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Guido Carlotto: «El músico más allá del nieto»

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El pasado fin de semana el músico y nieto restituido participó como invitado del Concierto del Encuentro, realizado en la ciudad de Paraná, Entre Ríos, junto a otros importantes músicos y a la Orquesta Sinfónica de esa provincia.

Desde agosto de este año sabe que es inevitable ser el blanco de todas las miradas. Más allá de protagonizar una de las historias más conmovedoras de los últimos años en la Argentina, Ignacio Guido Montoya Carlotto es un músico que, más allá de la circunstancia que le tocó vivir, desarrolló una personalidad musical que se expresa en sus composiciones, ahora más expuestas a la escucha de un público que hasta hace unos meses era más limitado. En oportunidad del Concierto del Encuentro que se llevó a cabo en el Teatro 3 de Febrero de Paraná junto con la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, parte de su obra se materializó con las coloraturas que aportó una orquesta que va camino a ser una de las más prestigiosas del país. «Tocar con una orquesta tan grande, con las características de esta, y además poder interpretar algunas de mis composiciones siempre es un placer y un desafío. Luis Gorelik es un director experimentado y consigue sacar de los músicos sus mejores cualidades», afirma el pianista a Tiempo Argentino.

–En tu obra coexisten elementos que provienen de la música popular con otros de expresiones más académicas y experimentales. ¿Cómo ves estos entrecruzamientos de géneros?
–Estos cruces entre lo popular y lo sinfónico siempre dejan algo positivo. Si se consigue hacer este tipo de emprendimientos con cierta frecuencia y con un nivel alto de calidad surge una especie de tercera vía, una música con un equilibrio interesante entre lo académico y lo popular.

–Es interesante destacar que la música académica argentina tiene un basamento muy fuerte heredado de compositores como Ginastera o Juan Carlos Paz, que se nutrieron de las enseñanzas de grandes maestros europeos del siglo XX.
–Si bien hay compositores que representan el estilo más clásico de la música, la gran mayoría está enrolada dentro de un marco de modernidad. Por influencia de la inmigración somos muy europeizados en la formación musical. Todos en la región central del país pasamos por un conservatorio y por lo tanto es inevitable tener esa mirada que en alguna medida nos condiciona y en otra nos enriquece.

–¿Creés que en estos momentos se está recorriendo en la música de «fusión folklórica» un camino que tiene un paralelo con el que en los sesentas iniciaron músicos como Waldo de los Ríos, «Chango» Farías Gómez, Eduardo Lagos o Manolo Juárez, entre otros?
– Creo que estamos pasando por un momento de gran riqueza en las músicas más creativas de la Argentina, como el folklore, el tango o el jazz. Hay muchos cruces de músicos que poseen un conocimiento muy intenso de la tradición de cada género que encaran. De esta manera la historia se encamina por carriles mucho más sólidos. Tal vez lo que falta es difusión de estos emprendimientos. A partir de un mayor entendimiento de lo que es el jazz como lenguaje musical, es posible hacer un mejor desarrollo compositivo con elementos que provienen de géneros tradicionales de nuestro país. Como todo proceso en desarrollo, los primeros pasos son lentos, pero los resultados positivos se notan cada vez más. Además hay muchos exponentes que a su vez se miran en referentes de gran valor. Y tener muchos referentes permite acceder a una pluralidad en el discurso musical que es altamente positiva.

–De esta manera se logra una identidad musical propia.
–No es una decisión que se toma de manera calculada, sino que surge naturalmente y fluye de manera más genuina. Hay muchos tropiezos estéticos, pero ejercer la prueba y el error es la única manera de crecer, porque en definitiva de esos errores surgen los frutos y el empuje para que la creación no se detenga. En la música argentina hubo períodos en los que los procesos creativos se detuvieron y costó mucho reactivarlos, como ocurrió con el tango, que podría haber crecido mucho más estéticamente si se le hubiera dado continuidad en la creación. Por eso es importante que haya encuentros como este y que haya movimiento para que la inercia no se detenga. La única manera de crecer es internarse en los elementos que constituyen un lenguaje, desarmarlo, analizarlo y volver a armarlo con el aporte que cada uno pueda darle. Es la mejor manera de hacer crecer una música sin que sea la misma y que posea coloraturas distintas y nuevas.

-Muchas veces la aparición de personalidades musicales fuertes, como en el caso de Piazzolla, potencian la creatividad pero a la vez la pueden llegar a reprimir.
-Los íconos fuertes muchas veces condicionan al artista y por eso cuesta romper con ellos. Generan caminos que tienen mucho peso y uno tiende a recorrer ese camino porque sabe que es bueno y de algún modo da una cierta tranquilidad. Pero para seguir creciendo es necesario romper con esa gravedad e ir hacia otro lado aunque se logre el éxito o signifique un rotundo fracaso. Si no podríamos seguir haciendo tango como Piazzolla o Salgán. Pero el desafío es desarmar lo tradicional y reformularlo… De hecho, la música de Piazzolla ya forma parte de lo tradicional y ya hay una distancia histórica que nos permite meternos también con su música.

–Yendo al terreno personal, sorprende que hayas heredado la pasión por la música, algo que te une todavía más con tu pasado.
–Eso es algo inexplicable que sin dudas se transmite desde algún lugar que uno no sabe. Yo me crié en el campo, abstraído de lo que es el «mundo musical». La decisión de ser músico tiene que ver con algo que está más allá y que todavía me sorprende, sobre todo cuando me enteré que mi papá tocaba la batería y mi abuelo el saxo, que hay melómanos en la familia y que hay una relación con las músicas que me gustan a mí. Después obviamente que mucho tiene que ver con la formación y con la posibilidad de poder desarrollar mi labor como músico.

Fuente: Infonews

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