cábalas, entonces me trampeo a mí mismo. Cuando debuté en teatro alguien me regaló algo y me dijo que tenía que tenerlo todo el tiempo en el bolsillo y yo lo dejé en el camarín porque si lo pierdo me mato, tengo esa sensación. Una de las obsesiones es la de chequear la utilería, es algo que no puedo no chequear. Me pasa aún confiando muchísimo en el asistente, cada tanto logro no ir a mirar pero me resulta muy difícil.

–¿Cuál es tu mejor forma de concentrarte para trabajar?
–Vocalizo antes. Los otros días veía a alguien haciendo un mantra, que no sé ni cómo funciona, pero tengo la sensación de que es lo que hago al vocalizar, como si hiciera un mantra, sin darme cuenta. Yo leo una obra en voz alta antes de la función siempre, o en la televisión. Me ha pasado que antes de hacer una escena en la televisión que me voy atrás a calentar la voz, vocalizando y me di cuenta que eso me concentra. Es como un mantra que me orienta por la costumbre. En una época laburaba mucho con música pero en los últimos años me distrae y necesito silencio.

–¿A qué querías dedicarte de chico?
–Tenía la fantasía de ser músico pero después la de ser pintor. Estudié Plástica de muy chico y después estudié en Bellas Artes en la secundaria. Esa fue mi primera fantasía.

–¿Seguís pintando o dibujando?
–Lo dejé. Empecé a actuar a los 17 y por varios años seguí dedicándome, pero en un momento el trabajo me empezó a quitar mucho tiempo y cuando volví a hacerlo había perdido mucho el training. En ese momento me dio mucha bronca haber perdido la habilidad. Cada vez que lo he intentado me he frustrado.

–¿Hay un libro que te acompañe?
–Sí. Te puedo decir que Rayuela me marcó y podría volver a leerlo siempre, pero el libro Conversaciones con Scorsese es el que tengo presente. Durante años lo volvía a leer y me inspiraba, nunca sabré por qué. Pero habrá sido cierto amor por el cine, algo descubrí. Me pasa con algunas películas, como El Padrino, que la ves y te dan ganas de actuar.
–¿Cuáles son los discos a los que volvés?
–Uno es El lado oscuro de la luna (Pink Floyd) otro es Artaud (Pescado rabioso), alguno de The Beatles y de los Stones. De ellos no podría elegir uno solo.

–¿Qué recitales te quedaron grabados?
–Cuando los Rolling Stones vinieron a la Argentina por primera vez. Tengo grabado el momento en que arrancó: empezó con un seguidor, Keith Richard –»Satisfaction»– tocando la guitarra. No me olvido más de ese momento. También uno de The Police, porque yo tocaba la batería y tenía una admiración enorme por Stewart Copeland, recuerdo que fui muy temprano y me puse muy adelante. Empezó y recién en el tercer tema me di cuenta que estaban los otros dos.
–¿Qué proyectos tenés sin cumplir y que sí o sí querés hacerlos?
–Supongo que uno es dirigir cine y estoy a las puertas de eso.

–¿Viajás?¿Te gusta?
–No soy muy viajero. Soy muy de mi casa, y me gusta mucho cuando vuelvo a Buenos Aires. Sobre todo, me gusta la sensación de volver.

Fernán Mirás protagoniza Viudas e Hijos del Rock and Roll que se emite de lunes a jueves a las 23 por Telefe.

Fuente: Tiempo Argentino

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