La Plata, Buenos Aires, Domingo 3 de Julio de 2022 -  11:19 am 
POLÍTICA

11-06-2022

"Sobre la actualidad del radicalismo", por Pablo Soprano


Hagamos un poquito de historia. Cuando Hipólito Yrigoyen ganó las elecciones de 1916 al calor de la ley Sáenz Peña del '12 de voto universal, secreto y obligatorio tenía, dentro de su mismo partido, muchos enemigos. No solo era el Partido Conservador, heredero de la patria elitista, ganadera, terrateniente cagada en plata y xenófoba de la Generación de 1880, el rival de siempre. También lo eran los sectores más retrógrados de la Unión Cívica Radical. Esto llevó a la división del partido entre "personalistas" y "antipersonalistas". Es decir, entre quienes se inclinaban al liderazgo de don Hipólito y los que no. Los que detestaban el populismo del caudillo. Pero puertas afuera defendían las conquistas sociales y políticas como la Reforma Universitaria de 1918, YPF junto a otras intervenciones energéticas y de incipiente industrialización, la expansión de las granjas y la propiedad de la tierra sumadas a la reorganización del Banco Hipotecario Nacional, el impulso a la extensión y fortalecimiento de los ferrocarriles en manos del Estado y el del uso popular del transporte público en las grandes ciudades del país. Las tasas de alfabetización más elevadas y la creación de institutos y escuelas nunca vistos en esa época, proyectos diversos de mejoras laborales, no obstante rechazados por el Congreso y también por los sectores del anarquismo y de la izquierda callejera. En fin, muchas obras y derechos. Eso sí, los antipersonalistas escondían bajo la alfombra lo que les convenía y con lo que estaban de acuerdo del yrigoyenismo como la Semana Trágica, la masacre de la Patagonia Rebelde y de las Putas de San Julián, los asesinatos de Napalpí, La Forestal, la persecución y ejecución de anarquistas, comunistas y socialistas por el solo hecho de defender sus idearios y los derechos laborales y políticos. Un partido dividido que llevó a la presidencia en 1922 al "niño bien" Marcelo T. de Alvear abjurando por completo del personalismo y -¡oh, qué casualidad!- del populismo de Yrigoyen. En 1928 las masas volverían a votar al viejo caudillo, garantía de derechos y conquistas más allá de sendas masacres y profundas cagadas políticas. En otras palabras, hubo un radicalismo peroncho, de negrada -aunque faltarían dos décadas para la llegada del peronismo- y otro más moderado, dialoguista, a favor de los grupos de poder empresario, buitre, mediático y político de aquel entonces.

Esta misma división se daría a partir de 1945. Gran parte de ese caudal popular del viejo radicalismo, sobreviviente de la década infame del 30, testigo de un radicalismo de contubernio que se bajó los los pantalones para no ir en cana a Martín García o a Ushuaia votó en masa a Perón dado que veían en él a un nuevo Yrigoyen y encima tenía la autoridad de un milico. La otra parte reorganizó a la UCR en torno a la embajada de Estados Unidos -jamás Yrigoyen hubiera hecho eso- y en la mentira de sostener a los líderes históricos de ese partido encerrándose en un resentimiento, en un prejuicio y en un odio que más tarde llamaríamos "gorilismo". En el devenir de sostenerse gorilas los radicales se partieron sin doblarse a lo largo de las décadas y a comienzo de este siglo producto de su anti peronismo. Y los peronistas lo hicieron de nuevo al sumar a tantes que se siguen considerando radicales y que acompañan y acompañaron el proyecto de país de Néstor y Cristina. Como en el 45 con aquellos que buscaban a otro Yrigoyen que les asegurase conquistas laborales y sociales.

En la convención radical de Gualeguaychú de 2015 primó el sector más gorila del partido. El que cree sostener las viejas banderas populares y al final solo banca las otras: la de los acomodaticios y los vendepatria "antipersonalistas" que después transaron con los conservadores y sostuvieron "el fraude patriótico". Los que bancaron e idearon el criminal y genocida bombardeo a Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955, los que no permitieron la vuelta de Perón y fueron víctimas y parte de las dictaduras de Onganía, de Lanusse y más tarde fueron funcionarios -ministros, gobernadores, intendentes, secretarios- civiles del proceso criminal videlista/masserista de 1976. Los que bancaron a Alfonsín solo porque tenía al peronismo y al sindicalismo en contra, por gorilismo recalcitrante con fachada de "recuperación democrática". Los que criticaban a Menem, pero disfrutaban de la foto con el asesino de Rojas y defendían el 1 a 1 para más tarde salir indignados a reclamar "que se vayan todos". Los que miraban para otro lado durante el gobierno de esa planta llamada De La Rúa y se hicieron los otarios con las 19 muertes de diciembre de 2001. Ni hablar de cómo se posicionaron -como empleados, por conveniencia primate- detrás de Clarín y de La Nación para defenestrar al gobierno nacional y popular de 2003-2015 que reivindicó, no solo al primer y segundo peronismo en obras y derechos para todes sino también al primer y segundo gobierno yrigoyenista y a la figura de Raúl Alfonsín, víctima -más allá de sus propios errores y cagadas- de los mismos enemigos que han tenido en la Historia Yrigoyen, Perón, Evita, Néstor y Cristina.

Por eso es poco creíble la indignación de tipejos como el carcelero jujeño de Milagro Sala, Gerardo Morales, o como el gobernador de Corrientes Gustavo Valdez y de gran parte del actual radicalismo. Si hubieran estado en la época de Yrigoyen, lejos de vindicarlo lo defenestrarían por populista como hacen ahora con quienes no piensan como ellos y procuran un país redistributivo e inclusivo. No por su figura, más bien por lo que hizo. Por sus obras puesto que no podrían dejar de lamerle las botas a los que de verdad mandan. Estos gorilas jamás se sintieron identificados con don Hipólito, ni con el general e ingeniero Enrique Mosconi ni con ningún radical que considerara a su semejante como un correligionario o un compañero del Campo Popular. En eso de verse en un Otro como así mismo, con un proyecto de nación.

Mienten estos radicales de hoy en día que votan a Macri y se asustan de Milei. Saben profundamente que de estar vivos Yrigoyen, Mosconi y tantos otros no solo serían peronistas, también acompañarían las ideas de Néstor y las obras de Cristina.

Que no nos engañen con falsas banderas ni con discursos que imitan el tono de voz de Alfonsín los que responden a Clarín, a los grupos concentrados y a los fondos buitres.
Ya les sacamos la ficha. Basta hacer apenas un poquito de historia.
Pablo Soprano

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