ENTREVISTAS

No te va a gustar: «Ya pagamos el derecho de piso»

volanta

Published

on

Después de haber cumplido todos los pasos que hacen que una banda de rock sea considerada grande (o sea, lograr sonar en muchos lados, ser conocidos por gente fuera del ambiente del rock), No Te Va Gustar llega por primera vez al estadio de Vélez, con El tiempo otra vez avanza, su último disco, en la mira. Dará dos recitales el fin de semana que viene.

«Desde el punto de vista anímico no es fácil afrontar esta parada porque nos da una alegría bárbara. No nos da mucho nervio el hecho de la cantidad de gente; sí de que nos salga bien todo: desde los chiches y todo lo que preparás para esa noche hasta el clima que puedas generar», asegura Emiliano Brancciari, guitarra y voz líder de esta banda uruguaya que logró hacerse cuasi argentina a fuerza de recitales llenos y de una familiaridad creciente con lo local.

«Van a ser cerca de dos horas y media de recital», avisa. «Además de los temas clásicos, pensamos tocar todos los del disco nuevo. El desafío, entonces, es mantener entretenida a la gente todo ese tiempo. Como te decía, no nos asusta la cantidad de gente. Es más facil tocar para mucha gente que tocar en un lugar para 200 personas.»

–Por ahí es algo que le comentan a una banda amiga, que a veces reviste mayor presión en La Trastienda uruguaya o similares, que en lugares multitudinarios.
–Sí, totalmente. Y, de hecho, a nosotros nos sigue pasando porque estamos empezando de cero en varios lugares de Latinoamérica. Es más difícil porque en un caso tenés el cara a cara y la mirada de la gente, y del otro la energía, el movimiento y los gritos, pero sin personalizar, lo cual es más manejable.

–¿Recordas algún momento de cercanía con el público que haya sido particularmente desafiante?
–Lo que más nos cuesta es tocar en Montevideo. O sea, nos encanta, pero es donde más nos sentimos a prueba, paradójicamente. Y el segundo es acá, en Buenos Aires. ¿Por qué? Porque tanto allá como acá tenemos amigos, familia, vecinos, toda gente conocida que de alguna manera te está evaluando y uno quiere quedar bien con los que más te quieren.

–Por otro lado, ya están acostumbrados a presentar temas nuevos que rivalicen con los viejos.
–Sí, estamos acostumbrados al pedido. Pero también lo que nos pasa es que no claudicamos a los pedidos de que volvamos a hacer los primeros discos. Porque, si lo hiciéramos, sería algo falto de autenticidad, aunque también entendemos que es algo que también nos pasa como oyentes, que es casarte con ese momento en que conociste al grupo que te gusta, lo cual no quiere decir que sea mejor. Es una cuestión afectiva. A mí me pasa con temas de los años ’80, que quizás son horribles y a mí me parecen temazos. Por ahí voy a ver a Pet Shop Boys y cuando tocaron los dos temas que sonaban cuando yo era chico fue decir: «¡Qué temazo!» Y no sé si son mejores que los que hacen ahora. A nosotros, entonces, nos pasa lo mismo del otro lado. El artista tiene que estar contento con lo que está haciendo, más allá de cómo le vayan los discos que hace. Sentir que estás haciendo lo que más te gusta hacer. Por lo menos una banda de rock funciona así.

–Hace poco, la edición local de la Rolling Stone los puso en tapa como «La mayor banda de rock argentino». ¿Cómo lo tomaron ustedes y cómo se tomó en Uruguay?
–A nosotros nos chocó un poco por el hecho de que no nos gusta dar un mensaje de competencia, más allá de que no lo estamos dando nosotros porque no es una declaración nuestra sino de la revista. Por otro lado, en Uruguay les encantó, por ese tire y afloje que hay con el fútbol y con la sana competencia que hay entre ambos lados. Ahora, si generó algo malo entre colegas, nos parece mal.

–¿Sentís que generó algo malo entre colegas?
–No sé.

–Hubo reacciones dentro del periodismo: algunos se preguntaron cómo podía ser que una banda uruguaya estuviera liderando el gusto masivo argentino y que eso reflejaba la pobreza del rock nacional en sí.
–(Interrumpe) No, eso refleja que nos ganamos un lugar a base de trabajo y de hacer el camino de cualquier banda argentina. No es que vinimos y desembarcamos, y enseguida tocamos en el Luna Park. ¡No! Primero tuvimos que tocar en toda clase de bares para 50 personas, luego para 60, luego para 100 y así hasta llegar a Cemento. Recién después salimos del under. Si hubiera sido de otra forma, bueno… Pero no. No es que vinimos con un gran contrato detrás o con una campaña de lanzamiento. Nada que ver. Hicimos todos los esfuerzos que hace cualquier banda de acá para poder tocar. Después, lo demás, viene o no viene. Entonces, desde ese lugar, si nos quieren poner en la góndola del rock nacional está todo bien, porque ya pagamos todos los derechos de piso habidos y por haber. Si a alguien le choca, es porque no sabe el camino que recorrimos.

–Por otro lado, hay muchos elementos en común entre el rock nacional y el uruguayo.
–Por supuesto. Muchas cosas en común. Tenemos idiosincracias similares y creo que Buenos Aires tiene más parecidos con Montevideo que con otros ciudades argentinas, al punto que hablás de tango y está claro que involucrás al Río de la Plata. Y ahí no tenés problema en poner a Julio Sosa con Edmundo Rivero. Y creo que algo parecido debería ocurrir con el rock. Lo que pasa es que siempre se trata de separar en pequeñas cajas y compartimentos. Y ahí ya le estamos errando.

