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Adriana Varela: «Mi libertad es lo único que tengo»

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Adriana Varela presenta su nuevo trabajo, grabado en vivo con voz y piano. La tanguera con alma de rock también anticipó su próximo disco, en el que saldrá de su faceta más conocida para homenajear a los artistas que admira desde joven.

Ella estaba sola. O casi: un piano permanecía a su lado y, entonces, comenzó la metamorfosis musical. Fue un cambio lento, suave, íntimo. Se oyeron los acordes de un tango y el público soltó un breve aplauso. Segundos más tarde, Adriana se sumó con los primeros versos: “Solo en la ruta de mi destino, sin el amparo de tu mirar…”. En ese instante la noche se hizo melodía en el Río de La Plata (porque, aunque nadie lo haya dicho, es evidente el cielo ostentaba una oscuridad plena).

La escena se repitió a lo largo de tres noches en el salón “Medio y Medio” (un espacio para cien espectadores), en Punta Ballena, Uruguay. Las veladas fueron registradas en un CD de 15 canciones denominado “Adriana Varela y piano”, en el que la artista fue acompañada –como muchísimas veces- por Marcelo Macri en el único instrumento presente. El 12 y 13 de diciembre el dúo llegó a Buenos Aires para presentar, en el ND Teatro, esa placa. La última de “La Gata” hasta ahora.

“Voy a tocar el mismo disco. Obviamente, el público va a pedirme otros temas y ahí no me resisto: voy a preparar otras cosas”, anticipa Varela tras recibir a Cielos Argentinos en su luminoso departamento de Barrio Norte, no tan lejos –en términos de distancia– de la Avellaneda en donde vivió hasta los 20 años.

– ¿Qué buscaste en la grabación?

– Quería que quede un disco crudo, realmente fiel a lo que es un vivo mío con un piano. Tenía que ser un disco en que se escuche hasta la respiración, que sea real.

– Lo grabaste en Punta del Este…

– Es Punta del Este pero no es la movida de Punta del Este. Yo hice el Conrad, me ha ido muy bien. Son diferentes experiencias.

-¿Qué diferencia hay entre tocar en un lugar así o en Necochea, por ejemplo, donde también actuaste?

– Es lo mismo para mí. He hecho muchas giras por la costa y cuando estás arriba de un escenario no hay diferencia de público. ¿Vos decís porque es más concheta la gente de ahí?

– El tango tiene un espíritu muy arrabalero…

– No soy el personaje de Tita Merello que va a cantar todo arrabal. De cualquier manera, lo que yo propongo es música en forma de tango. El tango es una expresión musical del Río de la Plata y ya. Será porque como vengo de otro palo, vengo del rock y elijo el tango, para mí no es algo que tiene características específicas de atorrante. Es una expresión musical que tiene características bien genuinas. Vos decís Necochea, yo digo París, Londres y Colombia: soy la misma mina. Sólo que ahí, como es un lugar más pequeño, voy con piano solo. Un disco con piano solo, piano y voz.

– ¿Esa diferencia hace íntimo al disco?

– Exacto. Súper. Aparte, es más complejo tocar solo con un piano. Pero no porque quedás expuesta sino porque te tiene que seguir el chabón. Nunca hacemos lo mismo. Y ese es el espíritu del jazz también, el espíritu de lo improvisado.

– ¿Cambian mucho los temas al hacerlos sólo con piano?

– ¡Soy tan inconciente para eso! Cambia el sonido: el fuelle, la viola… lo que le pongas son sonidos muy particulares. ¡Pero este piano es un pianazo! Es como si estuviera con orquesta: no me falta nada, eso te quiero decir.

– ¿Es mayor la interacción con el público?

– Se da igual. Si no tengo interacción con el público me embolo porque esto finalmente es un laburo, más allá de que es mi vocación. Necesito interactuar con el público y eso espera también el público de mí, porque es una característica mía. Tampoco la pienso, surge.

– ¿Qué hacés antes de subir al escenario?

– Soy una artista inconsciente. O una mina inconsciente. Yo me río mucho antes de salir al escenario con los músicos, estoy mucho con ellos. Respiro un poco antes, subo y canto. Es muy natural.

