La Plata, Buenos Aires, Lunes 6 de Diciembre de 2021 -  02:11 am 
OPINIÓN

07-11-2021

"Siempre Charly", por Pablo A. Vázquez


Los 70 años de Carlos García Moreno, cumplidos el 23 de octubre pasado, marcan un hito para analizar en retrospectiva su obra y legado. Homenajes oficiales desde el gobierno porteño las autoridades nacionales, pasando por reportajes, especiales en los medios, recitales colmados de sus fans y notas retrospectivas sobre sus discos pueblan las redes. Charly, el eterno, el del “oído absoluto”, es visible de forma tangible en nuestra cultura popular.

Nacido en 1951, su unión artística con Nito Mestre en Sui Generis marcó el dúo definitivo del rock argentino. “Vida”, “Confesiones de Invierno” e “Instituciones”, más el doble en vivo en el Luna Park marcaron a fuego a la generación de los ’70 de la primavera camporista y el retorno de Perón. De las cándidas letras iniciales, Charly pasó a la sutil denuncia en Confesiones a la protesta directa en Instituciones y Juan Represión, inédita en su momento, aunque debió retocarse el contenido general del disco y sacar dicho tema.

Diferencias artísticas marcaron, previa despedida apoteótica en el Luna Park, el rumbo del poseedor del bigote bicolor más famoso a La Máquina de Hacer Pájaros, rock sinfónico que se abría paso en los inicios de la Dictadura. Previamente Porsuigieco, unión de los dos Sui, junto a León Gieco y Raúl Porchetto, más María Rosa Yorio, pareja de García y madre de su hijo Migue, grabado en el negro marzo del ’76, fue la obra que el testimonió dicho encuentro. Si Sui eran nuestros Simon & Garfunkel, esta unión serían los Crosby, Stills, Nash & Young suramericanos.

La Máquina, demasiado sinfónico para los anteriores fans de Sui y la crítica local, dio dos formidables discos que merecen ser reivindicados.

Brasil mediante, Charly unió fuerzas con David Lebón, Oscar Moro y un adolescente Pedro Aznar y forma Serú Giran, el super grupo del rock nacional. El éxito no fue inmediato, pero de a poco se ganaron la escena lugareña y fueron la referencia roquera de estas latitudes, entre pop rock y sinfónico, con letras profundas y denuncias veladas.

El fin de esta experiencia marcó el camino a su etapa solista, con bandas de sonido de películas nacionales, discos conceptuales y originales shows. “Yendo de la cama al living”, “Clics Modernos”, “Piano Bar”, “Parte de la Religión”, y “Cómo conseguir chicas” son diamantes en bruto que certificaron que los ’80 fueron de Charly.

Pero los ’90, en pleno menemismo de “pizza con champagne”, lo marcaron con un espiral de excesos, entre pantalones bajos y lanzamiento a piletas desde un piso elevado, y discos buenos, sí, pero que no marcarían tendencia como otrora. El concepto de “vanguardia” de “La hija de la lágrima” y demás álbumes de la etapa “Say No More” tardaría en cuajar, a pesar del apoyo irrestricto de los fans.

Las posteriores reuniones de Seru Giran y Sui Géneris dieron pie a la nostalgia pero no a obras novedosas. Tango, con Pedro Aznar, y el posterior Tango 4, casi casi con Gustavo Cerati, sí ofreció originalidad. Influencia, en tanto, marcó un reencuentro de Charly en el equilibrio de originalidad y vuelta a sus raíces, lo mismo que se patentizó en el último trabajo titulado Random.

Bandas notables fueron las que lo secundaron, entre parte de los Abuelos de la Nada, GIT, Fricción, colaboraciones notables con Fito y Calamaro, o fieles escuderos en la guitarra como los recordados Negro López y Gabriela Epumer.

La impresión de la puesta escénica de Piano Bar en el Luna Park en mi adolescencia y sus últimas apariciones marcan, a pesar de altibajos, la continuidad del legado de un genio que más de una vez nos señaló donde se esconde lo oscuro del poder y que tomar conciencia no se contrapone con bailar y pasarla bien.

Feliz cumple maestro

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