DEPORTES
Kenia, el paraíso del atletismo
volanta
Por primera vez en el historial, Kenia terminó al tope del medallero del Mundial de Atletismo. Y a sus clásicos talentos en carreras de mediofondo y fondo, ahora le suma campeones en disciplinas técnicas como jabalina.
Sesenta años atrás, casi en simultáneo con su independencia, Kenia nacía para el mundo del atletismo. Un fenómeno de las carreras de mediofondo y fondo, llamado Kipchoge Keino, marcó el rumbo, ganando medallas olímpicas en pruebas como los 1.500 y 5.000 metros llanos, y 3.000 metros con obstáculos, en una estela que se prolongó hasta los Juegos de Múnich en 1972. Aún hoy, el “venerable Kip” está considerado el patriarca del atletismo de Kenia y un referente para las legiones de corredores surgidas de su país, en las altiplanicies del valle del Rift.
En ese medio siglo, y fracción, Kenia se convirtió en la “NBA del atletismo de fondo”. Pero ahora -con el Campeonato Mundial que acaba de clausurarse en Beijing- demostró que es mucho más: la potencia de su deporte quedó por primera vez al tope del medallero, seguida por Jamaica (con sus portentosos velocistas) y Estados Unidos, el dominador histórico.
Y para ser el virtual campeón del mundo, Kenia no se basó solamente en la tradición de sus corredores, sino que ahora dispuso de ganadores en pruebas técnicas como los 400 metros con vallas (a través de Bett) y, sobre todo, el lanzamiento de jabalina con Julius Yego. Este hombre, que aprendió los secretos de los jabalinistas a través de YouTube, pero que se perfeccionó últimamente en Finlandia, colocó el implemento en una marca fantástica: 92,72 metros.
En cuanto los herederos de Keino comenzaron a expandirse por el mundo -desde fines de los 70 y principios de los 80- su país es sinónimo de atletismo de fondo.
EL BOOM DEL RUNNING
Esa expansión fue simultánea al boom del running: las carreras de 10, 21 o 42 kilómetros convertidas en fenómeno masivo en cualquier rincón del mundo. Y las principales siempre tienen a los keniatas como animadores. Ultimamente, a keniatas y etíopes se le unen vecinos africanos: eritreos, ugandeses. El presente del atletismo de fondo está allí. Y el futuro también.
También en los últimos años se ocuparon de pulverizar el récord de maratón y desde el último, obtenido por Denis Kimetto en Berlín 2014, la frontera de las dos horas ya no parece tan inaccesible.
Tentados por los dólares en las carreras -a veces, también por los estudios en universidades norteamericanas- los keniatas desarrollaron campañas breves, fulgurantes. Y no explotaron todo su potencial. Es una constante. Toman al atletismo como un medio de vida, pero sin un proyecto demasiado largo. Y lo pagan, a veces duramente, como le ocurrió a Henri Rono, cuádruple recordman mundial (desde 3.000 a 10 mil metros) a principios de los 80. También Sammy Wanjiiru, el espectacular y joven campeón del maratón olímpico en Beijing 2008, encontró la muerte poco tiempo después, en un accidente doméstico jamás aclarado, en un departamento de Nairobi.
Algunos de los mejores técnicos -británicos o italianos, como Renato Cánova- decidieron afincarse en Kenia y trabajar, pulir, aquel talento con métodos más avanzados y científicos para el entrenamiento. De allí surgieron algunos resultados notables, como el de David Rudisha, el campeón y recordman del mundo en los 800 metros llanos. O la imbatibilidad del tricampeón de los 1.500 metros, Asbel Kiprop. O, directamente, la imposibilidad de frenar a los keniatas en pruebas como los 3.000 metros con obstáculos.
TALENTO NATURAL
Como se aprecia, es un fenómeno múltiple, basado sobre todo en el talento innato de los atletas de ese país. Una cantera inagotable. Y todo, en un sitio que no escapa a la pobreza estructural propia de su continente, a la violencia que azota amplias regiones (por motivos tribales o religiosos) y a una desorganización constante. Como si fuera poco, en el plano deportivo, también sufrió el dóping y la emigración (atletas que cautivados por ofertas económicas pasan a representar a otros países).
Pese a todo, los keniatas brillan. Y seguirán brillando.