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Fabián Vena: «Mi cabeza tiene musicalidad de jazz»

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El matutino Tiempo Argentino entrevistó al reconocido actor Fabián Vena en una nueva edición de su sección «Fuera de agenda».

–¿Qué autores de teatro sentís que influyeron en vos?
–Hay dioses ineludibles: Shakespeare, Chejov, Tennessee Williams. Pero está por ejemplo Bertolt Brecht, que me interesa técnicamente porque su teatro tiene que ver con llegar profundamente a la emoción y hacer chiste en ese momento, con una dualidad admirable. Son todos autores muy alejados de nosotros, difícil hacerlos como corresponde, siempre hay algo que no llegás a comprender. Por suerte hay dioses más cercanos como Enrique Santos Discépolo o Tito Cossa.

–¿Tu vida gira en torno de tu actividad?
–No es algo tan raro para un actor, pero es una profesión donde caminás y te encontrás con personajes y me gusta que me pasen cosas para luego usarlas. Soy una persona inquieta, y siempre aparece algo leyendo, escuchando música, o viendo películas. Practico yoga y me gusta jugar al tenis, pero lo hago como actividades incorporadas sabiendo que me sirven para el trabajo. Tengo un bioritmo de disciplina muy teatral. Me da alegría, porque es una bendición hacer lo que me gusta. Los hijos, la familia, estar enamorado, me permite ver la vida de otro lugar y disfrutar cada vez más de las pequeñas cosas. Pero el oficio es lo que me ordena.

–¿Ser padre en qué te ayuda como actor?
–A no perder la libido de lo lúdico, porque alguien que pierde eso se murió como actor. El trabajo te retroalimenta constantemente. Los chicos también.

–¿Por qué hacés lo que hacés y no otra cosa?
–Es difícil encontrarse uno mismo con esa pregunta. Uno no se pregunta por qué es actor. Cuando uno lo piensa, se encuentra cara a cara con lo que cree de uno mismo. En mí la vocación apareció temprano. Es como una terapia. Siempre tuve y sigo teniendo una idea muy noble sobre cómo se debe aprender el oficio en todas sus facetas. Trabajar la voz, trabajar el cuerpo, trabajar la mente, trabajar la imaginación, para poder tener la capacidad de resolución.

–Escribir, ¿no te llama la atención?
–No. Para nada. No me da ganas. Ni de dirigir. El director tiene que tomar decisiones más complejas, el actor tiene más recursos, en cambio el director una vez que decide la puesta, ya está. El actor puede estar haciendo varias temporadas y siente que hace todos los días una nueva obra porque va tomando cambios sutiles alrededor de la guía del director.

–¿Cuál es la música que te identifica?
–Mi cabeza tiene una musicalidad de jazz y todas sus deformaciones. Esa es la constante en mi música. Me gustan los pianistas, pero tengo amigos fanáticos del jazz y siempre discutimos si los vientos son mejores o si transmiten más. Me gusta mucho Marsalis, todos ellos. Pura música, puro estilo, me movilizan. Y me gusta la dedicación de escuchar un disco.

–¿Tenés música para momentos?
–Puede ser. A veces me pongo a escuchar Sui generis y me gusta porque me hace acordar cuando los descubrí, en la secundaria. Los tangos están incorporados en mí, por ser un porteño de ley. Terminando el secundario, apareció Astor Piazzola mostrándome algo tan insólito como poder mezclar las raíces de lo que es la cultura nuestra y con el jazz, entonces, me volví loco. Soy fanático de lo que él propone musicalmente. Es verdad que hay momentos para todo: Jamiroquai es para bailar, no hay manera de que me quede quieto.

–¿Que libro sentís que te marcó más en tu vida?
–Rayuela apareció en un momento clave de mi vida, en un momento de búsqueda, y me permitió el sabor de encontrar cosas nuevas, una fascinación por lo mágico, me dejó impactado. Fue lo primero que leí de Cortazar, y creo que marcó una línea de camino a recorrer. Aceptar lo conocido, lo establecido, pero salir en búsqueda de algo nuevo, de eso se trata. Me enseñó que el arte no tiene puertas con llaves, que hay que abrir todas las que se puedan y dejar correr el viento y los pensamientos como en una meditación. Eso de armar su propia versión me gustó, la originalidad es un viaje que todos debemos animarnos a hacer.

–Hablando de viajes. ¿Cuál es tu periplo más recordado?
–La últimas vacaciones fueron memorables. Me llevó mi mujer a recorrer Nueva York. Cuando voy a sacar la Visa me ven la edad, y que soy actor, y me dicen: «¿Pero no conocés todavía Nueva York?» Y no, les dije. La verdad quise estar en otros muchos lugares antes: Cuba, Portugal, España, Brasil. Nueva york fue insólito para mí. Porque prefiero Buenos Aires antes que cualquier ciudad, de toda la vida, tengo un ritmo de porteño ingobernable y siempre las vacaciones tienen que ver con la desconexión, pero se me quemaron todos los papeles. Es un lugar increíble. Genera esa adición de querer volver. Suponer tanto tiempo una cosa sobre un lugar y que sea otra totalmente distinta fue una revolución para mí.

–Sacco y Vanzetti tiene una fuerte posición política ¿Vos sos alguien comprometido en ese asunto?
–Siempre me interesó mucho todo lo que tiene que ver con las ideas, con la política, con las ideologías. Los actores tenemos un trabajo donde están muy presentes todos estos aspectos. Es imposible estar al margen. Constantemente hay que observar el movimiento social.

N.P.

Protagoniza junto a Walter Quiroz Sacco y Vanzetti de Mauricio Kartún, de viernes a domingos a las 21hs, en el Auditorium Piazzolla, Boulevard Marítimo 2280, Mar del Plata.

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