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OPINIÓN

13-01-2020

"El principio del fin", por Javier Isasa


Con el desarrollo de la tecnología y las comunicaciones, la sociedad comenzó un proceso de mutación temporal que he denominado: el fin del principio.

El fin del principio supone un punto y aparte en la historia de la humanidad.

El acceso a la información ha desmembrado la visión temporal que teníamos de la historia para convertirse en un episodio vital para el entendimiento de lo que viene, tan importante que no se tardará mucho tiempo en reflejarlas como el principio de una nueva era para la humanidad.

La era del acceso ha empezado a cambiar el papel del hombre en su relación con los productos de consumo, con su trabajo y por consecuencia con sus pares.

Ha llegado el tiempo donde algunos fundamentos básicos de la vida moderna cambian radicalmente.

Las relaciones humanas pasan a despersonalizarse con el aditamento de que las comunicaciones digitales multiplican su interacción y hasta nos alejan de los síntomas del COVID 19.

Por otro lado las instituciones, comienzan a verse como gigantes sin razón y a despertar de un sueño histórico basado en el papel y la tinta para descansar sobre Sistemas Informáticos.

“Apretar un botón” parece ser la orden y que el “sistema nos eduque, nos conduzca y nos libre” la solución más fácil y solicitada.

En esta nueva era, los mercados pierden espacio antes las redes, el acceso suplanta a la propiedad y el hombre se confunde en la paradoja de la comunicación y la humanidad subyace la idea de abandonar una de las realidades básicas más importantes de la vida económica o al menos la que ha subsistido desde la época del trueque: la relación entre el comprador y el vendedor.

Si suponemos que la propiedad de un bien siga teniendo importancia, lo que cambia es básicamente la relación de acceso a la propiedad de la misma.

El intercambio de una posesión, entre comprador y vendedor deja de lado mostradores, vidrieras y probadores, para que el acceso a un servidor, opere la relación y conforme a esto establezca lazos de seguridad, garantía y satisfacción. El mercado, se duplica en interfaces y en los monitores de los ordenadores personales, convirtiendo a estos en rápidas síntesis de acceso a “casi todo” y aunque la economía personal aún siga manteniéndose “viva” como un proceso de la economía formal empieza doblegarse en la lucha contra las redes.

Por otro lado si nos referimos a las empresas, éstas ya han empezado a recorrer un camino de transición y su valoración respecto a la propiedad también está sujeta a grandes cambios.

Mientras que hace un tiempo la inversión en mts construidos trasformados en fastuosas oficinas, sugerían un ambiente de éxito y por consiguiente una segura escalada social y aumento del capital accionario, ya este idea comienza prácticamente a extinguirse
O sea, la propiedad de capital físico, el inmueble, núcleo de la vida industrial, pasa a convertirse en algo marginal. Es probable que dentro de muy poco tiempo, se lo considere como gasto en vez de ser considerarlo inversión.

Las grandes corporaciones están empezando a vender sus bienes raíces, reduciendo su inventario, subcontratando o alquilando tecnología.

La colección de bienes, se ha vuelto obsoleta y está fuera de los cánones acordes al “fin del principio”.

En la era de los mercados cualquier empresa exitosa estaba respaldada por millonarias sumas invertidas en capitales físicos y esta era otra de las maneras de concentrar y aumentar el capital accionario.

Muchas empresas han dejado de lado la producción de bienes “en casa propia” para sustituirlas con alianzas estratégicas, coproducciones o acuerdos globales a la hora de maximizar beneficios, compartiendo recursos, ampliando así sus redes y revalorizando la relación entre el administrador, servicio o bien y usuario o consumidor.

La noción de desterritorialización, y la transformación de las empresas, se pone de manifiesto en todos los planes maestros de las compañías que se presumen internacionales, comulgando así con el proceso de globalización, borrando y reescribiendo con unos y ceros un nuevo mapa económico mundial. De esta manera se gesta la idea la de un capital global imposible de localizar y cuantificar.

Por razones como estas, en la era de las redes, la percepción del éxito está basado en la acumulación de cerebros, de ideas, de capital intelectual, no de bienes.

Las ideas reemplazan a las escalinatas de mármol, los picaportes bañados en oro, a las estructuras de hormigón, y se centran en la estimulación y el entendimiento de la relación dialéctica entre bienes o servicios y usuarios.

Ejemplo de esto son las empresas que malvenden o regalan productos en pos de garantizar una relación contractual de servicio con su cliente por un tiempo determinado.

Me atrevo a pronosticar, que dentro de no mucho tiempo, los productos de mayor precio, como pueden ser los inmuebles, autos, electrodomésticos, quedaran en manos de administradores y los clientes (usuarios) accederán a ellos en forma de alquiler o cualquier otro tipo de acuerdo ligado a un tipo servicio.

El concepto de posesión, pasará a ser un concepto en desuso y sólo lo sostendrá una concepción cultural.

Aunque todavía, en la actualidad, por nuestra cultura sepamos que la seguridad y el respaldo económico están ligados a la idea de posesión, en esos tiempos donde la renovación de productos se ha vuelto vertiginosa, y las políticas de las empresas líderes en tecnología han acortado la vida útil de los productos en pos de una garantía de consumo, la noción de posesión se ha vuelto problemática para la psicología del hombre actual.

Cualquier tipo de inversión en tecnología queda desactualizada casi en el mismo instante de su concreción.

Navegar en por lo sitios de empresas de tecnología, por ejemplo, es una experiencia propia de esto.

Productos que son ofertados como innovadores y revolucionaros son testigos de su propia muerte en el mercado al ser suplantados en escasos meses por otro nuevo diseño, replicante de sus antecesor en algunos casos o verdaderos cambios de tecnología en otros.

Y aquí no podemos obviar el tema que une el esquema empresa/ servicio/ usuario y/o consumidor.

El consumo.

El consumo deriva de la superexposición de productos, de su repetición, de la habitualidad con que nos relacionamos con ellos y en esta relación seguramente el ser humano es el que está sujeto a mayor cantidad de contingencias y complejidades.

La psicología científica puede ayudarnos a comprender la dinámica de las relaciones humanas y en especial que parte que está ligada a las necesidades y que parte a los impulsos biogenéticos y las que parte a las emociones, del consumo.

Un consumo cada vez que se complejiza cada vez que “accedemos”.

Un consumo que cada vez nos deja más solos en la era de las comunicaciones.

Un consumo que nos pone cara a cara con “el fin del principio”.

*El autor es Lic. en Informática, miembro de los equipos técnicos de FUNDITRA

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