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La Plata, Buenos Aires, Viernes 7 de Agosto de 2020 -  06:02 am 
OPINIÓN

21-01-2020

"Asesinato en Villa Gesell. ¿La fuerza es suficiente o también hace falta el equipo?", por Rocio Casajús


Se salvaron porque eran un equipo de rugby, me dijo papá hace varios años ya, charlando sobre la tragedia de Los Andes. Sobrevivieron porque actuaron como equipo, se organizaron y siempre respondieron a su Capitán, decía con el orgullo de pertenencia a la "gran familia del Rugby" cuando conversábamos sobre la supervivencia durante 72 días de 16 personas luego de que el avión que transportaba a un equipo uruguayo se estrellara en la Cordillera.

Anoche, en el marco de una acalorada discusión familiar sobre el asesinato de Fernando en Villa Gesell en manos (y piernas) de un equipo casi completo de jugadores del deporte de la pelota ovalada, me acordé con claridad de esa frase de papá.

- ¿Seguís creyendo que los que sobrevivieron a la tragedia de los Andes lo hicieron por ser jugadores de rugby? Le pregunté.
- No tengo dudas, me contestó papá.
- ¿Será entonces que estos chicos mataron a un pibe también porque eran un equipo de rugby?

...

"Dejen de estigmatizar el rugby" reclaman jugadores, ex-jugadores y aficionados de ese deporte. Con el entendible cariño a ese juego que, como a mi padre, les ha dado tantas alegrías, viajes, giras, amigos y experiencias dentro y fuera de la cancha.

Los graph de los noticieros no hablan de los "jóvenes" sino de los "rugbiers" que mataron a golpes a Fernando y hoy se niegan a declarar. Es cierto. Los medios de comunicación estigmatizan. Bienvenido ese aprendizaje.

Pero lo que también es cierto es que no vemos a equipos completos de basket, hockey o fútbol, ni a divisiones completas de colegios secundarios, matar a golpes a un pibe.
Debemos dejar de lado los prejuicios, pero también debemos preguntarnos sobre las identidades heteronormativas que se construyen alrededor de un "juego de caballeros" que terminan matando a golpes a un pibe a la salida de un boliche.

Hay algo del orden de lo colectivo, o más bien de una identidad totalizante gobernando las individualidades de estos jóvenes. La formación de las subjetividades de los jugadores, anclados sobre valores hegemónicos de clase que pareciera inhibir las responsabilidades. La distinción ética de lo que está bien y lo que está mal, el límite entre una pelea callejera y el asesinato en masa, pareciera borrosa en pos de la acción corporativa de un "equipo de amigos".

...
Papá estaba conmovido por el asesinato. Me cuenta que leyó una nota en el diario de cómo los "valores" que los jugadores tienen dentro de la cancha no se reflejan afuera. Ese "deporte honrado", donde un jugador jamás pisaría la cabeza de un rival caído dentro del campo de juego, podía liquidar a un tipo a golpes en la calle una noche de verano.

¿Qué estaba fallando en esa transmisión? Se preguntaba en voz alta mientras recordaba sus épocas de entrenador, dónde les decía a sus muchachos que ante todo eran un "equipo de amigos" dentro y fuera de la cancha.

Coincido en la pregunta por la transmisión, aunque intuyo que las respuestas de papá irán por el lado de la reafirmación de esos "valores" fuera del campo de juego.

Otra vez me toca disentir, pá. Creo que debemos abrir la caja negra de los "valores del rugby" y revisar la construcción de una identidad hegemónica y totalizante. Repensar el atributo de la fuerza: fuerza para soportar el mayor de los dolores pero también fuerza para ejercerlo.

Debemos educar/nos en la diversidad, en las responsabilidades colectivas e individuales, en el derecho a vivir libremente, en el derecho a vivir, sin más.

Rocio Casajús
Lic. en Sociología / Profesora de la U.N.L.P.

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