– ¿No pensás mucho?

– Nada. No pienso. No habría llegado a este lugar de tango si hubiese pensado a qué me dedicaba. Hay algo pulsional que me llevó a estos lugares de búsqueda. Todo lo que tengo y donde estoy, bueno o malo, chico o grande, es un lugar de búsqueda. Y sigo en un lugar de búsqueda pero no es racional.

– En varias entrevistas dijiste que elegiste el tango…

– Yo elegí al tango porque en mi casa no se escuchaba. Mi papá escuchaba blues, jazz. Mi mamá escuchaba música clásica, toda la música movida de los ‘60: Edith Piaf, boleros… Con los Beatles se me abrió la cabeza y después rock and roll. Elegí al tango a los 36 años.

– ¿Seguís escuchando rock?

– Sí.

– ¿De qué época?

– Hay cosas (nuevas) que me acercan y las escucho. Pero, por ejemplo, David Bowie ha vuelto a tener en mí un lugar privilegiado. Jimmy Page siempre, yo estaba muy enamorada de Page (el guitarrista de Led Zeppelin), ¿quién no se enamoraba de esos tipos cuando era pendeja? ¡George Harrison era mi dios absoluto! Keith Richards…

– Todos guitarristas…

– Siempre. Pero ahora estoy militante de Bowie, me parece medio gurú. No escucho tangos, salvo alguna cosa nueva no me agoto escuchando lo que hago.

«Soy una artista inconsciente. O una mina inconsciente. Yo me río mucho antes de salir al escenario con los músicos, estoy mucho con ellos»
– ¿Harías un disco de rock hoy?

– [Se ríe]. Estoy grabando un disco.

– ¿Para cuándo?

– Para el año que viene. No es rock, es un disco que… odio la palabra World Music pero tiene que ver con cada personaje que fue influyente para mí de los poetas de mi generación. Llámese Charly Garcia, Luis Alberto Spinetta, Miguel Abuelo.

– ¿Es un disco de canciones?

– Es un disco de canciones, sí. Por supuesto con aire de rock. No son todos hits, son cosas con las que vibraba de muy joven y quiero también homenajear a esos autores. Va a ser oscuro el disco que quiero. No musicalmente, pero por mi voz y por mis orígenes.

– ¿Todos los temas serán en español?

– Hay uno que no es en español pero no es en inglés. Lo canto en italiano. Es un disco muy libre, que tiene que ver con mis principios en la vida. Ese disco para mí es una ventana pero no implica que voy a dejar de cantar tango. Es una licencia que me tomo y un gusto que me doy. Yo me presento en el mundo como una cantora del Río de la Plata.

– Tenés mucha actitud de rock arriba del escenario…

– Sí. Al Polaco yo lo elijo porque me parecía un Joe Cocker cantando, o un Miles Davis. Lo mismo le pasaba a Fito, a Serrat, a Baglietto o a Charly, que lo iban a ver.

– ¿Y ahora vas a ser una tanguera en el rock?

– No voy a ser una tanguera, no empecé cantando tangos. Lo que voy a ser, sí, es una mina de Buenos Aires. Porque es inevitable. De hecho, los temas son urbanos.

– ¿Qué significa Adriana Varela para el tango?

– No sé, preguntátelo vos. Te puedo decir lo que me dicen o lo que dicen en las revistas: que los jóvenes, que volví a meter el tango… Lo que puedo decir es que en los años ‘90 la gente que me quería pensaba que había tenido un brote sicótico manso: “Esta chica se separó y se brotó”.

– ¿Por qué?

– Porque dejé el hospital, dejé el consultorio [Adriana es fonoaudióloga], me quedé en bolas con dos niñitos que tenían que morfar, yiré en casa de amigas y amigos porque me quedé sin nada y, fundamentalmente, el tango. Todo el aprendizaje lo hice en los boliches de tango, me encantaba. Era como un mundo subterráneo, absolutamente misterioso, muy escondido y muy negado. Fui a ver qué pasaba abajo de esa alfombra. Lo que hice fue empezar a cantar cosas que no cantaba nadie, nada más que eso. Me mandé así de inconsciente, como me mando en cada recital.

