La Plata, Buenos Aires, Domingo 11 de Abril de 2021 -  01:28 pm 
OPINIÓN

22-02-2021

"A 75 años de la última elección sin la participación de las mujeres", Por Graciela Rolhaiser y Maria Eugenia Cuartango


En Argentina, un 24 de febrero, hace 75 años, se llevaban a cabo elecciones presidenciales con el propósito de restaurar en el país la democracia electoral tras el largo régimen fraudulento de la llamada Década Infame, impuesto por el golpe de estado de 1930 y derrocado por el golpe del 43.

En ese momento histórico se produce la victoria de Juan Domingo Perón, candidato de tres partidos creados apenas unos meses antes (Partido Laborista, Unión Cívica Radical Junta Renovadora y Partido Independiente) dando cuenta de la necesidad ciudadana de transformar una realidad que venía siendo angustiante para las mayorías.

El triunfo de Perón con el 52,84% de los votos (1.487.866) contra el 42,87% que obtiene la Unión Democrática (1.207.080), legitima su poder de transformación y su trabajo por la conquista de los derechos de la clase trabajadora, que se vieron claramente, en sus tres previos años a cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión, donde mantuvo una relación fluida con el movimiento obrero, mejorando las condiciones laborales a través de una serie de reformas en la legislación.

Precisamente con la creación del Estatuto del Peón, que estableció un salario mínimo y procuró mejorar las condiciones de alimentación, vivienda y trabajo de los trabajadores rurales. El establecimiento del seguro social y la jubilación que benefició a 2 millones de personas. La creación de Tribunales de Trabajo, que aseguraron sentencias más justas para la clase trabajadora. La fijación de mejoras salariales y el establecimiento del aguinaldo para todos los trabajadores, como también el reconocimiento de la asociaciones profesionales, con lo cual el sindicalismo obtuvo una mejora sustancial de su posición en el plano jurídico.
En aquel tiempo Perón, en un su primer discurso como secretario el día 2 de diciembre de 1943 decía:

“El Estado se mantenía alejado de la población trabajadora. No regulaba las actividades sociales como era su deber. Solo tomaba contacto en forma aislada, cuando el temor de ver turbado el orden aparente de la calle, le obligaba a descender de la torre de marfil de su abstencionismo suicida. No advertían los gobernantes que la indiferencia adoptada antes las contiendas sociales facilitaba la propagación de la rebeldía, porque era precisamente el olvido de los deberes patronales que, libres de la tutela estatal, sometían a los trabajadores a la única ley de su conveniencia…..”(…)

“Con la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión se inicia la era de la política social argentina. Atrás quedará para siempre la época de la inestabilidad y del desorden en que estaban sumidas las relaciones entre patrones y trabajadores. De ahora en adelante, las empresas podrán trazar sus previsiones para el futuro desarrollo de sus actividades, tendrán la garantía de que, si las retribuciones y el trato que otorgan a su personal concuerdan con las sanas reglas de convivencia humana, no habrán de encontrar por parte del Estado sino el reconocimiento de su esfuerzo en pro del mejoramiento y de la economía general y por consiguiente del engrandecimiento del país. Los obreros, por su parte, tendrán la garantía de que las normas de trabajo que se establezcan, enumerando los derechos y deberes de cada cual, habrán de ser exigidas por las autoridades del trabajo con el mayor celo, y sancionando con inflexibilidad su incumplimiento. Unos y otros deberán persuadirse de que ni bajo la astucia ni la violencia podrán ejercitarse en la vida del trabajo, porque una voluntad inquebrantable exigirá por igual el disfrute de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones”.

Por eso decimos que la victoria de Perón como presidente, con la fórmula Juan Domingo Perón– Hortensio Quijano y bajo la consigna “DOMINGO, para todo el mundo!!” constituyó la irrupción del peronismo en la vida política Argentina, permaneciendo hasta la actualidad como una de las principales fuerzas electorales del país. También fue la primera derrota de la Unión Cívica Radical en una elección limpia, manteniendo ambos un férreo bipartidismo en la mayoría de las elecciones libres realizadas durante el resto del Siglo XX.

El compromiso cívico de la ciudadanía en conjunto se vio claramente ese 24 de febrero de 1946 lográndose una jornada de indiscutible transparencia electoral. Ahora bien no podemos dejar de soslayar que también constituye la última elección con una restricción o limitación, las mujeres no podían votar. Cuestión que con posterioridad Perón con su firma y un fuerte impulso de Eva Perón permitieron que casi cuatro millones de mujeres emitan el sufragio en 1951. Nos referimos a la sanción de la Ley 13010 de sufragio femenino y la creación del Partido Peronista Femenino, donde las seguidoras de Evita fueron las primeras militantes llevando su palabra a cada rincón del país, surgiendo luego entre ellas algunas de las primeras mujeres diputadas que ocuparon bancas e hicieron oír sus voces en el Congreso de la Nación.

Por eso el 24 de febrero de 1946, el pueblo legitimó y abrazó a su líder para llevar adelante el destino de la gran Argentina en búsqueda de la Justicia Social, la Independencia económica y la Soberanía Política, y deja en evidencia la situación de las mujeres, quienes con posterioridad pasan a ser tenidas en cuenta como orientadoras de la conciencia nacional.

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