ENTREVISTAS
Roberto Carnaghi, fuera de agenda
volanta
Roberto Carnaghi junto con un destacado elenco se presenta en el Teatro Nacional Cervantes con Así es la vida, una comedia costumbrista estrenada por la compañía de Enrique Muiño y Elías Alippi en 1934. La obra retrata el devenir de una familia porteña y burguesa, a lo largo de 30 años. Sala María Guerrero de jueves a sábados a las 21 y domingos a las 20:30. Libertad 815.
–¿Cuál es el sentido de la vida para Roberto Carnaghi?
–Desde que uno está en el mundo va viendo quién es y el lugarcito que le tocó en la vida. Creo que la obligación de cualquier ser humano es dejar algo. De alguna manera, en los años que nos tocan vivir, hemos pasado por varias experiencias, y eso debe ser aprovechado por otros. No importa si eso es grande o pequeño, porque dentro de las posibilidades de cada uno se debe dejar algo. En mi caso quiero dejar algo con el teatro y que le sirva a alguien porque para eso uno también hace teatro.
–¿Qué lo enorgullece o lo apasiona de su actividad teatral?
–Soy de los que piensan que cualquier cosa que haya uno elegido debe ser dominada por la pasión. Yo tuve la suerte de elegir algo que me gusta y tuve suerte con la elección porque hay mucha gente que no tiene la posibilidad de hacer algo así. Si alguien hace algo sin pasión no sirve. Yo pongo pasión en lo que hago, así fuese en el cine, teatro, radio. Pongo lo mejor de mí, y aunque no sea un gran texto, por ejemplo, siempre trato de aportar algo desde la pasión.
–¿Qué es lo que menos lo apasiona de su actividad?
–Que no tenga tiempo para otras cosas, tiempo que afecta mi vida particular. De repente pasan cosas de las que yo no me puedo ocupar o no puedo estar presente debido a mi actividad. Creo que eso le pasa a cualquiera. Si uno no tiene respuesta del público me molesta, pero nada más. En este trabajo, a veces la familia es dejada al costado porque hay ensayos, estudio, funciones.
–¿Qué obra o artista le cambió la vida?
–Ningún artista u obra de teatro me cambió la vida. Sin embargo, los que me cambiaron la vida fueron los trabajos, los compañeros actores, actrices y maestros. Algunas obras, no todas, me permitieron crecer y aprender, algo que todavía sigo haciendo, incluso los jóvenes me aportan mucho. Hubo una persona a la que reconozco como alguien que me ayudó mucho cuando estudiaba teatro en mi juventud. Ese fue Camilo Da Passano, un profesor de teatro que me incentivó a estudiar. Recuerdo que me dijo: «Usted tiene condiciones pero tiene que estudiar.» Yo hacía teatro como un hobby pero no porque tenía ganas de encarar algo desde el punto de vista profesional. Necesité que alguien me dijera que tenía condiciones, y para mí esa fue una de las cosas importantes. Después vinieron todos los demás profesores como Gandolfo, Fernándes, Alezzo, que fueron abriéndome la cabeza para ciertos trabajos.
–¿El éxito le da más libertad artística o todo lo contrario?
–Yo soy conocido, pero el éxito sirve hoy y mañana no. Tener éxito es importante porque te permite trabajar, y a eso le doy importancia.
–¿Qué enseñanza le dejaron tantos años de profesión?
–Aprendí que uno no aprende jamás de manera completa este trabajo.
–¿Qué cosas de la profesión no se negocian?
–No se negocia no saber una letra. En el escenario no se jode. No se negocia cambiar un espectáculo sólo porque no va bien. Si se apuesta por una obra y su texto, entonces se va para adelante y listo. Lo que pasa es que en esta profesión cualquiera es actor y actriz, entonces así no sirve.
–¿Y cómo actor de raza, cómo reacciona usted cuando nota que cualquiera es actor o actriz?
–No me preocupo por eso, no lo critico, aunque no me parece bien. Ojo, porque en la medida que esa persona intenta y algo le sale, por más que no tenga condiciones, a eso lo valoro. Pero al tipo que sólo le interesa ser famoso y de cualquier manera, siempre a costa de cualquier cosa, eso me parece denigrante.
–¿Con cuántos tipos como esos se encontró en su carrera?
–Con muchos. Lo que pasa es que en esto no se necesita título para trabajar. Sin embargo, hay algunos que por más que tienen pocas condiciones se esfuerzan por respetar este trabajo. Y en ocasiones, esa gente con poco talento pero que insiste, es mejor que los que tienen tremendas condiciones y denigran su profesión. Esa es gente que a uno le hace decir: «Este tipo es bárbaro, aunque ahora hace chantadas en el escenario.» Eso es peor que lo otro.
–Hablando de condiciones, ¿un artista nace o se hace?
–Cuando entré al conservatorio nos decían a todos que éramos diamantes en bruto que había que pulir. Tienen que ver el nacimiento, el entorno y la cabeza de cada uno porque no todos somos Einstein. Otra cosa que no se debe olvidar es que se puede nacer con condiciones increíbles pero no llegar porque en alguna parte del camino uno se perdió.
–¿Y cuál es su mayor orgullo?
–Mi mayor orgullo es tener una familia. Es tener hijos y nietos hermosos. Eso es lo que hice.
Fuente: Tiempo Argentino