Adriana lanzó su primer disco, denominado “Tangos”, en 1991. Desde entonces, su carrera fue en ascenso. Actuó en Nantes, París, Barcelona, Granada y fue convocada por Quincy Jones para representar a la Argentina en el festival “Concert of The Americas”, donde cantó junto a Paul Anka, Liza Minnelli, Celia Cruz y Tito Puente, entre otros.

En el país, obtuvo el premio ACE a la música durante dos años consecutivos, a raíz de la edición de sus discos primogénitos: “Tangos” y “Maquillaje”, ese último de 1993. A su vez, en 2002 y 2007 recibió el premio Carlos Gardel. Actuó ante públicos diversos y multitudinarios, y rechazó ofertas para trabajar en China y en Japón. No obstante, su carrera se desarrolló por fuera de las grandes discográficas internacionales: “Siempre fui una mina de boca en boca, no firmé nunca con una multi”, aclara.

– ¿Eso fue consciente?

– Absolutamente consciente. La libertad es lo único que tengo. No tengo guita, tengo una muy bella casa, puedo veranear, puedo ayudar a mis hijos… No es un mérito, es una característica.

– ¿Qué podrías haber perdido?

– No sé, pero no me sometí a eso. Cuando hice esa crisis donde elijo, de alguna manera, el despojo para poder quedarme livianita, no quería depender de nadie. Por lo tanto voy por la vida liviana. En ese sentido es lo único que tengo. Esta libertad, que no es entera porque vivo en una sociedad y no soy hippie tampoco, es lo único que tengo. Y no lo cambio, ni por mosca, ni por putas. Y duermo muy tranquila.

– ¿Es un problema que no te guste viajar?

– Es un tema. Pero es una transa que hago. No te puedo explicar las veces que me invitaron a Japón o a China. Y no voy porque no me siento entera como para ir a producir como en Japón te piden, porque es muy “sale con fritas”. Y soy muy anarca para vivir: tranquilos [dice al tiempo que mueve las manos hacia abajo]. Así me manejo en la vida y con la profesión es lo mismo. Voy donde sé que me voy a sentir cómoda.

– ¿Cómo ves al tango en cuanto a creatividad?

– Estoy leyendo un ensayo de Sullivan, que habla de la culminación de la modernidad con los Beatles. De los ‘70 para adelante es posmodernismo. Hay un tema en lo artístico que mermó y se cagó. No hay más Picassos en este momento, lo último que fracturó del tango fue Ástor Piazzolla. En todas las manifestaciones artísticas y culturales hay un vacío. Creo que hay que volver a los padres artísticos, que realmente rompieron algo, para poder nutrirse de lo que realmente es una trasgresión, una fractura. Yo me considero sólo una portadora de alguna pauta cultural, no rompí nada. Esto no es en el tango, es en general. Y es acá, en España, en Italia. De cualquier manera, creo que hay intérpretes muy valiosos en el tango. No solamente vocales, sino instrumentales.

– ¿Encontrás más intérpretes que creativos?

– Exactamente. Hay creativos pero no van a romperte la cabeza como lo hicieron aquellos que nombré. Pero tampoco se puede vivir pensando en eso. Te tocó un ciclo de pasar la pelota, sentite orgulloso de que tenés padres artísticos que podés invocar como grandes cuidadores de la cultura.

– ¿Hay algo que cambiarías de tu trabajo si pudieras?

– Si pudiera apretar un botón y viajar sin tener que desempacar, empacar, maletas, entrada, registro en los hoteles… eso sería.

– ¿Teletransportarte?

– Sí, teletransportación. Todo lo que es cotidiano, lo que es lo mismo, me quita ganas. En el escenario no hago lo mismo, o trato de no hacerlo.

– ¿Con qué se va a encontrar la gente que vaya al ND Teatro?

– Con un músico extraordinario y con una cantante que hace lo que puede.

– Humilde…

– No creas en los humildes. Pero es así, siento que hago lo que puedo arriba del escenario. Y obviamente soy muy orgánica para cantar y va a haber mucha entrega.

Fuente: Infonews.

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