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La Plata, Buenos Aires, Sábado 19 de Septiembre de 2020 -  06:13 pm 
OPINIÓN

11-09-2020

"Los faros de Argentina", por Luis Abot


La República Argentina tiene casi 70 faros, que ofician de guía de la navegación en su extenso litoral, en sus ríos navegables, en sus enclaves antárticos y las Islas Malvinas, a la vez que constituyen sitios de turismo y de interés histórico y cultural.

Los faros, además de su aspecto técnico y práctico para auxilio de la navegación y la náutica, simbolizan el romanticismo de la aventura, la lealtad, el coraje y el valor de la luz que guía, protege y vigila. Desde la más remota antigüedad han rasgado la oscuridad, para guiar a los navegantes, alejándolos de costas peligrosas. Tanto los míticos Faro de Alejandría, Coloso de Rodas o Torre de Hércules, como las humildes y efectivas fogatas medievales, se han recortado sobre los horizontes costeros cumpliendo la misma función que los sofisticados sistemas de señalización actuales.

Un faro es, básicamente, una torre de señalización luminosa para los navegantes, para referencias costeras o aéreas de obstáculos a la navegación y guías de travesías.
Los faros argentinos, desde hace más de 150 años, tienen una rica historia. Como ejemplo emblemático de ello, basta mencionar el Faro San Juan del Salvamento, en la Isla de Tierra del Fuego, habitado por los literarios torreros Moriz, Vázquez y Felipe, en El Faro del Fin del Mundo de Julio Verne, o auxiliando a los navegantes en el bravo Cabo de Hornos, donde confluyen el Pacífico y el Atlántico. El impacto de la inauguración del Canal de Panamá en el cambio de las rutas marítimas relegó la importancia operativa de este faro, que llegó casi a desaparecer, hasta la década de 1.990, cuando fue reconstruido y recuperó su sitial como el faro más austral del mundo.

La construcción de las torres de los faros argentinos se ha hecho con materiales fuertes y resistentes, para soportar las inclemencias del clima y las ubicaciones en sitios extremos. Todo lo vinculado a la empresa de construir un faro habla de esfuerzo, perseverancia, ingenio y profesionalidad. La tecnología de vanguardia es una constante en cada etapa de la historia de los faros y demás elementos de señalización y balizamiento, desde las primitivas fogatas, al gas acetileno y a los sistemas modernos conectados a la red eléctrica y abastecidos por energías renovables y asistidos por información satelital.

Del mismo modo ha ocurrido con los sistemas ópticos y lumínicos. En 1915 comienza la era moderna de los faros, con la adopción internacional del sistema sueco AGA, al que Argentina adhiere inmediatamente, en forma oficial, iniciando con ello el avance técnico constante en materia de señalización y balizamiento. Al finalizar la década de 1920, Argentina ya tenía más de 2.200 kilómetros de costas marítimas iluminadas con fines de protección a la navegación, con faros, balizas y cartografía. En 1934, en Mar del Plata, se instala una emisora de radio que emite señales de ayuda a la navegación aérea y marítima -continuas y automáticas-, convirtiendo al Faro de Punta Mogotes, construido en 1891, en el primer radio faro argentino. La balización formal de las costas argentinas comenzó en 1879, con la creación del Servicio de Hidrografía Naval, por decreto del Presidente Nicolás Avellaneda, para dar seguridad a la navegación, mediante cartografía naval y estudios oceanográficos.

La latitud y longitud geográficas, y la frecuencia de sus destellos de luz, son características propias de cada faro o señal. Las mismas se relevan y vuelcan en las cartas de navegación, para prevenir la presencia de costas peligrosas y guiar a los navegantes.
A principios del siglo XX, ya habían sido construidos los faros argentinos más importantes. El Faro Río Negro se construyó en 1.887; el Faro Punta Mogotes, en 1.891; el Faro San Antonio, en 1.892; el Faro Punta Médanos, en 1,893; el Faro Año Nuevo, en 1.902; el Faro Cabo Vírgenes, en 1.904; el Faro Punta Delgada, en 1.905; el Faro Segunda Barranca, en 1.904; y el Faro Cabo Blanco, en 1.917.

Faros bonaerenses

La Provincia de Buenos Aires tiene alrededor de una docena de faros en su litoral, el más extenso del país. Todos ellos tienen características destacables y constituyen importantes activos del acervo cultural provincial, incluyendo una ruta turística denominada La Ruta de los Faros.

El interés turístico del Faro de Punta Mogotes lo pone en la cima de la popularidad, sin embargo la competencia de los demás faros provinciales es fuerte. Entre sus atractivos, cuenta con el recuerdo de un visitante ilustre. Jorge Luis Borges escribió en el libro de visitas: El faro es la mirada de la civilización sobre los hijos suyos esparcidos por el océano. Si el hombre mide en pequeñez por la altura de sus monumentos, es grandioso.

El Faro Quequén, sin ser el más alto, se yergue majestuoso sobre los maravillosos médanos necochenses, en la localidad de Puerto Quequén. Desde antaño, ha atraído a varios cineastas. Zully Moreno filmó en él escenas de La dama y el mar, también fue locación de El camino de los sueños de Javier Torre y Los perros de la noche de Teo Kofman.

El Faro Claromecó, en Tres Arroyos, otro de los preferidos de los veraneantes de las playas bonaerenses, tiene la función de evitar encalladuras en los peligrosos bancos de arena de esa parte de la costa.

El Faro San Antonio, en General Lavalle tiene un moderno elevador panorámico.
El Faro Recalada, en Monte Hermoso, con sus 67 metros de altura, es la estructura metálica abierta más alta de América del Sur.

El Faro de Punta Médanos, en el Partido de la Costa, es una torre metálica de 60 metros construida por Barbier, Bénard & Turenne, la misma empresa que construyó la Torre Eiffel.
El Faro Querandí, en Villa Gesell, tiene un rango de visibilidad de más de 30 kilómetros. Los torreros viven en él.

Los faros de nuestro litoral marítimo guiaron con sus luces intermitentes, las aventuras náuticas de miles de navegantes; esos hombres de mar siempre vieron la esperanza que emana de esa luz resplandeciente en medio de la tormenta.

Grandes relatos se escribieron mirando la majestuosidad de esas figuras erguidas en la costa. Siempre tuvieron un gran atractivo e invitan a curiosear sobre su historia, conocer relatos e imaginar románticas aventuras.

Luis Abot ex Subsecretario de Puertos de la Pcia de Bs. As.

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