La Plata, Buenos Aires, Lunes 6 de Diciembre de 2021 -  03:00 am 
POLÍTICA

16-10-2021

"Día Internacional de las Mujeres Rurales", por Claudia Elena Salvatierra


Bialet Massé en su Informe, a comienzos del siglo pasado, se refirió a la mujer del campo, definiendo a su trabajo como silencioso, aunque mas bien diría yo, silenciado. Relata que “la mujer del peón vivía en medio de la inmundicia, porque el agua entra al rancho solo para alimentación, nunca para higiene; la mujer del peón es la lavandera, la que hace la comida, la amasadera, lleva una vida de trabajos y de sufrimientos, trabaja durante el tiempo de gestación; trabajaban mientras dan de mamar y continúan haciéndolo hasta que la tuberculosis la consume” .

Lo sorprendente es que ésta descripción que hace Bialet Massé, de una realidad de hace 100 años atrás, aún se percibe en la actualidad.

Ese relato se representa ante nuestros ojos, si nos internamos, no mucho, en el interior profundo de nuestras provincias del norte y se escucha en testimonios, ante nuestros tribunales . Recuerdo uno, donde la Sra. Jiménez, esposa de uno de los trabajadores, relataba que fue a trabajar para el demandado, acompañando a su marido estando embarazada y con sus pequeños hijos, y que su tarea consistía en hacer la comida para los hombres que trabajaban en ése campo. Contó la testigo, que dormían en el suelo, en una carpa que hacían de plástico negro, que trabajaban todos los días, incluidos domingos y feriados, y que eran trasladados en camiones hacia distintos lugares para seguir trabajando, y penosamente recordaba cuando los llevaron hasta Aguaray, en Jujuy, cerca de Bolivia a juntar poroto, donde ella también colaboraba porque si no "juntaban para alimentar a sus hijos".

Según un informe de la FAO, lo relatado por la Sra. Jiménez, es la situación de la mayoría de las mujeres que trabajan en relación de dependencia en el campo. El informe asegura que la mayoría de las trabajadoras rurales son trabajadoras familiares no remuneradas, es decir, que cuando trabajan fuera de su casa, lo hacen en el campo en forma precaria, incorporándose, generalmente al trabajo con sus parejas, colaborando en las tareas con éstos, y muchas veces sin recibir remuneración alguna. Según el mismo informe, las mujeres que trabajan en el campo, si perciben remuneración, esta es un 25% menos de la que reciben los hombres.

Sabemos que el mayor problema del sector rural es la falta de registración. El trabajo rural ocupa aproximadamente a 1.500.000 trabajadores en nuestro país, pero de ése número, un alto porcentaje - hasta en un 85% en algunas regiones - no se encuentra registrado, siendo en su mayoría las mujeres, las que elevan ése porcentaje.

Este cuadro de situación se agrava aún mas si tenemos en cuenta que la agricultura es uno de los tres sectores laborales más peligrosos, junto con la minería y la construcción, desde el punto de vista de las muertes y lesiones relacionadas con el trabajo, y la siniestralidad afecta en especial a los menores y a las mujeres. En el caso de las mujeres, porque la informalidad las aísla de todo tipo de protección y hasta hacen el mismo trabajo a la par de su hombre, sin las herramientas ni los cuidados necesarios, con el agravante que si están embarazadas, su salud reproductiva queda gravemente expuesta, por las condiciones de trabajo a las que son sometidas.

Si bien la mayoría de las mujeres que trabajan en el campo tienen entre 15 y 44 años, existe una presencia importante de niñas menores de 15 años y de mujeres mayores de 60 años. Esa presencia de niñas en el campo se relaciona con otro grave problema que es el de las llamadas "mujeres invisibles” por la OIT, y que llegan a ser víctimas de las peores manifestaciones de trabajo infantil, cuando no son sometidas engañosamente a otras formas de violencia.

La pobreza y las características particulares del trabajo en el campo ha sido la preocupación de muchos investigadores, y de muchas organizaciones y sin duda es lo que ha decidido un cambio en una legislación.

El nuevo régimen de trabajo rural establecido en nuestro país por Ley 26.977, ha impuesto correctivos significativos, que importan mejores condiciones de trabajo para todos los trabajadores rurales poniéndolos en igualdad de condiciones que al resto de los trabajadores. Es de esperar que ésos cambios operan, aunque con su ritmo propio opere también a favor de nuestra mujeres el campo.
Se ha avanzado mucho en la promoción de la igualdad de género en el mundo del trabajo y en esto, nuestro país marcha a la cabeza en América Latina y ocupa una posición destacada en el contexto mundial . Pero también es cierto, que en cuanto a la igualdad de oportunidades de las trabajadoras rurales, aún queda mucho por hacer.

La autora es abogada, Asesora Sindical, ex Jueza Laboral, profesora universitaria, de Santiago del Estero Capital

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