–¿Qué tradiciones del rock nacional sentís vivas en NTVG? Porque el rock argentino también tiene sus internas. ¿Cuáles nutren a la banda?
–Lo que pasa es que, al no tener los prejuicios que a veces se ven acá… A mí me encantan Los Redondos y Soda Stereo, por ejemplo. Y no tengo ningún problema en decirlo ni tampoco en disfrutarlo. Y no es que lo digo ahora que está más aceptado; ya me pasaba en la adolescencia, en los años ’80 y ’90, cuando esa rivalidad estaba a flor de piel. Soy de los que piensa que romper prejuicios siempre te va a ayudar. Recuerdo que cuando empezamos a venir, algunos no entendían cómo podíamos ser amigos de La Vela Puerca, cómo era que no estábamos nosotros de un lado y ellos del otro.

–Un pensamiento dicotómico que por ahí no es tan habitual en Uruguay, quizás.
–Sí, claro. Montevideo tiene otros temas, que son más de pueblo chico, de mercado pequeño. De que siempre al que saca un poquito la cabeza, lo están bajando. Ese tipo de cosas. Pero no el de hacer competir una cosa con la otra.

–Acá, más o menos desde Florida y Boedo que se plantean fuertes rivalidades…
–Pero fijate en el arte: ¿qué es lo que de un lado hace contrario al otro? Más allá de alguna opinión o algo que puedas decir del otro, algún tema personal, no es el arte mismo el que rechaza al otro.

–Hay artistas que han planteado diferencias estéticas con otros.
–Sí, pero hablando. No es la música la que se está peleando, son las personas. A mí no me gusta el reggaeton, por ejemplo. Pero te lo tengo que decir. No se desprende de nuestras canciones. Que no haya hecho un corrido mexicano no significa que no me guste. Y así con todo.
¿Dónde? – VÉLEZ

No Te Va Gustar presenta oficialmente El tiempo otra vez avanza el sábado 11 y domingo 12 en el estadio de Vélez (Juan B. Justo 9200). A las 19 hs.

El disco el tiempo otra vez avanza, hoy

–Ya pasaron algunos meses de la salida de El tiempo otra vez avanza. ¿Qué respuesta tuvieron tanto de los fans como del oyente más ocasional, y en qué difiere con la evaluación que hacen ustedes?
–Por un lado, no le damos mucha bola a la crítica. Ni a la buena ni a la mala. Después, entre la gente, está el que le gusta el material porque te quiere mucho y va defender cualquier cosa que hagas. Y está el que no se acostumbra a lo nuevo y prefiere siempre lo viejo; el que recién va a defender este disco cuando saquemos otro. Por eso, sinceramente, a lo que más le prestamos atención, es a la respuesta en vivo. Estamos tocando las canciones de a poco. Y la respuesta es buenísima. Algo que también nos pasó con El calor del pleno invierno, nuestro disco anterior. La aceptación fue muy rápida, más allá de que esté el hecho de haberlo grabado en vivo, que hace que para nosotros sea más fácil reproducirlo. Entonces estamos disfrutando de eso. Y el hecho de que se vendan muchas entradas de este show en
Vélez, que también es un indicio de su aceptación.

En pie en cada orilla

–Naciste en Argentina, pero vivís desde los 12 en Uruguay: ¿cómo fue esa ambivalencia con la que tuviste que crecer?
–Y… complicado, porque llegué a Montevideo cuando tenía que empezar la secundaria y era el porteño, más allá de que estrictamente no lo fuera, pero bueno, allá se veía así. Y a esa edad me tuve que hacer fuerte. Igual formé amigos al toque, una barra de amigos gigante. Y no tuve mayores problemas. Pero echar raíz allá sintiendo un desarraigo del lugar que dejaste es duro. Aunque por suerte después tuve la suerte de empezar a venir con el grupo y reencontrarme con mi familia, con los amigos que me quedaron y volver a sentirme parte. Por eso no me cuesta decir que soy las dos cosas: uruguayo y argentino. Lo siento asi.

–Es una situación que debe tener su complicación también.
–Sí, pero es lo que me pasa. Cuando juegan Argentina-Uruguay lo sufro realmente. Ni lo miro. Lo único que no cambié de cuando vivía de chico en la Argentina y me vine a Uruguay es el hecho de ser de Boca. Quizás fue de lo que más me agarré, porque a la Selección la dejé un poco de lado después de que Maradona se retiró de la Selección.

–Igual decís que sufrís cuando juegan Argentina-Uruguay.
–Sí porque nací en Argentina y si bien tengo amigos en la Selección uruguaya, si veo el partido con amigos de allá no me gusta que puteen la Argentina delante mío y lo mismo al revés.

–Es probable que ese tener un pie en cada orilla sea parte de la esencia de NTVG.
–Sí, lo es, sin duda. Y obviamente también lo es el estar tan cerca y el consumir tanto rock argentino, no solo de parte mía sino también de mis compañeros. El terminar cruzándome con gente que por ahí escuché toda la vida está buenísimo.

No Te Va Gustar está formado por Emiliano Brancciari en guitarra y voz principal, Gonzalo «Japo» Castex en percusión, Martín Gil en trompeta y coros, Denis Ramos en trombón, Mauricio Ortiz en saxo tenor, Guzmán «Chule» Silveira en bajo, Pablo «Bambino» Coniberti en guitarra, Francisco Nasser en teclados y Diego Bartaburu en batería.

Fuente: Tiempo Argentino

Tendencias

Salir de la versión móvil